México (6) Guerrero (y 2ª parte). El tesoro de Sierra Madre.

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Chichihualco es un pueblo asentado entre cerros con calles de subidas y bajadas vertiginosas. Toca caminata guapa. Don Dagoberto (naturalmente todo el mundo le llama Don Dago), un antiguo minero, ha prometido llevarme a la mina La Delfina, como a 2 horas del pueblo a pie. El Don y su nieto van a caballo. Dicen que para caminar están los burros y, sin exagerar, un tantito los caballos. No son muy caminantes los mexicanos.

 

Dice Don Dago que de esta mina se sacaba sobre todo cobre, pero también plata y algo de oro.

Hace 900 años, la población precolombina de México ya explotaba recursos naturales. Precisamente, la legendaria riqueza en oro del Imperio Azteca fue el motor de la conquista española y continuó en manos extranjeras hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. También en esa historia hay mucha hiel que habla de, primero, indigenas esclavizados en la minería y, más tarde, hombres más o menos «libres» haciendo un trabajo duro y peligrosísimo por 4 monedas.

Cierro el tema porque todavía aparecerá, como ocurre a veces, uno de esos eruditos de novelas de caballería que defienden a capa y espada, nunca mejor dicho, el Descubrimiento y Conquista como una empresa piadosa, heroica y caballerosa y, henchido de orgullo patrio y santa indignación cristiana, me pondrá de vuelta y media en los comentarios al post por no saber un servidor que, si no fuera por nosotros, los americanos todavía estarían cortando cabezas y purgando pecados en el infierno.

Total, una excursión chula de 5 horas ida y vuelta por las zonas bajas de la Sierra que me sienta fenomenal.

Entre la 1 y las 4 de la tarde, en estos lugares áridos de México, lo único que puedes hacer es ponerte a resguardo del sol. Y, a partir de ahí, una vueltecilla, cena y a la cama. Mañana, temprano, otra vez de regreso a Chilpancingo. Todavía queda mucho que ver en Guerrero.

Durante el fin de semana prácticamente no paro en Chilpo más que para dormir.

El sábado, tal como me bajo del colectivo me subo a otro y me voy a Tixtla: otro Zócalo, otro kiosko, otra iglesia, otro mercado, mas calles empinadas de sube y baja y almuerzo en el puesto de Doña Chofi, una especie de leyenda local de las enchiladas y antojitos varios. 

El domingo lo paso en Amojileca. La gente se pone guapa, sombrero vaquero de fiesta, sacan sus caballos engalanados y, de entrada, se lanzan a una orgía de comida mexicana bien regada con cerveza y mezcal. México es el segundo país del Mundo con mayor índice de obesidad (32%), solo superado por EE. UU, y ni mucho menos es por accidente. 

Hoy, además, aquí hay un «Paseo del Pendón», una especie de desfile de danzas enmascaradas, la mayor parte tlacololeros haciendo «tronar» sus látigos «chirriones». Música, carrozas, fiesta carnavalera, más mezcal… Y, en la plaza de toros, torneo de «Porrazo», una lucha libre tradicional de la zona centro de Guerrero donde los contendientes, ataviados con máscaras de jaguar, tratan de hacer caer de espaldas a su rival. Luego vienen los toros. En este caso vaquillas más bien. Aquí no los matan, aqui los montan… el ratito que pueden, claro, porque eso a las susodichas vaquillas no les hace ninguna gracia. Le llaman «jaripeo». A eso ya no me quedo.

No me hubiera imaginado nunca en una Plaza de Toros de un pueblo mexicano perdido en la Sierra Madre del Sur. Y es que tengo que reconocer que mi vida ya ha superado amplísimamente mis sueños. Me siento muy feliz. De nuevo a Chilpo. Ha sido un día intenso.

Con amigos nativos el viaje se convierte en mucho más viaje y, desde luego, inmersionas a tope en el país como no lo podrías hacer solo. Y aqui, en México, tengo conocidos, ya amigazos, hasta debajo de las piedras. Solo en Guerrero, Alfredo, Jose Luis, Jesús, Abrajan, Honorio… El tesoro de Sierra Madre. Ya he dejado atrás a otros como José Juan, Ítalo, Yuri, otro Jesus, Rosario, Rocio, el «Choco» y su mujer Yolanda, Javier, Paulino, etc, etc, y los que me quedan por delante… Oro puro. 

Y sigo. Precisamente con Honorio el lunes voy a Tlacotepec. La vegetación va ganando terreno a la aridez a medida que subimos. Vamos pasando minúsculas aldeas a pie de carretera con nombres de lo más mexicano: Los Morros, Tres  Cruces, Filo de Caballos, Verde Rico. En cada uno de ellos hay puestos de «Policia Comunitaria». La gente se organiza contra posibles asaltos. Estamos en el corazón de la Sierra de Guerrero y aqui la policía estatal no llega.

Y Tlapotepec es… otro Zócalo, otro kiosko, otra iglesia, otro mercado, más calles empinadas de sube y baja… Pero aquí hay, además, mucha Naturaleza viva en los alrededores. Tierra fértil con fruta para dar y tirar.

Vamos a las Pozas del Cuponial, una chulada de saltos de agua con piscinitas naturales y de ahí, por un sendero boscoso con mucha hojaresca, montaña arriba, llegamos hasta su nacimiento. Me da cosa la hojaresca porque la experiencia dice que eso es casa de serpientes de todo tipo. Y, guapo, nada más pensarlo de ahí me sale una serpiente de colorines rabiosos que me hace dar un brinco. O mucho me equivoco o era una coralillo pequeña. Bonita… de lejos.

La excursión se me hace corta. En cualquier otro lugar del Mundo, de unas pozas como estas harían un atractivo turístico de primer orden pero aquí no vienen más que los vecinos del pueblo y aún ellos muy, muy esporádicamente. Es extraño. Aquí, turismo 0. A mi todos me miran como a un extraterrestre. La vida del mexicano en estos pueblos es de lo más lineal. Transcurre como un largo rio tranquilo, prácticamente sin salir del pueblo, con alguna visita a la capital o a familiares en pueblos cercanos. No hay más.

Pensaba esta noche, mientras fumaba en la calle el ultimo cigarrillo del día, escuchando en la radio de una tienda vecina una de las primeras canciones de Mecano, que en estas zonas de México en muchas cosas están medio siglo por detrás de la Europa rural. Tampoco es tanto si hace 500 años se supone que les llevábamos 1.500 de adelanto. Y pensaba si, en verdad, es mejor ir adelantado o atrasado. Tampoco parece que los mexicanos tengan mucha prisa por nada. La verdad, tampoco yo se la daría.

Fin de etapa. Mañana me voy a Morelos.

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