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MASCARAS DEL MUNDO (92) Okuyi.

OKUYI

Autor: Anónimo

Material: Madera pintada

Segunda mitad siglo XX, Gabón (África) 

 

Máscara Okuyi del pueblo Punu, tallada en madera emblanquecida con kalaba (caolín). El color blanco simboliza la paz, las fuerzas de la naturaleza, los espíritus de los antepasados, y la vida futura. Al final del atardecer y, sobre todo, en la noche, ese color blanco lunar da a la mascara un aspecto… inquietante. 

Es una máscara funeraria, utilizada en el culto a los muertos y trata de obtener, mediante la danza Mbwanda, los favores de las jóvenes fallecidas cuya memoria se recuerda en estos rituales. 

Estas máscaras se caracterizan por sus frentes abovedadas,  una boca abultada con labios bien marcados, ojos globulares cortados con una curva,, una nariz en forma de T, cejas altas arqueadas y peinados rígidos altos cuya forma recuerda la cáscara de un mejillón y refleja el estilo de las mujeres Punu.

En la frente lleva escarificada la Mabinda. Estas escarificaciones frontales o temporales en forma de diamante de nueve puntos representan su cosmogonía y la noción de perfección y sabiduría.. El punto central es el principio creativo (Dios) que dio origen a los cuatro puntos cardinales (el Mundo) y a las dos parejas primordiales (los humanos).

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Amigos Viajeros. Anna Vinyolas y Jordi Carbones. 25 países de los 5 continentes en bicicleta (2a parte)

Ya los conocéis: Anna y Jordi siguen pedaleando en Alas y Viento y en ésta, su segunda entrega de Amigos Viajeros, nos llevan por Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Europa. 

Pues no han hecho kilómetros esta gente… ¡Unos fieras! 

Gracias amigos. 


 

¡Estados Unidos!!! Hemos estado 6 veces en este inmenso país porqué nos atrae mucho su manera de vivir, las personas, la cultura, la música y, sobre todo, los parajes. Descubrir los grandes Parques Nacionales del país nos ha hecho volver una y otra vez: Gran Canyon, Monument Valley, Yellowstone, Yosemite, Sequoias National Park, Brice Canyon, Zion, Antilope, Arches… Asimismo, el Big Sur, sus míticas rutas 66 y 61, la del blues, que empezamos en Chicago y seguimos por Sant Louis, Nashville, Memphis y New Orleans. Sin embargo, para nosotros el viaje estrella como cicloturistas fue conocer sobre las 2 ruedas algunos de los territorios de Alaska. ¡Qué tierra! ¡Cuánta naturaleza, los osos, los alces, los tramperos, los lagos…! Pisar y visitar el Denali National Park, plantar la tienda en lugares inhóspitos….

Gracias a la invitación de unos amigos canadienses uno de los viajes lo empezamos a pedalear desde el Québec (Canadá), cruzamos la frontera con Estados Unidos para conocer los estados del noreste y así disfrutar de los parajes de Vermont y los hermosos faros de la costa en Maine y los bosques de New Hampshire.

Otra gran experiencia fue disfrutar del verano de allí, aquí era invierno, para conocer la isla sur de Nueva Zelanda. Nuestro punto de salida y retorno fue Christchurch, a poco tiempo después del gran terremoto del 2010, y donde vivimos uno de escala de Ritcher de 4,8. La tierra de los maoríes nos reveló lugares asombrosos como una de las playas más misteriosas de Nueva Zelanda como es la de Koekohe. Salpicada de piedras que parecen huevos gigantes, esta playa ha inspirado numerosas leyendas maoríes en torno a su origen. ¡Hay rocas esféricas de hasta dos metros de diámetro! Recorrimos al lado de grandes lagos de aguas muy transparentes y turquesas procedentes de los glaciares… Desafortunadamente, no pudimos ver ningún kiwi, el ave, que no vuela, declarado símbolo nacional del país.

Por Europa del Norte hemos hecho muchos kilómetros en Dinamarca, Noruega, Finlandia (donde entramos hasta St. Petersburg (Rusia), para conocer estos países amantes de la bicicleta y el ecologismo.

Un bonito reto cicloturista fue el año que decidimos empezar nuestro viaje con bicicletas en la capital de Bulgaria, Sofía y, desde allí, cruzar Europa hasta llegar a Cataluña pasando por los países de las montañas de los Balcanes (Serbia, Bosnia y Croacia), Eslovenia, Italia y Francia. Fueron 3300 Km ciclados para descubrir una Europa desconocida para nosotros y donde los perjuicios que tenemos de estos países del Este nos cayeron enriqueciendo nuestras almas. Nos gustó tanto que el año siguiente decidimos volver para conocer más de Europa y, así, aterrizamos en Estambul (Turquía) hasta alcanzar la frontera búlgara y cruzar Rumania, Hungría y Eslovenia terminando en Milán (Italia). Nos deleitamos conociendo estos países llenos de gente generosa, amable y atenta a nuestras necesidades. Además, de ser lugares ideales para explorar el histórico y rico legado cultural de estos países vecinos.

El año pasado con la pandemia del COVID19 en España, y en todo el mundo, decidimos hacer el viaje cicloturista por el norte de España, saliendo desde casa en Banyoles llegandi hasta Finisterre (Galicia), continuando hasta Sevilla y cruzando Portugal de norte a sur por la costa Atlántica descubriendo Oporto, Lisboa y magníficos pueblos de la costa. Nos sentimos muy afortunados de poder recorrer los parajes naturales de estas tierras tan diversas y, al mismo tiempo, tan cercanas, deleitándonos con las buenas comidas de las diferentes comunidades que cruzamos, del fado en Lisboa, de los acantilados de la costa Atlántica, de las altas montañas en los Pirineos Catalán y Aragonés, de magníficos ríos, de pueblos blancos y de estupendas personas que nos guiaron y ayudaron en todo momento.

Y aquí llega el final de este recorrido sobre las bicicletas. Deseamos que hayáis disfrutado de “visitar” a golpe de pedal algunos de los rincones del Mundo que nos han marcado gracias a todas las experiencias vividas encima de la bici. Todo ha sido gracias a ella, a nuestras piernas y a nuestros deseos imparables de conocer esta Tierra en la que habitamos, tanto desconocemos y más vamos amando y queriendo cuidar cada vez que volvemos de una nueva aventura cicloturista.

¡Hasta pronto!

Jordi y Anna




Amigos Viajeros. Anna Vinyolas y Jordi Carbones. 25 países de los 5 continentes en bicicleta (1a parte)

Ana y Jordi cada año, por vacaciones, suben una bicicleta a un avión y se largan a pedalear por todo un país con los más variados objetivos pero siempre con el mismo denominador común: Naturaleza

Sus aventuras hasta ahora han dado ya mucho de sí por lo que hemos decidido que esta vuelta al Mundo en bicicleta merecía 2 jueves de Amigos Viajeros, este y el del próximo mes de junio. Aquí tenéis la primera entrega:


 

Hola, amigos y amigas amantes del blog de “Alas y viento” de Nacho Rovira!

¿Tienes ganas de sentir el viento en tu cara, de sentir la libertad que te da una bicicleta? ¿Quieres descubrir poco a poco los territorios por dónde vamos a pasar? ¿Te gusta la improvisación de no saber dónde dormirás la próxima noche cuando te levantas por la mañana? ¿Te ilusionaría dormir en un bosque o debajo las estrellas en un desierto o al lado de un glaciar?

Si has respondido sí a algunas de estas preguntas te invitamos a viajar en bicicleta con nosotros a través de nuestras experiencias vividas durante más de 20 años.

Nos presentamos: somos, Jordi, de 51 años, y Anna, de 46 años, y vivimos en Banyoles, en la provincia de Girona en Catalunya (España). Somos una pareja de viajeros cicloturistas que amamos viajar y, sobre todo, conocer el mundo sobre dos ruedas. Ya desde antes de conocernos cada uno hacia sus viajes cicloturistas… Y la Vida nos unió para compartir experiencias sintiendo momentos muy especiales (tanto los buenos como los no tan buenos) con nuestras inseparables bicicletas. Ser viajero sobre la bici nos enriquece en cada viaje porque nos permite conocernos mejor a nosotros mismos y reconocer nuestros límites. También nos ofrece la posibilidad de aproximarnos más a las personas de los lugares por donde pasamos y nos libra de tener que llegar a un sitio concreto para pasar la noche ya que somos autosuficientes con la tienda y los utensilios para cocinarnos la comida. El camino es nuestro objetivo, no el punto de llegada. Hasta ahora ya llevamos más de veinte viajes compartidos por los cinco continentes sobre dos ruedas y hemos pedaleado en veinticinco países con un tiempo de un mes o cinco semanas en cada viaje. Nuestras “vacaciones” de verano se convierten en un “viaje de aventura sobre la bici”.

Para decidir cada viaje lo hacemos con la curiosidad de descubrir, a través de nuestros propios ojos y nuestras vivencias, ese lugar desconocido dejando a un lado los estereotipos que nos influyen tanto antes de descubrirlo por uno mismo. También por instinto, por observar bellezas de la naturaleza, por interés cultural…

Por ejemplo, el año que decidimos descubrir Madagascar a golpe de pedal surgió al leer un artículo en un periódico del escritor Xavier Moret donde explicaba la pérdida de fauna y la deforestación que sufría la isla y con ello la fragilidad de los baobabs. Eso nos impactó y nos hizo comprar el billete de avión para llegar hasta la capital, Antananarivo, y desde allí recorrer gran parte del territorio y poder abrazar los majestuosos árboles que bordean el camino de tierra entre Morondava y Belon’i Tsiribihina, en la región de Menabe, al oeste de Madagascar. Fue un viaje muy especial con sus contrastes africanos, la sencillez con la que vivía la población y desgraciadamente, en algunas partes, con una extrema pobreza.

Para el viaje a Japón nos guió la ilusión de conocer un nuevo universo y cultura. Nos sorprendió la naturaleza, los templos, la amabilidad y el respeto por las bicicletas de los conductores de camiones y coches.  Allí pedaleamos y dormimos bajo la falda del Monte Fuji, con monos que curioseaban al lado de nuestra tienda y no nos dejaban descansar. Aparte de poder observar con discreción geishas en la mítica ciudad de Kioto, además del paseo bajo el arco de miles de puertas torii del principal santuario sintoísta Fushimi Inari-Taisha.

