Reir por no llorar (FOLLATEIRO)
Autor: Marta Delgado Gómez
Material: cartón y maíz.
2025, Lobios, Ourense, Galicia, España (EUROPA)
No todas las mascaradas logran mantener una continuidad a lo largo del tiempo. Las guerras, los regímenes autoritarios, los movimientos migratorios o el simple olvido, han contribuido a la desaparición de numerosas manifestaciones culturales tradicionales.
Sin embargo, en determinados momentos de la historia surgen iniciativas que, impulsadas por asociaciones y colectivos comprometidos, logran devolver la vida a costumbres que parecían extinguidas. El orgullo de pertenencia y la identidad local son, en este sentido, fuerzas poderosas. La tradición oral en Lobios ha posibilitado el renacimiento, en 2018, de una figura singular dentro del Entroido ourensano: los follateiros y follateiras. Esta antigua costumbre consistía en cubrirse y enmascararse con hojas de maíz, follatos, y se extendía a ambos lados de la Sierra del Xurés, tanto en Galicia como en Portugal.
Como sucede con otras máscaras hechas con vegetales, la base tradicional se recarga y donde había un disfraz muy sencillo, ahora se elabora con mayor barroquismo. El traje se confecciona íntegramente a partir del maíz y los granos de colores decoran las máscaras de cartón con cinco variedades para tener un efecto más plástico: blanco, corvo, rei, raiña y amarello. En el pasado, durante las celebraciones, los hombres portaban un palo con el que, de forma festiva, trataban de levantar las faldas de las mujeres, mientras que estas, para evitarlo, llevaban en la punta de su propio palo una rama de toxo (aliaga). Estas “armas” son hoy un elemento distintivo.
Esta máscara ha sido bautizada por su creadora Reír por no llorar. Es una máscara sonriente que se hizo en el verano de 2025 coincidiendo con los trágicos incendios que devastaron el noroeste peninsular. Esta llora lágrimas en forma de trisquel celta, que representa al pueblo galaico. La máscara lleva los símbolos de los cuatro elementos —tierra, aire, agua y fuego— y el trisquel simboliza la evolución, el equilibrio y la conexión del humano con la naturaleza. Asimismo, encarna la idea de trinidad, representando la unidad entre cuerpo, mente y espíritu, así como la continuidad entre pasado, presente y futuro.
Mi agradecimiento a Pilar Panero García, profesora de antropología y directora de la Cátedra de Estudios sobre la Tradición de la Universidad de Valladolid, por su ayuda en la localización, adquisición y catalogación de esta pieza y a la Asociación Cultural Os Follateiros de Lobios.










