Argentina y Chile (y 15) Vuelta a casa

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Cambalache: «Siglo XX cambalache, problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana es un gil…» No sé si es realidad o esperanza, pero creo que con 13 vertiginosos años ya del siglo XXI, la porqueria está tocando fondo y, a partir de ahi,…no sé. Los caminos de la estupidez humana son insondables pero, en nuestro maravilloso viaje, la Naturaleza nos ha planteado retos ilusionantes y nos ha dado premios ni soñados, y hemos encontrado un montón de buena gente que nos ha ayudado, nos ha cuidado y nos ha querido. Quizás cuando te plantas delante de un pais con una mochila, una sonrisa y un montón de ganas de conocer, desatas fuerzas poderosas. No sé. Pero sí, ha sido un viaje maravilloso.

Más que un viaje, sí señor. Mas de 14.000 Km en bus y barco y casi 500 Km a pie. ¿Aventura? ¿Epopeya? ¿Odisea? Quizás no llega pero para mi sí ha sido todo eso. El último capítulo es siempre el más difícil de escribir y tampoco estás en la mejor forma para hacerlo. Estas, yo estoy… Aparecer aqui, en casa, después de más de 2 meses pateando mundo, sin adaptación es…el despertar a oscuras de un sueño profundo. No sé si me estoy poniendo demasiado lírico pero ya he avisado que no me siento en mi mejor forma. Me pasan imagenes y sensaciones: el olor de las parrillas y las flores en Buenos Aires, las primeras sensaciones caminando por el Fitz Roy y la cumbre del Lanín, la música en una pizzeria de Puerto Madryn, la cura de heridas en el asiento trasero de un autobus, una luna y una estrella en las Torres del Paine, la soledad en el campo base del Aconcagua, los fuegos artificiales el dia de mi cumple en Ushuaia, el ceviche y el pisco sour en Cochamó, las calles semivacias de Salta, la colección completa de Mafalda, aquella casa en Tandil abarrotada de hospitalidad… y Berta, naturalmente, Berta, siempre muy al lado. Las alas y el viento.

Y tambien me vienen a la memoria muchos personajes, algunos serán efímeros y alguno del alma: Gustavo, ya citado, un hermano, su familia nuestra… Nico, Gringo, el camarero judoka con sueños viajeros, Luis Jose Jimenez, médico colombiano «culé» hasta la médula, Diana… Anders y Agnes, padre e hija suecos con los que juramos intercambiarnos las casas, Sven, Luis Guerra, físico portugués viajadisimo a pesar de sus sólo 27 años… Victor y Marina, inolvidables propietarios de la Ollita, Daniele y Hubert…Y tenemos delante a los de «aqui». Un apunte, sin mariconadas: a los que nos habeis seguido de una forma u otra, no sabeis lo feliz que hace en un viaje asi un mensaje, un «me gusta», una broma, un aliento…Es…»hogar».

Nos volvemos pues a casa, pero no nos vamos del todo de alli. Y nos volvemos con el corazón sensible y, yo, muy particularmente, con la sensación de ser un privilegiado por haber vivido todo lo vivido.

Qué Mundo más bonito tenemos!

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