A Vietnam nos llevó el deseo de disfrutar de la bahía de Halong, recórrer la isla de Cat ba y descubrir Hue, la antigua capital imperial de ese país  declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El viaje empezó por conocer Hanói y llegamos hasta Ho Chi Minh (anteriormente Saigón). Y, no nos perdimos la oportunidad de presenciar un espectáculo en su famoso Teatro de las Marionetas que actúan y danzan sobre un estanque de agua. Este espectáculo es una de las señas de identidad cultural del país pues no hay otro lugar en el mundo donde se haga de igual manera.

Para ir a Islandia nos ayudó – desafortunadamente para ellos- la crisis económica que vivían los islandeses en el año 2009 ya que la Corona islandesa bajó de valor en comparación con el Euro.  Esa situación y las ganas de conocer aquella tierra indómita nos empujó a poner la bicicleta en el avión y pedalear por esta isla fantástica, llena de naturaleza en estado puro, que puedes sentir bajo tus pies: géiseres, aguas termales, blancos glaciares, volcanes… En este país, nos extrañó mucho, encontráramos a muchos cicloturista. Es un país difícil para pedalear por su dura climatología – el viento es el peor enemigo del cicloturista- y la geografía.

Exploramos pedaleando Jordania, Siria y Egipto, después de un viaje a Turquía en solitario hecho por Jordi, ya que a él le sorprendió sobremanera la amabilidad de los musulmanes y dijo que no nos podíamos perder la oportunidad de conocer más profundamente los países árabes. Todo fue espectacular, como subir y dormir encima del Monte Sinaí, contemplar los templos y tumbas esculpidas en la montaña en Petra o ver las estrellas del desierto de Wadi Rum. Sufrimos un sofocante calor en el Mar Muerto y las personas de los pequeños pueblos que visitábamos nos invitaban en su casa casi cada noche a cenar, dormir y desayunar con toda la familia. Este viaje nos abrió la mente positivamente frente a las informaciones negativas que recibimos en los telediarios sobre estos países.

Y con eso y un bizcocho, ¡Hasta el próximo jueves de la sección «Amigos Viajeros»! Continuará…

Jordi y Anna

 

 




MÁSCARAS DEL MUNDO (84) Mwana Pwo.

Mwana Pwo

Autor: anónimo

Material: madera, fibras, cuentas y pigmentos

Finales siglo XX, República Democrática del Congo (África) 

 

Las etnias africanas están en muchas ocasiones desperdigadas por varios países. Las fronteras son cosa de la modernidad colonialista y, antes, los imperios movían sus límites a golpe de migraciones obligadas por el clima, la necesidades de pastos y cultivos y, como no, el empuje de otros pueblos conquistadores. 

África es un conglomerado de razas y lenguas que la Europa imperial del siglo XIX se repartió y encerró en el marco de unas fronteras artificiales sin tener en cuenta razones naturales ya fuesen étnicas, geográficas, lingüísticas o, simplemente, económicas.

Los miembros de la etnia Chokwe, a la que pertenece esta máscara, habitan actualmente en Angola, República Democrática del Congo y Zambia. 

La mayor parte de las máscaras que constituyen la Colección Alas y Viento han sido adquiridas en sus lugares de origen para asegurar su autenticidad, pero esta pieza proviene de un trueque y, para asegurar esa autenticidad, su procedencia y significado han sido estudiados pormenorizadamente. Es una máscara Mwana Pwo, que viene a significar niña o mujer joven, y representa un ancestro femenino aunque siempre es usada por un bailarín. 

Los dibujos grabados en la máscara son gráficos que realzaban estéticamente la belleza de la mujer en generaciones pasadas y eran signos de identidad étnica. El cruciforme central de la frente se interpreta como un cosmograma. Se desconoce el significado y utilidad de las escarificaciones alrededor de los ojos pero, usualmente, en este tipo de máscaras hay marcas en cada mejilla que se describen como un disco solar unido por lágrimas y la expresión de la cara suele ser triste. Son máscaras que se usan a menudo en celebraciones que marcan la iniciación a la edad adulta y ello también marca la disolución de los lazos de intimidad entre madres e hijos. El motivo de lágrimas alude al orgullo y la tristeza que representa ese evento para las mujeres Chokwe.

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MASCARAS DEL MUNDO (80 y 81). Sabios.

SABIOS

AUTOR.- Anónimo

MATERIAL:- Corteza de árbol y madera.

2.000, Ethiolo, País Bassari, Senegal (África)

 

En una gran parte de las culturas tribales africanas, los ancianos tienen, por ser reconocidos como los más sabios de esas sociedades, gran importancia como jefes espirituales, guardianes de la cultura e incluso jueces. Realmente, en las aldeas recónditas del Continente africano es difícil ser y llegar a ser viejo. Y eso que, en esos durísimos lugares, cumplir los 60 años ya es una verdadera proeza o, incluso, desde nuestra perspectiva, un milagro.

En la ceremonia de iniciación bassari, al igual en el Kankurang, el rito iniciático de de las provincias mandingas de Senegal y Gambia, con el que tiene algunas similitudes, tradicionalmente los sabios ancianos son los que eligen a los iniciadores.

Escribo el texto de catalogación de estas piezas en la Navidad del 2.020, en plena pandemia del coronavirus que se ha cebado, trágica y especialmente, en lo que se ha venido a denominar la tercera edad: nuestros viejos, nuestros sabios. En este primer Mundo, de los que han sobrevivido muchos pasarán una Navidad solitaria en Residencias. En los países del tercer Mundo, especialmente en África, su suerte está siendo todavía mucho peor porque, en muchos casos, el hospital más cercano a estos poblados es, para ellos, un lujo casi inalcanzable.

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MASCARAS DEL MUNDO (77). Bassari.

BASSARI

AUTOR: Anónimo

MATERIAL: Corteza de árbol

2.000, Ethiolo, País Bassari, Senegal (Africa)

El País Bassari, al sureste de Senegal, es quizás la zona más recóndita y menos visitada del país. Para llegar hasta allí hay que viajar hasta Kédougou y, a partir de ahí, …

Para hacerse una idea, desconozco como están las cosas allí actualmente pero, recién estrenado el siglo XXI, la guía Trotamundos decía de ese lugar: «Los pueblos bassari Ebarekh y Etiolo solo son accesibles a partir de los puestos de guardia del parque de Dalaba y Oubadji. Para que lo tengáis claro, coger la pista que lleva de Kedougou a Salemata es insensato e imprudente. Barrancos, posibilidad de perderse o de tener una avería…La hemos recorrido por vosotros y no estamos dispuestos a hacerlo otra vez.» Yo también la hice y no me arrepiento en absoluto pero, igualmente, no pienso volverla a hacer.

Muchas veces, el valor de una máscara es inversamente proporcional a la dificultad de conseguirla y, en ese sentido, está pieza tiene un valor incalculable en la colección. No creo que existan muchas máscaras bassari en occidente así que, desde luego, el orgullo de poderla exhibir en la colección Alas y Viento compensa los sinsabores de aquel viaje.

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MÁSCARAS DEL MUNDO (51 y 52). Mblo.

MBLO femenino y masculino

AUTOR: Anónimo

MATERIAL: Madera pintada con talla.

Finales siglo XX, Costa de Marfil (África)

 

Estas máscaras fueron adquiridas en un mercado de Mopti, en Mali, pero creo que son originarias de Costa de Marfil. Son máscaras de feminidad y masculinidad de ritos matrimoniales y fiestas populares. Se llaman Mblo porque participan en la danza que lleva este nombre. Se trata de danzas destinadas a festejar a algunas mujeres bonitas y hombres importantes presentes y a quienes se supone representan las máscaras. Si sólo baila la femenina, la mujer homenajeada debe ofrecer algún presente al bailarín que la porta. Este tipo de máscaras, de la etnia Baulé, ofrecen, normalmente, una combinación  de rasgos humanos con algún elemento decorativo animal, normalmente una talla, en el caso de estss piezas, un cisne o un flamenco en la femenina y un búfalo en la masculina.

Costa de Marfil es uno de los países más castigados por guerras y mafias de toda África. Nunca he podido visitarlo. Durante todo lo que llevamos de siglo XXI un conflicto civil desangra el país en el que vive una población de algo más de 20.000.000 de personas. Es rica en diamantes, cacao y corrupción, la esperanza de vida no llega a los 50 años y el 50% de la población es analfabeta. El promedio de hijos por mujer es de 4,43, se calcula que el 7% de la población está infectada con el virus del SIDA y los niños y mujeres esclavos son un verdadero desastre humano…

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MASCARAS DEL MUNDO (49). Antílope.

ANTÍLOPE

AUTOR: Anónimo

MATERIAL: Madera pintada, bogolán y raíces.

Segunda mitad siglo XX, Pais Dogón, Mali (África)

 

Algunas máscaras dogones, además de bailar en ceremonias, son protagonistas de «danzas» teatralizadas. Un ejemplo es la máscara de antílope que se usa en la representación en que un hombre pretende cazar los varios personajes con máscaras de animales que actúan con él. Los persigue, huyen en todas direcciones y se esconden entre los espectadores reunidos en la plaza del poblado. Se dice que un agricultor mató el antílope que devastaba sus campos y le cortó la cabeza. Hecho esto, el hijo del agricultor enfermó y los ancianos de la tonguna aconsejaron hacer una mascara de madera que aprisionara de alguna manera el espíritu del animal para evitar que se paseara por el poblado y vengara su muerte.

Los dogones se encuentran, principalmente, en la zona del desfiladero de Bandiagara en Mali. Sus orígenes, como los de muchas otras culturas antiguas, no están determinados, pero alrededor de 1490 AD, los dogones migraron, por razones desconocidas, a los acantilados de Bandiagara. Hay aproximadamente 700 aldeas Dogon, con un promedio de 400 habitantes .  Los dogones son, por su historia, conocimientos astronómicos y riqueza cultural y artística, quizás el grupo tribal más estudiado y menos comprendido de África.

 

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MÁSCARAS DEL MUNDO (45). Hermana.

HERMANA

AUTOR: Anónimo

MATERIAL: Cuerdas, raíces y conchas

Mediados siglo XX, Pais Dogón, Mali (África)

 

Muchos de los que actúan en las ceremonias dogones llevan esta máscara sencilla de cuerdas, raíces y conchas. Se pueden ver subiendo la ladera hasta los poblados, al trote y armados con fusiles o danzando en la plaza encaramados a unos palos de 2 metros atados a las piernas, simulando seres gigantescos.

