CAROCHO
Autor: Óscar Barros
Material: cuero
2025, Constantim, Miranda do Douro, distrito de Bragança, Portugal (EUROPA)
A festa das morcelas ou da mocidade, se celebra en Constantim los días 27 a 29 de diciembre. Su desarrollo en torno a la festividad de san Juan Evangelista revela la coexistencia de un calendario cristiano con estructuras rituales de raíz precristiana, ligadas al solsticio de invierno y a los antiguos ritos de paso juveniles de las culturas romana y celta.
El Carocho viste un traje holgado de tela basta, va tocado con un sombrero que es parte de la máscara de cuero. Sostiene un gran tenedor de madera y calza chanclos o polainas con botas de becerro. La Vellha lleva falda, blusa de calicó estampada, pañuelo chino, chal al hombro, un rosario de castañas asadas al cuello y en una mano una estaca.
El núcleo simbólico del festejo es el ritual del “convite”, en el que los mozos visitan casa por casa ofreciendo salud y prosperidad a los vecinos, mientras recogen alimentos y ofrendas destinadas a la celebración colectiva. Durante esta visita participan los personajes enmascarados del Carocho y la Vellha, figuras agregadas que encarnan las fuerzas de la fertilidad y la renovación. La mascarada, de marcada teatralidad, combina gestos de virilidad, humor y crítica social, constituyendo un espacio liminal donde se suspenden las normas cotidianas.
El fuego solsticial, encendido la víspera, y la posterior comida comunitaria completan el ciclo ritual: de la colecta (convite) se pasa al banquete (convivium), momento en que los productos recogidos son consumidos simbólicamente en ofrenda a la divinidad. Este acto de comunión y sacrificio reafirma la cohesión del grupo y marca la renovación del ciclo vital y social de la comunidad.
La participación de los pauliteiros y de los gaiteros, así como la inserción de la música tradicional dentro del propio espacio litúrgico, confirman el sincretismo entre lo sagrado cristiano y las estructuras simbólicas paganas. El rito integra, además, elementos iniciáticos: la entrada de los mozos en la hermandad festiva mediante un pago formal y la elección de nuevos mayordomos constituyen auténticos ritos de paso que aseguran la continuidad institucional y generacional del culto recuperado en 1979 tras su pérdida, como tantas otras, en tiempos del desarrollismo que vació los pueblos, concretamente en 1958.
Nuestro agradecimiento a Pilar Panero y António Tiza por su colaboración en la adquisición y catalogación de esta pieza.












