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Entre paréntesis. Un agosto en la ciudad.

«El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”.

-Así habló Zaratrusta, Friedrich Nietzsche.

Veo a todo el mundo muy metido en si mismo, opinando y sabiendo de todos los temas habidos y por haber y convencidos de su verdad. Las palabras mas utilizadas ahora no son «si» y «no», son «claro» y «pero» y nadie se entiende con nadie fuera de su circulo más íntimo. Y ni eso.

En cambio, la gente se mueve en manada y a un mismo son. En agosto, son vacaciones, se escuchan los tambores de salida y comienza la diáspora. Yo, para variar, a contracorriente.

La brisa marina está sobrevalorada y a más de 10 metros del mar ya es una leyenda, y el aire de la montaña se enrarece por estas épocas con el polvo que levantan las estampidas humanas así que, para mi, lo lógico es ir a pasar el agosto a la ciudad, ahora una especie de Parque de Walt Disney minutos después de sonar una alarma antiaérea. 

Aquí, ahora, los semáforos son poco más que lucecitas decorativas, restaurantes vacíos y encantados de conocerte, periódicos y telediarios sin noticias que tergiversar, museos muertos de soledad para visitar con el silencio compañero, calles, terrazas como oasis remotos y abandonados, plazas y avenidas, libres incluso de patinetes y demás artilugios asesinos que invitan a pasearlas con calma…

La prisa ha huido, el ruido retumba por su ausencia, el stress ha dimitido, el tráfico no da señales de vida, los pájaros cantan y las nubes tienen permiso indefinido, 

Los 4 turistas extranjeros que hay por aquí están encantados de la vida, y yo no te digo. El Paraíso. 

Y es que en el Paraíso es cierto que hay bellezas naturales e incluso artificiales por un tubo, pero lo básico y esencial es que se trata de un privilegio por lo que, tradicional y textualmente, sólo lo disfrutan Adan, Eva y la serpiente. Si en ese Paraíso se hace una buena estrategia de marketing y se le da una buena cobertura mediática, se convierte en un infierno masificado donde, te quieras enterar o no, hay muchas más desventajas que ventajas. Sí, sí, lo admito: en cualquier paraíso yo soy siempre la serpiente. 

Parece un fenómeno extraño que la gente se mueva en masa. O por lo menos a mi me lo parece y me pregunto el por qué de esa obvia e indiscutible tendencia sin la menor esperanza de acertar en la respuesta.

Dicen que es difícil conciliar trabajo, familia, vacaciones… Si Si (emperatriz). Ya Ya (abuela). Quizás. Es difícil saber diferenciar el argumento de la excusa y, desde luego, es mas fácil tirar anclas que izar velas. 

También quizás… ¿Soledad? ¿Miedo? No sé yo por qué ni a qué. 

No sé exactamente lo que es estar solo. Por mas «solo» que camino siempre estoy conmigo mismo y con un montón de pasado y presente o, lo que es lo mismo, no hay manera de separarme de mi. Y, personalmente, no me llevo mal conmigo. ¡Son ya muchos años juntos! No hay pasión pero sí comprensión y cariño. Me conozco suficientemente como para no tener conflictos internos y vivir a gusto de mis todos yo. 

Y miedo, pues que quieres que te diga… A mi me da miedo perder el tiempo en colas y relaciones vacías de contenido, en atracciones más artificiales que extraordinarias y en actividades pasivas de ocio que no aportan absolutamente nada bueno ni física ni psíquicamente.  

¿Quizás miedo al aburrimiento? Hace muchos años leí un articulo de Quim Monzó que sostenía que la actual crisis de verdaderas vocaciones entre la juventud derivaba de la manía de hacer que los niños, constantemente, estén ocupados en actividades extra escolares que llenen su ocio. Al tener todo su tiempo ocupado externamente, nada se mueve desde su interior. 

Y decía Pablo Picasso “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”. Yo deseo lo contrario: que la inspiración me pille con tiempo para desarrollarla y no viendo un partido de futbol, pegándome con otros 1.000 congéneres por un lugar en la playa o una mesa en un restaurante, o esperando turno para subir a un artilugio de feria más o menos excitante. La inspiración es hija de la calma y el silencio y amiga del aburrimiento. Si puedo elegir, que cualquier buena idea me encuentre sin distracciones ni obligaciones y, a poder ser, solo. Podría parecer que soy un solitario y, la verdad, creo que no sólo lo parece pero, desde luego, para pensar y crear, como supongo para rezar con devoción, mejor en silencio. 

A mi, el no estar dentro del pelotón, me ofrece una perspectiva de la carrera que me satisface. No digo ni mejor ni peor que otras, eso no me compete calificarlo a mi, pero me satisface y, por tanto, hoy por hoy, 15 de Agosto de un año de pandemia, quizás, solo quizás, mi hábitat ideal podría ser, simple y llanamente… un agosto en la ciudad