En África, si eres orgulloso y no tienes sentido del humor…es difícil. Si no te pasas un año con ellos, y demuestras muchísimas cosas,  tu eres un blanco tonto, te tomaran el pelo y, si no filtras mucho la información que te den, estas perdido. Mucha calma.

En este sentido, recuerdo como muy difícil sonsacar, a quien le compré esta pieza, qué es exactamente lo que representa esta máscara. Para ellos, representan a sus hermanas, no hermanas de sangre pero hermanas. Espíritus de gente amiga que les enseño cosas secretas. Son los Nommo. Otra mascara de «ellos», quizás representando un Nommo más importante por la espectacularidad de su tocado, está en esta misma colección (MASCARAS DEL MUNDO 29). También entre los Nommos habían clases.

Para unos, los Nommos son las primeras criaturas viventes creadas por el Dios del Cielo Amma. Para otros, visitantes del espacio que les abrieron al conocimiento. Pero todos los describen como criaturas parecidas a peces, amos del agua, espíritus ancestrales y  maestros. Esta máscara es, para los dogones, el espíritu de una hermana Nommo.

 

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MÁSCARAS DEL MUNDO (41). Kananga.

KANANGA

AUTOR:  Anónimo

MATERIAL: Madera pintada

Segunda mitad siglo XX, Pais Dogón, Mali (África)

 

Los Dogón conquistaron la falla de Bandiágara (La Falisse) a los Tellem, quienes a su vez habían expulsado a los Pigmeos, que habían encontrado en las oquedades de las paredes de la falla su refugio para defenderse de sus enemigos. Desde entonces, estas comunidades dogonas  conservan su cultura animista casi inalterable.

La «kananga» es la más conocida de las máscaras dogones,  y tiene un papel principal en todas sus ceremonias.  La parte más alta representa la Komondo, un pájaro mítico con las alas extendidas y la cruz hace referencia al mito de la creación. La cruceta superior simboliza el mundo de lo sobrenatural, y la cruceta inferior simboliza lo terrenal.

Yo las he visto danzar en La Falisse, en los funerales de un hogón, jefe espiritual de la tribu, y es impresionante. El portador de la máscara se inclina hacia el suelo mientras baila, golpeando ferozmente el suelo y dando saltos hacia el cielo, en un frenesí impactante, para establecer un conexión entre lo terrenal y lo sobrenatural. Los dogones creen que la serpiente sagrada Lebe visita cada noche al hogón para transmitirle su sabiduría. El hogón es elegido de entre los hombres más viejos de las familias de la aldea. Tras un período de iniciación de seis meses sin afeitarse o lavarse, en el que una joven virgen le cuida, podrá casarse, aunque el hogón vivirá sólo en su casa, con una cabra y una tortuga, en castidad absoluta.

 

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Marruecos (y 2) Sueños y pesadillas.

«Por más real que sea, cualquier realidad que vivimos hoy ha sido ayer una fantasía, sea sueño o pesadilla». Emmanuel Rivera Méndez. 

Sigo en modo diferido. En este caso, recuerdos de mis segundo y tercer viaje a Marruecos, dos y cuatro años después del primero, respectivamente. 

Del segundo viaje recuerdo una anécdota desagradable. No iba solo, fuí con una amiga, en teoría muy viajada pero…

Tras alquilar un coche en Marrakech tomamos la carretera hacia el Atlas con un coche alquilado. El paisaje era de lo más insulso y árido y mi compañera, supongo que de puro aburrimiento, bajó la ventanilla y empezó a hacer fotos de un acuartelamiento militar. No me dió tiempo a decirle nada. Ella, simplemente, sacó la máquina de fotografiar como John Wayne su pistola y empezó a disparar a todo quisqui. Inmediariamente le pegué el correspondiente grito pero, entre los primeros segundos que ya habían pasado y los que pasaron cuando, todavía con la máquina en ristre, me contestó el típico «¿¿¿Por qué???», ya se había liado parda. 

Un jeep cargado de militares salió del acuartelamiento a todo gas con la sirena ululando intimidatoriamente. Yo solté el típico «¡Me cago en diez!», ya más de fastidio que de cabreo. Y es que cualquier viajero sabe que, por estos mundos de Dios, nunca, nunca, debes fotografiar una caserna del ejército, una estación de policía, una aduana ni nada que huela a oficial. Lo dicho: ¡Me cago en diez!

Paro inmediatamente en el arcén y me preparo para aguantar estoícamente lo que pueda pasar a partir de ahí. El que parece el jefe de la patrulla nos hace bajar, empieza a gritarnos en árabe y, tras asegurarse de que no entendemos nada, sigue escupiéndonos palabras en un buen francés. El mensaje es obvio: está prohibido hacer fotos a instalaciones militares, nosotros somos, además de unos pardillos estúpidos, peligrosos espías, ellos nos han pillado in fraganti y tenemos que darle los pasaportes, la cámara y acompañarles a la caserna. Nos cachean, nos meten en el jeep y el coche queda abandonado en la cuneta. 

La cosa fué muy, muy tensa, pero no pasó a mayores. La incomodidad de 5 horas de esperas e interrogatorios alternativos, la pérdida de un carrete de fotos y poco más. Sí, no hace tantísimos años existían unas cosas que se llamaban «carretes de fotos». En esa época, como ahora, las relaciones España/Marruecos eran buenas y los marroquíes hacían buen acopio de divisas con el turismo español así que, supongo,  no nos aplicaron más que un ligero correctivo para saciar su chulería. Eso en países del África negra es más peligroso y puede resultar muy caro porque ahí hay más miseria y la miseria encabrona mucho. 

Por el contrario, de mi último viaje al vecino Marruecos no guardo más que buenos recuerdos ya que fuimos, con mi hijo Ramón, únicamente 3 días para la boda de mis amigos Fina y Josep Maria. Si, si, 3 días de boda bereber imparable, impagable e inolvidable. Al cabo de un año todavía hicimos una comida todos los invitados con una camiseta con su foto y bajo el lema «Yo sobreviví a la boda de Fina y Josep Maria». Una pasada. 

Comidas y cenas en campamentos, oasis y hoteles de ensueño en medio del desierto, excursiones en 4×4 por las dunas, juergas bajo las estrellas, amaneceres y atardeceres de película… Sin duda alguna la mejor fiesta de mi vida con el momento álgido de la aparición de los contrayentes en el comedor llevados en volandas dentro de sus tronas en unos palanquines enjaezados y acompañados de esos sonidos guturales bereberes que se meten en tus terminaciones nerviosas como los de frenazos preaccidentales. Ella, guapa del todo y más ya de por sí, vestida de novia bereber con la más radiante de las sonrisas era como una aparición idílica y ensoñadora. El, un ser de una serenidad y bonhomía atávica, feliz y en su salsa norteafricana curtida en mil carreras por el desierto y con la consciencia de la felicidad en su cara grabada con consistencia de para siempre jamás. Una imagen de momento y lugar únicos, privilegiados y legendarios. 

Compartí todo eso con un montón de gente rendida a la sucesión interminable de instantes valiosos pero, especialmente, con 2 personitas importantes. La una, mi hijo, Ramón, que por aquel entonces tenía como 8 añitos, con el que recuerdo un momento tremendo cuando nos alejamos solos de un campamento de haimas adentrándonos en el desierto unos metros para contemplar, juntos y en silencio, un cielo abarrotado de estrellas como el que ni había visto ni veré nunca más. La otra, Teresa, una amiga de las eternas en la vida, de las que siempre han estado y siempre estarán, perlas rarísimas que brillan en una existencia con el valor de lo esencial. 

En fin, una pasada de viaje, un abarrotamiento de instantes mágicos sin solución de continuidad, un no parar de vivir lo extraordinario y un hartón de caminar por el filo de una realidad fronteriza con el sueño. 

Y el resto de Marruecos, carreteras ganadas al desierto, cañones áridos como heridas en tierras ya muertas, palmerales de espejismo, mercados alucinantes, pueblos misérrimos, palacios con impresionantes lujos orientales, fantasmagóricos kasbahs, ksars amurallados, cabras trepadoras, camellos majestuosos, gente dura, playas ventosas y todo envuelto en puro ambiente de un Mundo muy diferente al ladito mismo del nosotros. 

Si, un viaje muy cerca y muy lejos. Me pregunto si volveré algún día…

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Marruecos (1) «La Place».

Casi siempre escribo en directo pero, a veces, lo hago en diferido recordando, y así volviendo a vivir, un viaje que hice antes de empezar este blog. Este es el caso de Marruecos, pero no es el relato de un viaje sino una especie de cocktail de los tres que hice a ese país hace… En su día, hace ya muchos, muchos días. 

De mi primer viaje a Marruecos lo que más recuerdo, con intensidad de un «ayer mismo», es el atardecer en que fui a conocer quizás la más famosa plaza del Mundo, la más exótica y la más viajera, «La Place»: Plaza de Yamah el Fna. Marrakech. 

La Place es una ilustración en carne viva de un mercado de Las Mil y Una Noches, un espectáculo de exotismo del Lejano Oriente con todas su autenticidad, su atractivo de experiencia única y sus miserias. 

Me alojó en un súper hotel. Tres estrellas con piscina guay con todo el lujo detallista oriental de bordados dorados, lámparas de cobre, tapices, sándalo y flores. 

Hasta La Place caminando es un agradable paseo con el único inconveniente del típico buscavidas que se pone a tu lado e intenta entablar conversación. «Hola, ¿No te acuerdas de mí? ¿Soy del hotel?». «No gracias, no quiero nada». Cambio de acera y se acaba el problema aunque, de esos elementos, aquí hay muchos y algunos días el callejeo puede resultar pesado. 

Ya en La Place: tullidos en el suelo pidiendo limosna y un tráfico endiablado en una rotonda sin carriles como una pista de autos de choque que buscan sobrevivir con la prescindible ayuda de un pobre policía subido a una marquesina que pita y voltea los brazos sin ton ni son como un muñeco de feria con poca gracia. Nadie le hace ni puñetero caso. 

