Bien. Esta vez ha salido bien. Bus tranquilo hasta Veliko Tarnovo, la perla medieval de Bulgaria. Mucha historia.
Es curioso porque cuando decimos que un país o una ciudad tiene mucha historia es que alli han habido muchas guerras, asedios, invasiones, matanzas, rebeliones, batallas y, en general, que en el lugar en cuestión se ha dado y recibido la del pulpo a mansalva. Es decir, que si te dicen que el lugar en cuestión ha tenido “influencias” de Tal, Cual y Pascual, significa que a los primeros que llegaron Tal los expulsó, que a Tal lo exterminó Cuál y a Cuál lo masacró Pascual. Somos una especie extraña. Para mí, el pais con más y mejor historia del planeta es Andorra, según tengo entendido el único del Mundo que jamás ha sufrido una guerra.
Lo dicho, aquí, en Veliko Tarnovo, fundada por los tracios a orillas del río Yantra, han tenido un montón de “historia”: bofetadas con los romanos, bizantinos, turcos, rusos, etc, etc. Y durante el Segundo Imperio Búlgaro fue la capital del país. Las capitales suelen ser las que más reciben, supongo que porque ahí suele estar el “jefe”, sea rey, presidente o emperador…
Me dá la bienvenida una temperatura de 42º que, con generosidad y poderío, me acompaña durante el paseíto de media hora hasta el hostal y le da una sensación de agradable peso extra a mi mochila. El aire acondicionado del hotel me abraza con cariño y hospitalidad.
Nada más llegar organizo la salida para dentro de 2 días. Aquí eso no es fácil porque en cualquier pequeña ciudad búlgara, no se por qué, hay 2 o 3 estaciones de autobus y nunca llegas de donde sales. Por fin un taxista amable que me explica donde ir y qué hacer. Arreglado.
En realidad, Veliko es una avenida comercial, un par de calles con cierto sabor y encanto y un pedazo de fortaleza coronada por una iglesia ortodoxa en “to lo alto”. El resto es prescindible, con el handicap de que está construida en colinas y todo sube y baja ayudando al calor a darte bambú del bueno.
Sí, el calor me persigue con saña salvo una horita del segundo día en la que, de golpe y sin anestesia, cae un tormentón de verano con rayos, truenos, lluvia, viento y toda la parafernalia. Vamos, la de Dios es Cristo. Por casualidad, me pilla a resguardo en el hotel. Una suerte.
Burgas. Aunque en su día ya lo ví en Turquía, apetece volver a llegar al Mar Negro. Típica ciudad más o menos turística, con sus playas y rascacielos, entre Málaga y Benidorm de principios de siglo. Poco atractiva, pero sin llegar, ni mucho menos, a fea. Pescadito bueno y vinito blanco helado amenizan la estancia considerablemente.
La playa, la Iglesia de San Cirilo y otro santo más, también de bonito nombre, un parque grande y chulo paralelo al paseo marítimo abarrotado de chiringuitos, un par de ramblas arriba y abajo…..y ya.
Soy mucho más gato que perro, pero, con estas calores y sin mucho más que ver y hacer por aquí, obvio se impone un remojón. Y, sí, el Mar Negro es más caliente, más salado, y flotas más que en el Mediterráneo. Adquiero todo yo, de pleno derecho, un atractivo colorido entre gamba y langostino que haría las delicías de cualquier turista británico en la Costa Brava.
No he hablado de características físicas de los nativos de este país. Ellos, los bulgaros, de normal son cuadradotes y rapados al cero. Ellas, más variadas, con abundante y generosa personalidad. Eslavos tanto unos como otras, de vez en cuando con rasgos agitanados un poco inquietantes. Y hasta aquí puedo leer.
Otra gestión para averiguar cómo ir hacia la próxima etapa y, de verdad, la antipatía casi neurótica del personal de las centrales de autobús y tren hacen de estas las actividades más desagradables de Bulgaria. La cara del personal, entre el enfado, el asco y el estreñimiento severo al preguntarles cualquier cosa, es tan exagerada que no puede ser natural. Debe ser una cuestión de mala digestión por alimentación inadecuada y duro entrenamiento diario. O será el agua del grifo. Por si acaso, ni probarla. Con mi mejor sonrisa, y agudizando mis dotes de lenguaje no verbal hasta el ridículo para hacerme entender, me salgo con la mía. Tren a Razlog para mañana por la noche. Toca montaña. Si se puede viajar de noche, y ahorrar tiempo y hotel, no hay color. Aunque dormir con el traqueteo no sea lo más cómodo que se ha inventado.
Con todo el día por delante se impone llegar a Nassabar, a menos de una hora de bus. Es Patrimonio de la Humanidad pero, de entrada, parece un Lloret o un Playa de Aro a lo grande. A partir de un centro histórico bizantino en una península, se ha creado una ciudad/circo turístico de 10 km de playa, edificios, tiendas de souvenirs, macro hoteles y restaurantes, uno detrás de otro.
En ese centro, que en este caso es extremidad, algunas joyas bien conservadas (UNESCO tiene una varita mágica), casas rústicas de madera y más tiendas y restaurantes. Leo que fué fundada por los griegos en el siglo VI a. C. con el nombre de Mesembria, sobre un anterior asentamiento tracio llamado Menebria que data del segundo milenio a. C. Era una isla unida artificialmente al continente por un istmo de 400 metros de longitud y dicen que es una de las ciudades con mayor número de iglesias per cápita del mundo.
A finales del siglo XIX, Nesebar era un pequeño pueblo de pescadores y vinicultores griegos, pero se desarrolló como centro turístico desde el inicio del XX. Hasta ahora no había encontrado turismo más allá del propio del país, pero aquí ya oyes hablar idiomas varios. Lo dicho: UNESCO dice que esto es Patrimonio de la Humanidad y todos a disfrutar de sus propiedades. Pero es lo que tienen las propiedades comunales: hay que compartir. Y compartir con toda la humanidad es mucho compartir.
Sobra tiempo pero nada que no pueda llenar una terraza tranquila y un vino blanco helado. Cuando vas a viajar de noche mejor no apurar caminatas y sudar la gota gorda. Hay que cuidarse un poco.
Las 10 de la noche. Ya en la estación, a la espera del tren. ¿Qué tendrán las estaciones de tren que te hacen sentir nostalgias y emociones extrañas, entre tristes, tensas y esperanzadas? Dejas atrás, vas hacia delante… A ver qué me dicen las montañas búlgaras…














































