Nueva Zelanda (5) El Abel Tasman. Pamplinas.

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En Nueva Zelanda es mucho más fácil viajar que en Australia. Aquí los autobuses InterCity te llevan a todos lados y no tienen el menor problema en dejarte cerca de tu alojamiento. Los chóferes son la amabilidad personificada y te amenizan el viaje, como guías turísticos, explicando con el micrófono por dónde estás pasando y peculiaridades de los distintos lugares. Incluso hacen paradas para visitar algún punto especial o para que fotografíes vistas bonitas. Y todo ello con gracia, salero y buen humor. 

Y no solo eso, algunos también cantan. Y no lo hacen mal.Todo el viaje es como un espectáculo, una representación entre comedia musical, monólogo e información geográfica, histórica y cultural… una caña.

Nelson es una especie de Miami a la neozelandesa, con colinas y una playa enorme y segura de aguas cálidas y cristalinas. Es la ciudad con más horas de sol al año del país, un destino de turismo nacional e internacional. A mí no me dice nada. Me voy al Abel Tasman N.P. que es lo que me trae aquí.

Llego a Marahau a las 9.30 de la mañana. En realidad, no llego a Marahau. Le he dicho al conductor del bus que me deje lo más cerca posible de mi hostel y me deja en medio de la carretera a unos 4 km del pueblo. Me dice que tengo que andar un kilómetro más y que llegaré a donde quiero. Cierto. Mi hostel está en medio de la montaña, a 5 km del pueblo. Para ir a Marahau hay bicicletas a disposición de los clientes.

El recepcionista me informa de los senderos del Parque y me da un mapa. Veo un circuito circular que se desvía de la Costa y parece chulo y le pregunto por èl. Me dice: Uy no! En este hay que subir una montaña y no lo puedes hacer en menos de 9 o10 horas. Y sentencia: «Es muy tarde». Le digo que yo camino rápido y que, si son 9 horas, lo puedo hacer en 5 o 6. Me dice: «Imposible. Circuito mas los trechos de bici, 10 horas». ¡Acabarámos! Las dos palabras del diccionario que mas me gustan son «imposible» y «pamplinas». Y las dos juntas, una detrás de otra, son una gozada.

Imposible es lo que tú no te ves capaz de hacer o cómo muy, muy máximo, lo que no ha hecho nadie…todavía. Así que… Pamplinas! Me pilló la bici y voy a probar. En 2 horas he llegado arriba. Ya he ganado una hora. El bosque es cerrado pero, cuando se abre, el mar tiene un color turquesa para fregarse los ojos. Las  vistas son espectaculares y el sendero ni muchísimo menos tan difícil como lo pintaban. Después de las selvas del Sureste Asiático, estos bosques húmedos de Nueva Zelanda me son fáciles de caminar. Total, en 6 horas hago todo el circuito.  Más la hora de bici, 7 horas. Toma candela!  Eso sí, me he dejado el alma. Estoy hecho polvo. Lo peor la última media hora en bici. Esos traqueteos montado en ese sillín cabronazo que se te mete entre la entrepierna y el orto, aplastando todo lo que encuentra a su paso y sobresale, son una tortura. Eso no puede ser sano.

Mañana me pilló un Aquataxi, me voy a Bark Bay y vuelvo a pata por el Abel Tasman Coast Track. Repetiré la última parte que ya he hecho hoy, pero aprovecharé para ir a las calas y pegarme un baño.

Así lo hago. La canoa nos deja en la playa de Bark Bay después de un paseo por la costa y, de ahí, empiezo a caminar hasta Marahau. Con lo de ayer casi la mitad del Abel Tasman Coast Track en 2 días. He parado en un café al final del Parque a descansar un poco. Siete horas y todavía me quedan 5 km más de carretera para llegar al hostel. Habré caminado más de 30 km. Me he metido por playas, bosques, ríos y recovecos que he ido encontrando por el camino: Anchorage, Coquille Bay, Salome Pool…  Y encima hoy me he llevado la mochila con 5 ó 6 kg para no perder la forma que necesitaré cuando haga treks de varios días. Ah! ¡También me he dado un baño en el Mar de Tasmania! Este lugar es una verdadera maravilla. Con un color diferente de mar, pero también me recuerda a casa, a la Costa Brava…hace unos años.

Ya toca dejar el Abel Tasman y volver a Nelson. Haré otra vez noche allí y sigo hacia Wellington. Pero antes, mi bus a Nelson no sale hasta las 4 de la tarde. Cojo mis bártulos y me voy a  Porters Beach, una playa solitaria al inicio de los trekks del Parque. Otro baño y paso una hora tomando el sol y contemplando como baja la marea. Las gaviotas y otras aves pescadoras aprovechan para caminar por la arena y alimentarse de los berberechos que quedan al descubierto y a su merced.

Sí, las gaviotas no son carroñeras como se dice. Las gaviotas son pescadoras, lo que ocurre es que el humano arrasa con todo lo vivo a su paso y solo deja basura y desperdicios para los demás… Hasta que él mismo no tenga de que alimentarse. Al tiempo, pero muy, muy poco tiempo. Esto va vertiginosamente rápido. Algún día tengo que escribir sobre eso.

Antes de coger el bus a Nelson entró en un bar, compro un garrafita de vino por 7 euros y abro mi inseparable fiambrera. Hoy me he hecho ensalada con atún y un brioche de salmón. Comida de 5 tenedores.

Por primera vez en mucho tiempo esta noche he dormido 9 horas. El Mundo es enorme. En el bus duermo otra vez. Se acumulan los kilometros y se agotan mis fuerzas. Mañana bus a Picton y ferry a Wellington, la capital de Nueva Zelanda. Sigo.

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