En el centro de la plaza, corros de gente alrededor de espectáculos de titiriteros, danzantes, espadachines, comefuegos, encantadores de serpientes y demás submundo de animales amaestrados. El conjunto en aquel momento me supo exóticamente agridulce. Habían «números» buenos y malos pero lo que llevo peor es lo de los animales. 

A ver si me explico. ¡Ojo! ¡Ojo, ojo!:

Consejo de viajero. Cuando viajas es importantísimo hacerlo con responsabilidad y no caer en turistadas que utilizan animales para actividades que no tienen nada que ver con lo «exótico» ni con el concepto «viajar». Hacerse una foto con un pobre mono vestido con la camiseta de Messi, o con un pulpo en la cabeza, o pasear en un carro tirado por caballos a 30º a la sombra, o asistir a espectáculos circenses con animales «entrenados» de protagonistas, etc, no es nada guay. No es exótico. No es viajar. Es una payasada. Y lo digo con todos los respetos. Sé que no es maldad, es irreflexión. 

Todas las especies hemos de compartir este Mundo con respeto y sin dañar. Los animales sienten. Ese es el quid de la cuestión. Quizás no al mismo nivel o dimensión que el ser humano pero sienten. Desconocer eso es como decir que los murciélagos no ven. No ven con los ojos pero «ven» con otros sentidos que tu no tienes. No le hagas a un animal lo que no quisieras que te hicieran a ti. Piensa. Por favor. Una especie realmente «superior» quizás se alimenta, pero no extermina ni esclaviza a las demás. 

Al oscurecer estoy tomando una cerveza en una de las terrazas situadas en el terrado de los bares de la plaza y, de repente, van apareciendo unas serpenteantes filas de hombres vestidos de blanco portando calderos de metal humeantes. Las luces de la plaza penetran en los vapores y la escena es de averno infernal pero los aromas te llaman alto, claro y persuasivamente. Sin duda hoy ceno allí. 

Bajo y voy picando porciones en los puestos del mercado. Hay un pescado delicioso de carne firme rebozado con especias. Y, de pronto, todo lo tuerce una voz en mi espalda que me dice en perfecto español pero con obvio acento árabe: «Dame la mochila». Me giro entre la multitud, todos apretujados, y compruebo que la voz pertenece a un chaval de unos 16 años, tejanos negros, zapatos negros y chupa negra que me enseña un cuchillo de considerables dimensiones en su mano. Malo. 

Ahora me gustaría explicaros que, tras una pelea, rápida pero intensa, con intercambio de golpes de Kun Fu y llaves de lucha libre amenizado con una banda sonora de grititos chinos, suspiros y bofetadas, me libré del ratero y otros 5 de su banda que le escoltaban. Pero no, no tengo ni puñetera idea de artes marciales y mi valentía y arrojó sin igual no compensan las carencias de mi cuerpo que está para lo que está y no está para lo que no está. 

Peeero… Lo de que nunca aparece un policía cuando lo necesitas no es verdad. En ese caso, y en el mismo instante que yo me giraba, pasaron 2 policías marroquíes y el ladrón, que también los vió, desapareció como por arte de magia. Como si hubiera pedido el deseo a la mismísima lámpara de Aladino. ¡Pluf!… Y ya no estaba. Soy un tipo con suerte. 

Pero tampoco es cuestión de tentar a esa suerte así que, por hoy, ya es suficiente. Me vuelvo al hotel. 

Sea como sea, con sus claros y sus oscuros, ¡Imprescindible «La Place»!

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Colaboranews. Se prorroga «sine die» en UNESCO Barcelona la Exposición de la muestra de la Colección Alas y Viento de Mascaras del Mundo

Hemos acordado con UNESCO Barcelona prorrogar «sine die» la Exposición de la muestra de la Colección Alas y Viento de Mascaras del Mundo para dar permanencia a nuestra colaboración y ya que, por las especiales circunstancias que a todos nos afectan, ni todos los que están interesados en conocernos han podido visitarnos, ni nosotros hemos podido desarrollar todas las posibilidades y proyectos que nos ilusionan y de los que ya os iremos informando.

El hecho es que, por más o menos tiempo, una muestra permanente de mi colección queda a vuestra disposición en la magnífica sede de Amics UNESCO Barcelona.

Un abrazo.




MÁSCARAS DEL MUNDO (31). Do o Doyo.

DO (LECHUZA)

AUTOR: Anónimo

MATERIAL: madera pintada

Segunda mitad siglo XX, Bobo Dioulasso, Burkina Faso (África)

 

Esta es, en mi opinión la máscara lechuza, utilizada en funerales de personas importantes, en festividades agrarias y en ritos de iniciación. Representa un mochuelo o una  lechuza y su pico simboliza el sexo masculino, símbolo de fertilidad. En realidad la máscara representa un genio de la naturaleza, un ser sobrenatural, el espíritu del aire asociado a la vida acuática. Al representar a un genio de las aguas están íntimamente relacionadas con la fertilidad de la tierra.

Durante la danza extiende todo su vestimenta de hojas, plumas y fibras por el suelo y se mueve de distintas formas acompañando a los futuros iniciados hasta el bosque sagrado.  Es una máscara protectora contra los malos espíritus y favorece el matrimonio entre los jóvenes.

Se trata de un tablero vertical de madera de 1´5 metros, decorado con figuras redondas, triangulares y cuadradas. Los cuadros negros y blancos ponen en relación a los ancianos con los jóvenes, es decir, los dos extremos de la vida, la sabiduría y la debilidad de los ancianos y la inexperiencia y la fortaleza de los jóvenes iniciados.  La parte inferior forma la cara, con boca y pico. El portador ve a través de la boca o de orificios oculares, según los casos.

 

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MÁSCARAS DEL MUNDO (30). Duho.

DUHO (Halcón)

Autor: Anónimo

Material: Madera pintada

Segunda mitad siglo XX, Bobo Dioulasso, Burkina Faso (Africa)

 

Según algunos esta mascara representa un halcón, y para otros una lechuza o un gavilán. Sin seguridad, me decanto por la primera opción por la información que me dieron al adquirirla y por la comparación con otras máscaras de la misma etnia. Es muy difícil en ocasiones encontrar la verdad sobre la identidad representada en una máscara, sobre todo en este caso en que se trata de representación de aves. Es también muy parecida a la mascara bobo de mariposa, de la que solo se diferencia por el pico.

Se trata por lo general de grandes máscaras, de madera ligera y policromía sobre fondo blanco, que danzan  durante las ceremonias de fertilidad y después de las cosechas.  Sus portadores, cubiertos de fibras vegetales que cubren la cabeza y el cuerpo, bailan dando saltos extendiendo sus alas como para emprender el vuelo. Son ceremonias realmente espectaculares e inquietantes que trasladan a una mítica época, no tan lejana, no más de un siglo, donde explorar el continente africano era una hazaña tremendamente peligrosa.

Los Bwa forman parte de los Bobo, conocidos como “Bobo negros” , al igual que los “Bobo Fing”, considerados los verdaderos Bobo. Están concentrados en los alrededores de Bobo Diulasso de donde proviene esta pieza.

 

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MÁSCARAS DEL MUNDO (29). Nommo.

NOMMO

AUTOR: Anónimo

MATERIAL: Conchas, tejidos, raices y abalorios

Mediados siglo XX, Pais Dogón, Mali (Africa)

 

El origen de la civilización Dogón está fundado en leyendas de tradición oral que narran cómo, hace cientos de años, descendió a la meseta una estrella de un brillante color rojizo. De su interior  salió una especie de pirámide con destellos blancos y de cada una de sus caras se abrieron unas puertas con seis escalones y, de allí descendieron ocho personajes, cuyo cuerpo era muy similar al de los peces, que enseñaron a la civilización conocimientos acerca del universo. A esta raza de seres con características de anfibios, hermafroditas, y semejantes a peces los dogón los llaman Nommo, palabra del lenguaje dogón que significa: “quien da de beber”.

Supuestamente, los Nommo dijeron proceder de la estrella Sirio, a la que llamaban “Sigi Tolo”, localizada en la Constelación del Can Mayor, la misma de la que hace referencia El Corán como la Constelación de La Canícula, y declararon la existencia de un Dios único al que llamaba Amma. Los astrónomos descubrieron, siglos mas tarde que este pueblo, que existe también Sirio B, al que los Nommo identifican como “Po Tolo”, y Sirio C, que los Nommo conocen como “Emme Ya”.

Dado el aislamiento de los dogones, el conocimiento que tienen sobre astronomía es un misterio.  Ellos aseguran que les fue dada la información acerca del cosmos por estos seres extraterrestres.

 

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MASCARAS DEL MUNDO (26). Loniake

LONIAKE

AUTOR: Anónimo

MATERIAL: Madera pintada

Finales siglo XX, Bobo Dioulasso, Burkina Faso, etnia Toussian (África)

 

En la etnia Toussian, Tusyan o Tusya, las máscaras  más representativas son las de plancha plana llamadas Loniake.  Las máscaras Loniake son tablas de madera con agujeros en la parte central para permitir a su portador ver a través de ella y una fila de agujeros a lo largo de todo el borde para atar flecos de rafia vegetal. Son máscaras protectoras de las familias y de las cosechas y participan en los ritos de iniciación de los jóvenes y en los funerales y demás ritos fúnebres.

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El CAU. Santi Soriano Mendoza.

Santi es una seguidora de Alas y Viento que a veces me regala en Facebook comentarios que, leídos en viaje, me dan más Viento que el que nadie pueda imaginar. Me decía en «Brasil (3). De Pernambuco a Bahia. Samba, color y calor»:

«Dios mío, tiene localización real Pernambuco. Y es que en esta sección se aprende tanto. Pero lo que más me gusta, es que emplea un relato chispeante muy descriptivo. De modo que logra  transportarnos hasta esos mismos barrios, playas y parajes. Una gozada. Si parece que sentía el mismo cansancio sin moverme de casa. Es un sistema este de viajar muy cómodo.»

¡Muchisimisimas gracias Santi!

Pero ahora mismo el comentario de Santi que más me viene a la cabeza es el que hizo con ocasión del «Entre paréntesis 4 meses en África. No puede ser.»:

«Si. Este artículo expresa verdades como puños. Los occidentales estamos idiotizados por el consumismo y necesitamos un baño de cruda realidad.»

Pues no sé, ya ves… El baño que nos está dando el COVID es de lo más democrático e igualitario. Ni mucho menos está afectando por igual a ricos y pobres y a blancos y negros pero, desde luego, él está haciendo lo posible por repartir bofetadas a todo el mundo.

