Nicaragua (4). Matagalpa-Granada. Razas.

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Viaje tranquilo de 1 horita y ya estoy en Matagalpa, que también está rodeada de montañas pero, a diferencia de Jinotega, aquí la ciudad ya ha invadido los cerros convirtiéndose, salvando las distancias, en una especie de San Francisco donde todo sube y baja.

De entrada me sorprende que esto está lleno de super tiendas chinas. Mal van. Un parèntesis. ¿Que si soy racista? Todo el mundo tiene filias y fobias con absolutamente todo y también con las razas, y si a eso quieres sacarle punta, pues quizás para alguien soy racista. Y como me gusta más el pescado que la carne soy pescadista. A mí las etiquetas que me pongan me importan bien poco. A partir de aquí, habiendo gente pa tó y tantas excepciones como reglas, en todos lados cuecen habas pero en algunos a calderas y, en general, lo que he visto de los chinos en China no me ha gustado y lo que he visto de los chinos en el extranjero, todavía me ha gustado menos. Ni económica, ni política, ni cultural, ni socialmente. No entraré a concretar porque no ha lugar. Cierro paréntesis.

El día se va con un primer paseo de toma de contacto y localización de puntos viajeros estratégicos: hostal, lavandería, lugares para comer, centro ciudad, supermercado, posibilidades de senderismo…

Parece que lo más bonito para hacer una buena travesía en Matagalpa es la Reserva Natural Apante y ahí voy. Acierto total. La travesía a la cima del cerro de la Paz es una circular preciosa de dificultad moderadamente alta por caminos limpios y bien marcados entre vegetación exuberante. Subo por la izquierda del sendero El Roble, hasta la cruz que corona la montaña, y bajo por el paralelo al río que atravieso dos veces sin problema. Ni un alma en todo el camino, salvo que las mariposas tengan alma. Doce kilómetros y 4 buenas horas.

Me voy directo a zamparme un churrasco que me sienta maravillosamente porque la caminata ha sido potente. Mañana he decidido darme otro palizón guapo: Selva Negra.

Y aquí estoy. Selva Negra es una hacienda dentro de la Reserva Natural Cerro Arenal. El bus que va de Matagalpa a Jinotega te deja en la carretera, a 2 kilómetros de la entrada al Parque. El lugar es pura selva ordenada. Abajo hay un hotel restaurante tipo lodge ecológico, con habitaciones y cabañas, rodeado de senderos que suben a las montañas, muy cuidados pero sin perder la esencia selvática.

Subo el sendero Fuente de Juventud y bajo por el Peter&Helen. No es fácil, pero tampoco “extremo” como dicen los carteles. Sí es cierto que al final el camino se pica fuerte, el corazón se acelera, y hay que apretar músculos, pero tampoco hay que ser Tarzán para hacerlo. Dos horas y media para algo más de 10 kilometros. Pienso volver aquí a pasar los últimos días del viaje que me quedan libres en plan descanso saludable antes de volver a casa.

De nuevo en viaje, ahora a Granada.

Granada sí es una ciudad bonita. Muy bonita. El aire colonial es evidente en todos los rincones, la pintura multicolor de las casa le dan ese sabor carioca que, de vez en cuando, encuentras por todo iberoamérica, y la constante presencia del volcán Mombacho desde todos los puntos de la ciudad le da ese no se què de todas las ciudades en las que uno de esos gigantes te mira constantemente.

Y lo de “colonial”, junto a una conversación que tuve ayer con unos policías de Managua que estaban en mi hostal de Matagalpa me lleva, otra vez, al tema del “Descubrimiento de Amèrica”, “El día de la Raza”, “La Evangelización”, la “Madre Patria”, etc, etc.

La teoría imperante en España, en resumen, es que América era un territorio salvaje con tribus sanguinarias y que los intrépidos y valientes españoles trajeron allí la civilización y la verdadera religión que los indígenas abrazaron con entusiasmo.

De todo eso, la única verdad es que lo españoles eran valientes. Con un par, desde luego, porque meterse en un cascarón de madera y pegarse un viajecito cruzando el océano durante más de 2 meses, para luego liarse a tiros con los indígenas que defendían sus tierras tiene guasa. Por eso los mandos de esas naves eran buscadores de fama y fortuna, con apoyos en las cortes de los reyes de turno, y sus tripulaciones estaban conformadas, sobre todo, por mercenarios, maleantes y condenados. Y de los indígenas, sí es cierto que eran bastante sanguinarios, hacian ofrendas humanas a sus dioses y, en algún caso, se comían entre si, pero no llegaban ni a la suela de los zapatos a la Inquisición e instituciones y personajes del estilo.

En fin, que los “buenos”, con un armamento infinitamente superior, robaron aqui a los “malos” lo que pudieron incluyendo cuerpos y almas. Pero de lo de civilizar y evangelizar na de na porque mayas, aztecas e Incas tenían su propia religión y civilización y, en muchas cosas, les daban cien vueltas a los europeos, por ejemplo en medicina natural, astronomía, arquitectura, ingeniería, arte, literatura, e incluso economía y comercio. Quizás en lo que más adelantados estaban los blanquitos era en industria bèlica, que de eso siempre hemos sabido mucho.

Total, que aquello fue un genocidio anexionista por medio de una guerra desigual en tecnología, a la que se añadió la guerra bacteriológica que supuso la introducción en el territorio americano de las enfermedades europeas que mataron a cientos de miles de indígenas.

Y que todo eso se celebre todavía en España, cada año en el llamado “Día de la Raza”, el 12 de Octubre, con un desfile militar, a mí me da mucha vergüenza. Yo, desde luego, las guerras ni las celebro ni las conmemoro, y denunciar las de Rusia, EE.UU o Israel y ponerse como un pavo por las de aquellos «conquistadores» me parece ridículo, por decirlo suave.

Y, volviendo al viaje, Nicaragua es el pais más grande de América Central y le estoy dando una buena vueltecilla. Tiene como 30 lagunas y más de 50 volcanes. Como ya he ido a varias lagunas, algun volcán habré de subir, supongo. Ya vemos, pero no será el Mombacho. A Granada he venido a descansar 2 días completos, aunque descansar no significa estar tirado en la cama a la bartola, si no pasear tranquilito y sin esfuerzos.

La verdad es que, como casi todas las ciudades, salvo las grandes metrópolis del Mundo, también Granada se ve en una sola jornada a menos que te líes a hacer excursiones por los alrededores. Y yo me lio, sí señor. El primer día de descanso empiezo a caminar y hago poco menos de 20 kilómetros de ida y vuelta al muelle y a las Isletas de Granada en el Lago Nicaragua o Cocibolca, que forman un archipièlago de más de 350 pequeñas islas producto de una avalancha de piedra y lodo que se desprendió del volcán Mombacho. Palizón de caminar y premio de un buenísimo pescado al ajillo. Hacia 15 días que no comía pescado.

El segundo día sí que descanso. La mañana me da para un callejeo tranquilo, media hora en la piscina del hotel en plan turista y una pizza de rechupete. Y la tarde, dedicada a escribir y a organizar la próxima etapa, la isla de Ometepe, que tiene muy, pero que muy buena pinta…

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