De Burgas a Razlog son dos trenes. El primero, hasta Septemvri. Como 5 horas. Sin novedad pero imposible conciliar el sueño. Catorce minutos de escala entre que llega uno y sale el otro.
A las 03.30 segunda etapa. Aquí me quedo sobadisimo durante las 4 horas de viaje. Había puesto el despertador 15 minutos antes de la hora de llegada. Error, porque me despierto y, por aquello de “un minutito más”, me vuelvo a quedar dormido hasta que me despierta algo extraño. El tren está poniéndose en marcha poquito a poco. Estoy al lado de la puerta, pillo mochila disparado y salto. No es la mejor decisión que he tomado en mi vida. Lo sè.
Intento no cabrear a la inercia pero doy con los huesos en el andén. Nada grave. Una rascada en el codo y en la rodilla. ¡Burro! No entiendo cómo en las películas al bueno esto de tirarse de un tren en marcha le sale siempre tan bien.
Ya en Razlog. Son casi las 8 de la mañana y la niebla cae sobre la estación.
Razlog está situado en el valle del mismo nombre, entre los montes Pirin al sur y los Rila al norte, y ambos son los paraísos del senderismo en este país. La cadena montañosa recibe su nombre de Purun, el dios principal del panteón eslavo, divinidad del trueno y del relampago. Chulo ¿no? Estoy en uno de los centros neurálgicos del Gran circulo de los Balcanes
Hoy ha sido un día largo. Sin dormir desde que he llegado, ha dado para echarle un buen vistazo a Razlog, también a la vecina Bansko, gestiones varias y, al atardecer, subida al mirador más alto del lugar con vistas magníficas tanto a la ciudad como, por detrás, a todo el valle.
Me duele todo y a las 11 de la noche, caigo en la cama como un fardo, pero no dejo de pensar en mí error. Tengo mis excusas y justificaciones pero saltar de un tren en marcha, aunque sea a poca velocidad, y lo de “poco/a” o “mucho/a” son apreciaciones subjetivas y circunstanciales, es una estupidez calibre TONTO nivel 10. Perfectisímamente podría estar ahora en un hospital búlgaro con algún quebranto importante y un montón de problemas. Ya mañana me cabrearé un poco más conmigo mismo pero ahora estoy hecho unos zorros. Entro en coma durante 9 horas largas.
Buenos dias. No, no me he perdonado pero tengo que seguir viajando conmigo así que acepto mis tonterías con resignación y sigo. No siempre los errores tienen consecuencias y eso es suerte de la buena.
Bonita excursión desde Bansko hasta la cima del Kalyata, 1.340 metros, cuatro horas de ida y vuelta entre unas cosas y otras. Pausa tranquila en el hostal que mañana hay que volver a busear. Me voy a buscar la guinda del viaje: Panichiste y los 7 lagos de Rila.
Panishiste no es un pueblo, es una zona de montaña salpicada de hotelitos agradables desde nivel básico a nivel pijoguapipiscinikisaunaspa. Digamos que un Montseny a lo grande por establecer alguna comparación. Llegar aquí supone 3 autobuses (Razlog-Blagoevgrad-Dupnista-Sapareva Banya-Panishiste) y 5 o 6 horas según la duración de escalas. O quizás 7. U 8, porque aquí hay un lío de horarios considerable, más cuanto más pequeño es el pueblo en cuestión.
Bosque alpino por todos lados, ni una tienda, ni un colmado, nada más que hacer que la ruta de los 7 lagos de Rila con alrededores y lo que te pueda ofrecer el hotel elegido para hacer placentera tu estancia. Servidor naturalmente, lo básico. Yo vengo solo para hacer esa ruta mítica.
Sé que me quedan ya menos viajes de los que he hecho, porque viajando me ha ido pasando la vida, y ahora los escojo con muuucho cuidadito. “No es triste la verdad lo que no tiene es remedio”. Los 7 lagos de Rila es uno de los cuidadosamente elegidos. Voy a disfrutarlo.
Magnífico. Ojito porque dicen que Los 7 Lagos de Rila es un trekking de 4 horas ¡No, no, NO! Es TOOOODO EL DIA. Siempre estamos igual. No sabemos disfrutar.
Pon que sales a las 9 horas. Se trata de llegar al remonte o telesilla y, vayas en taxi o a patita, ya son las 10 horas. Llegas arriba a las 10.30/10.45 y empiezas a caminar a las 11h. Si haces todo el magnífico circo de montañas y lagos, de notable dificultad y sobresaliente preciosidad, menos de 4 horas no te las quita nadie y ya son las 15 horas. Baja con el telesilla, ya no te digo a pata, y te plantas en las 16 horas por poco que te comas y bebas un tentempié sentado. Y vuelve al hotel, motorizado pon casi otra hora y, si estás cerquita y te das el paseo por los bosques para llegar al hotel, llegas a destino, gustosísimamente agotado, como poco a las 17.30. Y cuando llegas al hotel, deshidratado y doliéndote hasta las cejas, insisto, gustosísimamente, no te vas directo a la ducha, no. En absoluto. Te agencias una cocacola o una cerveza o una miserable agüita y te quedas tirado en la terraza un buen ratito, y eso si has podido subir las escaleras hasta la habitación. Y ya te han dado las 18.30 o 19 horas. Total, eso es una jornada “laboral” de 8/10 horas bien buenas. Y te queda la cena disfrutando de recordar la experiencia y 8 horas más soñándola.
Muy, muy bonito. Realmente una guinda deliciosa para este pastel búlgaro que ha sido todito el viaje.
Y muy contento toca hacer cuatro gestiones pendientes y volver a Sofia, al aeropuerto directamente porque el avión sale a las 6 de la mañana y a las 03 horas abren facturación. Todo en orden…Barcelona, con todos los objetivos cumplidos. ¡Qué placer! Viajar es lo más.











