A ver que sale de todo esto pero, si aquí está lloviendo sobre mojado, en África llueve sobre embarrado.




ColaboraNews. EIMM. 4to Encuentro Internacional de Maestros Mascareros (y 2). Desarrollo y Clausura. El Octavo Arte.

El pasado día 2 de noviembre se clausuró el IV Encuentro Internacional de Maestros Mascareros. Yo estuve integrado en la Sala Internacional invitado por el Consejo de Maestro Mascareros y he conocido a muchos nuevos amigos, he aprendido de ellos y sobre todo, lo he pasado muy bien con largas charlas alrededor de esta pasión que nos une.

El día 31 de Octubre tuvimos una videoconferencia con los compañeros de la sala donde debatimos temas tan interesantes como la reflexión acerca de costumbres culturalmente globalizadoras como el Halloween, la importancia del reconocimiento de la UNESCO sobre el valor de algunos eventos Mascareros como la danza de Parachicos o el Carnaval de Oruro, la diversidad profesional del Mundo de las mascaras, desde el creador hasta los músicos, bailarines o gestores culturales, etc.

Puede cegarme la pasión, es cierto, pero el tremendo contenido cultural de las mascaras me hace afirmar que, si el cine es el Séptimo, no es exageración decir que las mascaras son el Octavo Arte. El tiempo me dará o quitara la razón pero, personalmente seguiré empeñado en trabajar para su conservación, difusión y reconocimiento.

Queridos maestros, ya amigos, espero veros nuevamente el próximo año en el V Encuentro Internacional de Maestros Mascareros y, a poder ser, no en la lejanía sino personalmente. Sería una magnífica señal de que, por fin, el Mundo ha superado esta pandemia que nos obliga a virtualizar.

Enlace a la grabación en directo del encuentro en la Sala Internacional del EIMM 2020




ColaboraNews. EIMM. 4to Encuentro Internacional de Maestros Mascareros. (1)

Durante los próximos días 26 de Octubre a 2 de Noviembre se celebra el IV Encuentro de Maestros Mascareros y el Consejo de Maestros Mascareros me ha hecho el honor de invitarme.

Este encuentro tiene la sede en Méjico pero, desgraciadamente, por las circunstancias conocidas por todos, este año se celebra en forma virtual.

 

Spot oficial del EIMM 2020:

 

Realmente yo ahora ya debía estar allí, en Méjico y, concretamente, en el Museo Chimaltonalli de Chimalhuacán.

Nostalgia de mi vida viajera pero, mientras van viniendo mejores tiempos,…

Seguimos. Alas y Viento.




ColaboraNews. Exposición de la muestra de la Colección Alas y Viento de Máscaras del Mundo, Amics UNESCO Barcelona 2020 – América

La antigüedad del Nuevo Continente. Las mascaras cuentan la Historia.

 

Recuerda, desde el 7 de Octubre ya está inaugurada la Muestra que quedará expuesta en la sede de la asociación Amics UNESCO Barcelona, ubicada en calle Mallorca, 207 de Barcelona durante el resto del año 2.020 y hasta bien entrado el 2.021.




ColaboraNews. Exposición de la muestra de la Colección Alas y Viento de Máscaras del Mundo, Amics UNESCO Barcelona 2020 – África

Mascaras africanas. Espíritus en la mirada.

 

Recuerda, desde el 7 de Octubre ya está inaugurada y se puede visitar la Muestra que quedará expuesta en la sede de la asociación Amics UNESCO Barcelona, ubicada en calle Mallorca, 207 de Barcelona durante el resto del año 2.020 y hasta bien entrado el 2.021.




ColaboraNews. Exposición de la muestra de la Colección Alas y Viento de Máscaras del Mundo, Amics UNESCO Barcelona 2020 – Asia

Asia enmascarada. Mitos y leyendas.

 

Recuerda, este miércoles 7 de Octubre inauguramos la Muestra que quedará expuesta en la sede de la asociación Amics UNESCO Barcelona, ubicada en calle Mallorca, 207 de Barcelona durante el resto del año 2.020 y hasta bien entrado el 2.021.




ColaboraNews. Exposición de la muestra de la Colección «Alas y Viento» de Máscaras del Mundo, Amics UNESCO Barcelona 2020 – Europa

Europa

La vieja Europa oculta tras la máscara. Memoria ciega.

 

Recuerda, el 7 de Octubre inauguramos la Muestra que quedará expuesta en la sede de la asociación Amics UNESCO Barcelona, ubicada en calle Mallorca, 207 de Barcelona durante el resto del año 2.020 y hasta bien entrado el 2.021.




ColaboraNews. Exposición de la muestra de la Colección Alas y Viento de Máscaras del Mundo, Amics UNESCO Barcelona 2020

Con la pandemia, muchos sueños de todos nosotros han quedado colgados en un cielo de incertezas. Eso es así, quieras o no quieras, pero hay que seguir y seguir y seguir…

Hace casi un año, con Amics de UNESCO Barcelona, empezamos a soñar en hacer una exposición de una muestra de mi colección de Mascaras del Mundo Alas y Viento. ¡Nada más y nada menos! Mis mascaras desplegaban poquito a poquito sus propias alas y comenzaban a volar fuera de casa.

Amics de UNESCO Barcelona, la primera entidad Unesco de la península, dedicada a la difusión del trabajo de esta organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, me hacia el honor de escoger mi colección para mostrarla en el año y durante los actos de celebración de su 60 aniversario.

Y después vino el COVID 19, los contagios, los fallecimientos, el confinamiento y las restricciones de movimiento que han hecho terriblemente difícil la organización de todo tipo de actividad cultural, pero todo esto se ha ido superando y aquí estamos: el 7 de Octubre inauguramos la Muestra que quedará expuesta en la sede de la asociación, calle Mallorca, 207 de Barcelona, durante el resto del año 2.020 y hasta bien entrado el 2.021.

 

Aquí os dejo un primer video genérico de la Expo donde podréis ver las piezas que expondremos y, en las próximas semanas, presentaremos también vídeos específicos de las piezas que representarán a cada continente.

Os iremos informando…

 

¡Salud!




Cajón de Sastre. Vuelta al Mundo (2ª parte) Momentos.

Accede a la galería al completo, haciendo click en las imágenes.




Entre paréntesis. Revolución.

Cuando estás mucho, mucho tiempo fuera de casa, viajas por el Mundo y tienes tiempo para reflexionar, cuando no tienes en los morros los árboles que tapan el bosque, cuando ves, analizas y comparas, parece como que la visión se te aclara. O algo así.

¿Y que tengo claro? Tengo claro que quizás tardará algo en caer, como los elefantes heridos de muerte, pero nuestro sistema de vida está finiquitado, caduco, muerto. Kaput. R.I.P.

Quizás en sus últimos estertores hará algún daño y algún estúpido político aprobará una ley contra la Naturaleza o un empresario con pocas luces pretenderá seguir construyendo casas a costa de bosques. O en más pequeñito, algún papito sin nada en el cerebro sacará de su casa, el mar, un pulpo o una estrella de mar para distraer a su hijo tonto ya sin remedio. Pero son seres y actitudes como piel muerta. Son zombis. Están, pero ya no son.

Se impone para YA, y ya se está produciendo, individualmente y a través de asociaciones y plataformas, un resurgimiento del poder civil que acabe, drástica, radical y revolucionariamente con tanta subnormalidad y tanta canallada.

En mi infancia, las gaviotas eran aves pescadoras.  Las gaviotas son pescadoras, lo que ocurre es que el ser humano arrasa con todo lo vivo a su paso y solo deja basura y desperdicios para las demás especies. Hoy, en una sola generación, hemos convertido a las gaviotas  en carroñeras. Una sola generación! 50 años. Y un día, el mismo ser humano no tendrá de que alimentarse. Eso pasará en muy poco tiempo porque todo va vertiginosamente rápido. Otra generación quizás. Eso ya no es ciencia ficción. Quizás alguien que ya ha nacido y se refolcila en lo superfluo sin la menor educación ni conciencia ecológica verá a su hijo escarbando en la basura para comer. ¿Catastrofismo?

Será duro. Primero habrá que acabar con los más dañino, luego nos tocará a todo el mundo reeducarnos.

Pero primero los depredadores. Los mequetrefes no están de enhorabuena. Ahora empieza a haber gente consciente que no calla y, organizados, ya ejercen ese poder civil. Los más grandes chapuzeros se pueden encontrar, y se van a encontrar, con que un día, cuando sigilosos quieran hacer alguna de las suyas, el pueblo, como si fuera un portero de discoteca alto, grande y fuerte como un oso les ponga una mano en el pecho y les pare. Entonces, por fin, mirarán cohibidos hacia arriba, se sentirán como unos enanos pillados in fraganti intentando colarse sin pagar y, mientras se les clava una mirada severa en los ojos, oirán que les decimos: “Pero donde te crees que vas, payasete.” (*)

Y después vendremos todos. Habrá que reestructurar y reconvertir. Habrá que meter en la cárcel y tirar la llave a violadores y corruptos, habrá que multar, sancionar y confiscar bienes a todos los que incumplan leyes extraordinariamente severas y prohibitivas sobre ecología y picaresca y habrá que reciclar muchos oficios y profesiones que, con la inercia de 50 años no han sabido ver el futuro.

Malos tiempos para los amantes de lo superfluo. Malos también para los que se creen que el papá Estado les va a quitar las castañas del fuego toda la vida. Malos tiempos para los poco formados y para los pusilánimes. Malos tiempos para los listillos, los derrochadores y los malos profesionales, para los que se crean mejores que su vecino y para los que se quieran parecer a él.

Habrá que reconsiderar drásticamente temas que la gente considera derechos adquiridos y todo eso llevará unos años de crisis severa y todos perderemos lo que ahora se considera “calidad de vida”. Todos menos nuestros nietos porque, hoy por hoy, a los hijos de nuestros hijos no les dejamos más que una película de mentira y un montón de mierda bajo la alfombra.

Yo lo veo con preocupación, pero también con optimismo y esperanza porque, piense cada uno lo que piense, y aunque todo el mundo crea que todo eso no va con él, el colectivo, por intuición, por instinto de supervivencia, ya se ha puesto en marcha. Todo está empezando a cambiar muy poquito a poco y esto ya no hay quien lo pare.

Hemos gastado Naturaleza a manos llenas como si no se fuera a acabar nunca y no le estamos dejando tiempo de regeneración. Los crecimientos económicos de China e India, en promedios del 10% anual, suponen también incrementos de nivel de vida y consumo  en casi la mitad de la población mundial. Mientras, el crecimiento en Europa se ralentiza drásticamente. El Imperio de Oriente pide paso. Así ha ocurrido cíclica y constantemente durante toda la Historia.

Agarrémonos porque vienen curvas y, sobre todo, que cada uno piense muy, pero que muy bien, hacia donde va el siglo XXI y tome las decisiones correctas para adaptarse. Si no lo hace, la vida le obligará, y será peor. Entonces vendrán los lamentos. “Don Yo Creía” y “ Don Yo Pensaba”, son dos señores que no sirven para nada.

* Nota. La frase “Pero donde te crees que vas, payasete.” no es mía. Pertenece a Miguel Royan, “Miguelón”, mítico portero de locales de noche de mi pueblo, Begur.




El Cau. Anna Maria Culla.

Con ocasión de mi fallido intento de hacer la cima del Kilimanjaro, Anna Maria me preguntaba, en catalán, en nuestro idioma:

«Si fas un viatge llarg i amb unes condicions sovint adverses, seria impossible quedar-te un xic més per aclimatar-te i prendre forces, per comptes de gastar les poques que et queden i finalment no poder fer el cim, o és que tens un temps específic que no pots traspassar?»

Traduzco:

¿Si hace un viaje largo y en condiciones a menudo adversas, no es posible quedarte un poco más en un lugar, aclimatarte y tomar fuerzas en lugar de gastar las pocas que te quedan y al final no poder hacer cima, o es que tienes un tiempo específico que no puedes traspasar? 

Pues no. No tengo un tiempo específico para dar la Vuelta al Mundo pero para hacerla hay que espabilar. El Mundo es muuuuuy grande… y la vida muy corta. Y sí, después del Monte Kenia no me dí suficiente tiempo para recuperar y hacer el Kilimanjaro pero eso lo sabes a toro pasado. No fue ese el único error que cometí ni la única circunstancia adversa que surgió. 

También podría haber dejado de hacer el Monte Kenia para concentrar esfuerzos en el mítico Kilimanjaro pero, la verdad, si me haces escoger entre uno u otro no sabría que decirte. El Kilimanjaro es el mito pero el Kenia es una verdadera belleza. No sé.

El Kenia y el Kilimanjaro están al lado y yo no me permito ir para atrás, entre otras razones por un tema económico. Así que… Lo intenté y no salió bien. No hay más. 

Mi reto es dar la Vuelta al Mundo, no subir ninguna montaña en particular. Habrán éxitos, habrán fracasos, cumpliré sueños y sufriré frustraciones, todo es vida y lo que quiero es vivir, aprender y crecer y, para eso, todo me vale y todo lo agradezco. El tiempo… el tiempo huye. 

¡Un abrazo Anna Maria!

P. D. Naturalmente, hace meses que escribí este post y ahora… «ESTO». Bien, todos los proyectos tendrán que esperar, los de muchos han quedado definitivamente truncados. Quizás aprendamos algo…. Acabemos cuanto antes. #QuedateEnCasa




Amigos Viajeros. Viajefilos.

Jose Luis Bauset ha creado con Viajefilos, no solo un blog de viajes, sino un foro, una casa
para viajeros donde compartir datos de interés. Cuidar todo eso tiene mérito. Solo los que
tenemos un blog de viaje sabemos la cantidad de horas que requiere para mantenerlo vivo.
El resultado de su experimento a mi me parece una guía muy útil para todos aquellos que
deseen organizar por sí mismos un viaje a un país determinado. Así como mis post son más bien lectura de viaje que guía, los suyos contienen un montòn de datos y recomendaciones que desbrozan la siempre complicada senda de organizar tu propio viaje.
¡Safe travels amigos!
———————-
Hola a todos, soy José Luis Bauset, médico de profesión y viajero por pasión, además de creador y administrador de viajefilos. No sabría decir cuando empezó esta afición pero si recuerdo como. Aquellos primeros años de juventud y adolescencia en que cualquier tren nos servía para desplazarnos y cargados con pesadas tiendas de campaña, algunas pocas latas de conservas y muchas ganas de pasarlo bien nos lanzábamos a la acampada libre, primero en pueblos cercanos de las sierras de Castellón y cada vez más lejos, en Pirineos o Asturias. Y digo por libre, porque eran épocas en las que solo hacia falta encontrar un lugar apetecible, montar tu tienda y disfrutar de la naturaleza y los amigos. Era viajar a tu aire, por tu cuenta, y supongo que de aquellas primeras experiencias nació esta adicción.
En el camino conocí a Carmen Capdepón, la otra mitad de mi vida y, por supuesto, de viajefilos. La que se encarga más que yo de buscar el mejor alojamiento, diseñar la mejor ruta, atar los tiempos antes de salir. Reconozco que soy «algo más dejado» para esos preliminares, pero con el tiempo me he dado cuenta de que son casi tan divertidos como el viaje en si mismo.
Con los años nuestros viajes por libre mejoraron en presupuesto, nunca llegaron a acercarse a los grandes fastos de otros viajeros y gustábamos de buscar hostels donde compartir experiencia y conversación con otros compañeros de viaje. Cada vez buscábamos destinos más alejados, más tiempo para recorrerlos, más insólitos si se quiere, pero nuestro espíritu seguía pensando que ese viajar por libre debía seguir siendo nuestra filosofía de viaje porque era la manera en la que disfrutábamos.
De esta pasión en la búsqueda de la mejor información y recomendaciones para montar nuestros viajes, nació la segunda de nuestras pasiones, el compartir lo vivido. Como dice nuestro lema «lo compartido nos sabe doble» y el volver y contarlo en nuestro blog «viajefilos», nos ayuda a rememorarlo, a contarlo y a pensar que ayudamos a otros viajeros a conocer el mundo.
Poco a poco, nuestra contagiosa pasión ha ido enganchando a nuevos amigos, gente que nos cuenta su experiencia en viajefilos, porque como podéis entender, un mismo viaje, un mismo destino, tiene mil visiones, tantas como viajeros. La compañía, la época, el presupuesto, la edad, las veces que lo hayas vivido, las experiencias previas… hacen que ese viaje sea totalmente diferente para distintos viajeros. Eso es lo que nos gusta y de lo que nos vanagloriamos en viajefilos, una pequeña red de amigos en la que cada uno aporta su visión, más o menos diferente, de un mismo lugar.
Ahí están nuestros dos secretos peor guardados: nos gusta viajar por libre, por nuestra cuenta a nuestro aire y nos gusta compartirlo, porque nos sabe el doble.
Tras ocho años compartiendo ya son más de 600 diarios de viaje los colgados en viajefilos, diarios porque nos gusta escribirlos como bitácoras, con todo lujo de detalles. Información útil para nuestros lectores y recuerdos visibles para nosotros mismos, que cada vez más olvidamos las cosas antes. Hemos recorrido gran parte de Sudamérica con la mochila, por tiempos largos y con el rumbo más o menos marcado, que no el tiempo; hemos disfrutado de gran parte del sudeste asiático y de las sonrisas de sus gentes, hemos cruzado Rusia a bordo del Transiberiano, seguido durante 40 días la Ruta de la Seda. Nos hemos atrevido con las selvas de Borneo, los bosques impenetrables de Uganda, los trekkings entre glaciares de Nueva Zelanda o las inhabitadas y enormes distancias de Australia. No sabría deciros con cual de todos me quedo y soy consciente de que en esa competición podrían entrar otros fabulosos destinos como Japón, Corea, Sri Lanka, India, Mongolia, China… o cualquier bonita ciudad europea.
Viajar es una de las mejores inversiones de la vida, hablar de viajes es infernalmente agotador y maravillosamente satisfactorio, escribir tus viajes es lo mejor que puedes hacer a la vuelta. En viajefilos te invitamos a compartirlo, ¿te animas?



A MI GUSTO. Gastronomía. Lo mejor de lo mejor del Mundo en carnes.

Lo mejor de lo mejor del Mundo en carnes. 

En el año 2.019 hice una lista de mis platos preferidos en el Mundo. Es Navidad y en estas fechas siempre me entra «salivera» así que he pensado en renovar esa lista y dividirla en carnes, pescados, bebidas y platos vegetarianos. Así me da para más porque en aquel post deje de mencionar demasiadas maravillas culinarias. 

Además, esta sección de A MI GUSTO es quizás la que queda más rápidamente desfasada porque yo voy viajando al ritmo de 10 a15 países al año y mis gustos cambian al mismo ritmo frenético.

Cada uno tendrá su lista de comidas y bebidas más exquisitas del Mundo. Esta es la mía…en cuanto a carnes. 

1.- Canelones catalanes de carn d’olla.

2.- Empanada argentina

3.- Tajine marroquí

4.- Jamón ibérico español

5.- Cordero lechal de Valladolid al horno.

6.- Pizza diávola italiana

7.- Bife de chorizo con papas. Argentina.

8.- Escalopa de pollo parmesana de Tasmania

9.- Carpaccio Harri’s Bar veneciano.

10.- .Lâu Chã y nems vietnamitas

Y aún hablando solo de carnes, he de reconocer que he hecho verdaderas piruetas mentales para confeccionar esta lista y me dejó un montòn de delicias que merecerían la declaración de Patrimonio de la Humanidad. La Escudella i Carn d’Olla, la Fabada asturiana, el “Rostit” de Festa Major… por decir algunas de las de cerquita. Perdón por los “olvidos”.

Continuará…

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Entre parentesis. Cuatro meses en África. No puede ser.

Lo sabía, sabía que este viaje por África oriental sería difícil. Lo ha sido. Desde Addis Abeba y las infestas poblaciones de Etiopía, hasta las llanuras masai en la falda de monte Suswa en Kenia, pasando por la alegre pobreza de la buena gente de Gurué en Mozambique y los barrios basurero de Antananarivo en Madagascar, África es un continente de castigo con una miseria que te entra en las entrañas como una bala. Y no es el único, ni mucho menos, porque Asia y América… Pero ahora hablo de África y no quiero hablar de su magnífica Naturaleza que lo es, ni de las aventuras vividas, que las ha habido. Quiero hablar de pobreza, de injusticia y de responsabilidades.

Creo que lo que Occidente ha hecho, hace y, sobre todo, no hace con África clama al cielo. Y ya no solo por lo que pasó en la época colonial con sus genocidios, esclavismo y expolio generalizado, sino porque no tiene ninguna lógica que esté Mundo este dividido en dos con unas diferencias de calidad de vida tan abismales. No puede ser, simplemente. Es obvio. Y no hay nada tan difícil de explicar como lo obvio.

Simplemente, no puede ser que en Occidente nos preocupemos de las vacas hasta el punto de ponerles música clásica para cuidar su bienestar y olvidemos a los seres humanos que malviven con un dólar al día en un país de este mismo Mundo.

Simplemente, no puede ser que en Occidente encontremos como lo más normal y lo mínimamente exigible un nivel de consumismo que, por ejemplo, lleve a nuestros hijos a tener ropa de marca, verano e invierno, a comer carne o pescado cada día y a llorar si no les compran un helado, y cualquier niño en África no tenga más que lo puesto, para el frío y para el calor, no sepa lo que es comer otra cosa que arroz, maíz y patata y tenga que trabajar duramente la tierra cuando todavía no levanta ni 4 palmos del suelo.

Simplemente, no puede ser que en Occidente proliferen como hongos las ONG y cuando viajas por estas tierras no ves, con rarísimas excepciones y salvo 4 héroes, ni una obra social de entidad con su nombre.

Simplemente, no puede ser que, por muy honesto y encomiable que sea el fin, montemos verdaderas guerras por temas políticos y no haya una entidad supranacional que obligue a los gobiernos a solucionar el tema de los refugiados y la obligatoriedad de paritaria cooperación internacional para la inmediata erradicación de la miseria y el hambre.

Simplemente, no puede ser este engaño de sistema montado para el provecho de políticos y grandes empresas sin que al ciudadano medio le suponga más que la pérdida de la vida en actividades que no sólo no aportan felicidad, sino que abocan a la ignorancia y el borreguismo. Nuestra generación perdida no ha servido para nada a nuestros jóvenes que, para ser hombres y mujeres “de provecho”, deben seguir nuestros tambaleante pasos. Lo dice la tele y lo decimos hasta nosotros. Hay que tener éxito en la vida, hay que conseguir individualmente un nivel de vida alto, hay que consumir. África no existe.

Simplemente no puede ser que existan gobiernos, reyes y religiones desde el principio de los tiempos y en nuestro Mundo no haya un mínimo, minimísimo de calidad de vida para cualquier ser humano, uno a uno y en colectivos.

Simplemente, esto no puede ser. Mirarse tanto el ombligo produce ceguera. Yo he querido ver y cuesta esfuerzo pero cualquiera puede hacerlo. Aunque solo sea ver un poquito. Abrir un resquicio de la puerta que nos acomoda en nuestra poltrona. Y es cierto que lo que he visto no me gusta nada, me angustia e incluso me avergüenza. Cuando ves lo que hay aquí y piensas que hay gente que tiene dinero como para comprarse un club de fútbol se te revuelve el estomago. Es indecente lo mires como lo mires.

Un día oí en la tele que una voz gritaba: ”La oportunidad de tu vida! “. Claro, me tensé y preste atención esperanzado. Resultó que era un coche. ¡No te jode! Esa es nuestra mentalidad. Y, simplemente, no puede ser.

En Occidente, la frase que más repetimos a los demás y a nosotros mismos es: “Qué menos que….”, siempre referido a nosotros mismos. Nuestros “pequeños” placeres son sagrados. Pero es que resulta que son muchos y no son pequeños. Ni mucho menos.

Yo no soy nadie y no tengo una solución. Tampoco creo que sea mi obligación ni creo tener la capacidad para ello. Existe mucha gente y muy sesuda cobrando para eso. Yo solo puedo informar de lo que veo y dar mi opinión. Escolarización, planificación familiar, mínimos sanitarios… Es como si a África se la diera como caso perdido. Aquí no vienen a veranear los capitostes europeos, americanos, rusos o katarís. Un safari quizás, a ver animalitos con el niño y la niña bien alimentados que van para empresarios de éxito,… A Zanzibar con la pareja, sin salir de la playa y el 4×4 no vaya a ser que les ataquen las tribus salvajes.

No sé. Mi blog es solo el testimonio de un peregrinaje por la Tierra. Lo que se ve y se cuenta puede muy bien no ser aceptado por mentes burguesas enterradas en confort por lo que las reacciones pueden salir por cualquier lado. La mente tiene su instinto de supervivencia. El modo occidental de vivir ya es imposible e indecente pero la gente se aferrará a él aún matando al mensajero.

Sea como sea, lo de África duele. Aquí Occidente robó lo que pudo a manos llenas, montó las infraestructuras para seguir desangrando lo que se pudiera y nos fuimos. España se dedicó más a otros lares, con notable “éxito”, pero franceses, ingleses, portugueses y alemanes aquí se montaron una bacanal de miedo. Y nunca jamás lo han reconocido ni han devuelto nada en forma alguna. Ni siquiera en cariño y comprensión. Eran cosas de otros tiempos. No tenemos ninguna responsabilidad.

Ahora, además, utilizamos a los africanos de mercado de tercera o cuarta mano de saldos de desecho y sostenemos a políticos corruptos con la única condición de que “se porten bien estratégicamente” con alguno de los bloques ricos. Y de venirse para Europa ni pensarlo. Que se mueran en el mar. Y ahora le toca al capital chino que se están tirando al ruedo vestido de luces con arte y poderío con cuadrilla negra muy engalanada.

Simplemente, no puede ser, pero ¿Qué voy a hacer yo? Qué vas a hacer tu? No sé. Todo está atado y bien atado por todos lados. Por mi parte, aquí ya he visto más de lo que quisiera y habrá que ir plegando velas con la cabeza gacha, la conciencia intranquila y el espíritu destemplado. Me voy… No sé qué hago aquí. En África ya no queda ni Tarzán.




Sudàfrica (y 3) Hermanus. Ballenas. TIc, tac, tic, tac…

Pues heme aquí, en Hermanus. 

Decía que la nostalgia me estaba ya mordisqueando. Voy para los 150 días de viaje y empiezan a pesar. Noviembre es un magnífico mes en casa. Todavía hay días soleados aunque frescos, y por la noche hay que encender el fuego. Si hay temporal de Levante o Tramontana, el viento azota las paredes, no hay nadie en la cala y el ambiente dentro de la casa es de una magnífica calidez salvaje que sublima cualquier emoción o sentimiento, desde la felicidad hasta la tristeza, desde el amor a la soledad. Una botella de vino y unas costillas de cordero a la brasa con una tostada de pan con tomate pueden elevarte ya al séptimo cielo.

¡Qué lejos estoy!

Hermanus es un pueblo de playa, como el mio, y es famoso porque, desde los caminos de su costa, de junio a noviembre se pueden avistar ballenas francas australes que se instalan aquí para reproducirse y alimentarse. Yo las vi en Puerto Pirámides, en Argentina, y son un espectáculo. Verlas otra vez sería un verdadero broche de oro para mi periplo africano pero tampoco me voy a esforzar mucho. Lo que quiero es dar largos paseos fuera de la ciudad en un lugar tranquilo y Hermanus tiene pinta de eso.

Tras muchas investigaciones y gestiones parece ser que, para llegar a Hermanus, he de tomar un bus a Caledon y, de allí, un taxi a destino. El viaje es rápido y agradable, con un paisaje que me resulta muy neozelandés, con enormes extensiones de pasto para ovejas y viñedos rodeados de montañas.

A las 11.30 llego a Hermanus, un pueblo de lo más insulso como tal que, si las ballenas decidieran pasar de largo, perdería un buen cacho de su atractivo turístico y consecuentes ingresos. Naturalmente, hay varios monumentos a los cetáceos y numerosas agencias y alojamientos que exprimen el asunto ofreciendo todo tipo de actividades alrededor de estos animales y del pariente violento que también habita por estas aguas: el tiburón blanco. A las ballenas las puedes ver en barco, en excursiones a pie, en helicóptero, nadando, en kayak y supongo que si te empeñas, y pagas, hasta en camello. Al tiburón blanco solo en una jaula reforzada. Quizás también buceando, pero eso ya es para gente “especial”. Servidor, en cuanto al tiburón pasa olímpicamente de lo uno y de lo otro y, en cuanto a las ballenas, solo las veré si deciden asomar el morro, o la cola, en alguno de los paseos que pienso hacer de una punta a otra de la costa.

Pero además, aquí también hay un Parque Natural, el Frenkloof, y unas montañas estupendas, las Kleinrivier, con una red de senderos que no me la acabo ni en una semana así que he acertado totalmente el lugar donde pasar mis últimos días africanos.

Un paseo para ubicarme, un fish&chips y, después de dejar las cosas en el hostel empiezo los paseos. Primero, la costa.

Me ha parecido todo bastante poco natural. Un sendero emporlanado con gracia, pero emporlanado, y gente sentada en las rocas esperando la actuación de las ballenas. Incluso me ha parecido ver en el horizonte una aleta-mano con el índice levantado enviando a tomar viento al público asistente. Serán cosas mías. Suerte que aquí es como nuestro final de primavera, entre semana, y no hay mucha gente. En temporada alta debe ser horripilante. La costa… bonita. Sin más. Como las ballenas no se dignan a venir, unos animales con pinta de simpáticos, tipo ardilla gorda sin cola, les hacen de teloneros y van apareciendo durante todo el paseo por el sendero. Aquí les llaman klipdassie y son los hyrax rock que ya me había encontrado subiendo al Monte Kenia.  Bichos viajeros, como yo. 

Unas líneas sobre blancos y negros. Mandela debió hacer un montón por los derechos civiles de los negros sudafricanos, pero tengo la impresión que nacer negro aquí sigue siendo un mal negocio. Obras, cocinas y servicios en general, son trabajos de negros con contadas excepciones, mientras que el comercio, industria, finanzas y latifundios agrícolas y ganaderos es cosa de blancos. Vamos, que el negro es el que sirve y el blanco el cliente y jefe. Y, como ya he dicho, hay por las calles un montòn de vagabundos pobres de solemnidad y el 99% son negros. Ya no se les llama esclavos pero no sé yo… Esto de la libertad es muy relativo. Quizás falta todavía una generación. 

Hoy haré montaña. El día está llorón pero a las 10.30 parece que aclara. Sigo el sendero que me marcan en el hostel y que recorre toda la falda de las Kleinrivier, unas montañas peladas que no dejan de tener atractivo. Después de 1 hora de pasear sin desnivel, veo un letrero que marca la dirección a la cima del Lemoenkop y, como a mi la palabra “cima” siempre me tira, me desvío del sendero y voy hacia arriba. Es una montaña pequeña pero con vistas a toda Walker Bay. Bajo otra vez a reencontrar el sendero que recorro sin ver ni un alma en toda la caminata. El paraje es agreste y con unas flores que parece de otro planeta. Unas parecen bombones de chocolate blanco, otras la explosión de fuegos artificiales, otras frutas cortadas en forma floral… Se me va la imaginación. Disfruto.

Voy a parar a la costa y me encuentro con el final de Cliff Path, el sendero por el que caminé ayer. Ya llevo 4 horas pateando. Parada de una horita para descansar y comer un par de sandwiches que me he preparado esta mañana. Por allí, costeando, vuelvo a Hermanus, hoy también sin ver asomo de ballenas… peeeeero… , a medio camino, a lo lejos una enorme ballena pega un salto sacando más de medio cuerpo del agua. Me quedo de piedra. No me lo esperaba. Otro salto más y ya solo asoman un par de veces las cabezotas. Parece que son dos. No hay tiempo para foto, apenas un punto negro en el océano, pero tengo la imagen. Su libertad me hace feliz.

La excursión ha sido chula y con este final más. Casi 7 horas. Me ha pasado el día volando. Como siempre, en realidad. El reloj no da tregua, cae el sol y ya se va este brumoso día que se acumula a los otros días, semanas, meses y años que van pasando a paletadas sin casi darme cuenta. Quiero ser muy consciente de cada día que empieza y cada día que acaba. Son regalos de valor incalculable. A saber cuantos quedan. Yo cada día me despierto con el mismo sonido: tic, tac, tic, tac… Y con eso, vuelo. 

Mañana vuelvo a Cape Town, duermo un poco y a las 7.30 a. m. avión a Johannesburgo y, de ahí, a Buenos Aires. Diez días con amigos a descansar. Mi viaje por África ha terminado. Viniendo de Turquía, desde Addis Abeba a Cape Town,  casi 7.000 kilómetros por este continente indefinible, 111 días de emociones y experiencias que no olvidaré nunca. Ha sido… mucho. Las montañas Semien, Denakil, Harar, Suswa, el Monte Kenia, el Kilimanjaro, los perros de Gorué, las chapas mozambiqueñas, los niños basureros de Antananarivo… y hasta aquí he llegado.

Sí, necesito descansar. De cuerpo y alma. Buenos Aires me espera.

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Sudáfrica (2) Ciudad del Cabo. Cabeza de León.

Al igual que Japón en relación con Asia, Sudáfrica sólo es África geográficamente, pero come aparte. Tres de los 10 hombres más ricos del continente es sudafricano, aunque 12 de los 52 millones de sudafricanos pasan hambre.

Zulúes, minas de diamantes, la Guerra de los bóers, apartheid, rugby, Mandela, ballenas y tiburones blancos…. Sudáfrica es quizás el país más interesante y rico del continente negro, no solo económicamente, si no en todos los sentidos.  

Sudáfrica es la cabeza del león africano.

Las botas nuevas se resisten y continúan con su rebelde dureza. No parecen conformadas con su destino y me están dando bambú, pero espero que, poco a poco, se vayan ilusionando con nuestro porvenir que promete aventura. Es cierto que les ha tocado el gordo y van a tener que currar pero con resistirse así de farrucas no arreglarán nada.

He venido a parar a Ciudad del Cabo porque tenía que pasar por Sudáfrica, sí o sí, para cruzar el charco y plantarme en Sudamérica. Y ya que he de pasar, hago un alto en el camino, me quedo una semana y aprovecho para conocer Cape Town y alrededores. Una de las primeras normas del viajero es aprovechar las escalas. Yo, encantado.

Me reencuentro con los hóstels. En África casi no hay alojamientos con habitaciones compartidas porque no hay suficiente turismo pero aquí ya sí. Y la primera en la frente: en la cama de abajo me toca un elemento que ronca como un volcán en erupción. ¿Que se le va a hacer? … Pues tapones.

Cape Town es una ciudad pequeña y atractiva. Hoy es domingo y da gusto deambular. Muy especial el mercado de artesanías africanas de Green Square, con un montón de homeless y actuaciones callejeras indígenas como no he visto en ningún otro mercado del Mundo. Todo Cape Town está lleno de vagabundos salvo el barrio portuario de ricos, Waterfront, un lugar entre Puerto Maduro de Buenos Aires y el Maremagnum de Barcelona, con casas y apartamentos exclusivos y, como quien dice, el yate en la puerta. El barrio malayo de Bo Kaap, el Ayuntamiento, Long Street…

Me sorprende el alto índice de obesidad, sobre todo entre las mujeres negras. Impresionantes mujeracas con vistosos colores en sus vestimentas campan por la ciudad moviéndose como hipopótamos con swing africano. Aquí se impone la comida basura por goleada. Un espectáculo.

Lo que más me atrae de Cape Town es subir a Table Mountain, la montaña enseña de la ciudad y Parque Nacional, de 1.086 metros sobre el nivel del mar y con una cima plana de 3 km. Hay un teleférico que te sube cómodamente para hacer la foto de las vistas a la ciudad pero la gracia está en subirla a pata. Desde Waterfront la imagen de la Montaña de la Mesa impresiona. Mañana voy para allá.

El día despierta nublado y frío. Me dicen en la caseta de información del Parque que hoy la cima ni se me ocurra. Me advierten que ni siquiera hay servicio de rescate. Tampoco sale el teleférico. Realmente arriba no se ve nada y llovizna suave pero con constancia y me conformo con un sendero que rodea la montaña.

El recorrido alternativo no es ajo y agua sino un bonito camino que me lleva encima de un pueblo de playa. Me gustan las playas en invierno así que me bajo allí. Se llama Camps Bay y no hay nadie. Huele a mar de invierno. Me recuerda a mi casa y la nostalgia me muerde los tobillos. Un paseo y me vuelvo a la ciudad en autobús. Son ya las 2 de la tarde y no tengo más remedio que invitarme a un plato combinado de pescado para quitarme el disgusto de no haber podido hacer cima en Table Mountain. Además Cape Town tiene fama de buen pescado y un viajero no puede obviar algo culturalmente tan interesante. Delicioso.

Todavía a las 4 de la tarde está la cima de Table Mountain totalmente sumergida en niebla. He hecho bien en no subir. Si mañana mejorara el tiempo lo volvería a intentar. Hace una tarde oscura para encerrarse en el hostel y no salir. Y me duelen los pies de las botas nuevas. Me empieza a preocupar.

El nuevo día es soleado pero con viento fuerte. Me voy a preguntar a los del Parque y me dicen que hoy es todavía más peligroso que ayer. Los vientos con rachas de 40 km/hora me llevan en volandas. Con lo que he perdido de peso tengo medidas de niño inflable pinchado. El Kilimanjaro me ha enseñado un montòn sobre prudencia. Las montañas hay que subirlas con condiciones climatológicas en principio favorables. Ya se encargará el destino de plantear dificultades añadidas. Sé sufrir, pero no viajo para eso.

Replanteo y me traslado a la hermana pequeña de Table, Lion Head, de 650 mtrs, mucho más resguardada del viento por la propia Table. Lion Head, «Cabeza de León» precisamente. La primera media hora de subidita es tranquila, con vistas a la costa que ayer pateaba y apta para todos los públicos de menos de 120 kg y forma física decente pero, la última media hora, hasta la cima, se encabrona y es escalada pura y dura con la ayuda de alguna baranda de cadena, una decena de agarraderas y un par de escaleras. Ojito. Muy chulo.

Estoy al lado del Cabo de Buena Esperanza pero me dicen que está abarrotado de turistas. No tengo obligación de visitar nada especial, solo vivo viajando. Para ir a ver el famoso faro, si no tienes coche hay que apuntarse a un tour y no tengo el cuerpo para eso. Cada vez tengo más claro que no hay que encelarse por ir a los lugares “míticos”. Si se da el caso sí y, si no, pues a otra cosa. Me explicaba un guía de montaña de Zaragoza que el Monte Perdido está a petar de gente subiéndolo y que, en cambio, al ladito hay otros 3 ó 4 tresmiles fantásticos que, como no tienen nombre rimbombante, los subes en absoluta paz y silencio solo contigo mismo. A mi la paz y el silencio me hacen falta para respirar. Así que paso del Cabo y me voy a Hermanus… A ver si tengo suerte y veo ballenas.

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Sudáfrica (1) Memorias de Sudáfrica. Kruger National Park. Monsieur Bombón y Bomboncete.

Hace casi 20 años, en el despacho me llamaban «Monsieur Bombón» . El mote venía de los niños africanos de la zona francófona, especialmente Senegal, Burkina Fasso y Malí que, cuando ven un blanco, le piden caramelos al grito de “¡Monsieur, bombòn, Monsieur, bombón! “. Y cuando viajaba con mi hijo Ramón, la broma era llamarnos Monsieur Bombón y Bomboncete. «Las Aventuras de Monsieur Bombón y Bomboncete», decían.

Supongo que me va a caer una bronca de mi hijo, ya adultísimo ahora, por explicar estas intimidades familiares.

Con Ramón, y antes de que cumpliera la primera decena de años de su vida, hemos ido a Disneyland París a saludar a Mickey Mouse, a buscar al verdadero Papa Noel a Laponia, a la boda bereber de unos amigos en Marruecos, a la Zona 0 de Nueva York a rendir homenaje a los bomberos fallecidos en los atentados del 11 de Septiembre del 2.001, a ver osos panda a China, a visitar el Tívoli y Legoland en Dinamarca…

Y creo que Bomboncete tenía 7 u 8 años cuando viajamos a Sudáfrica. Nuestro «objetivo» principal era intentar ver un rinoceronte blanco en libertad en el Parque Kruger.

La verdad es que, mirado ahora, a toro pasado, con la perspectiva que da siempre el tiempo, ir con un coche alquilado de lo más normal por el Parque Kruger, con animales salvajes en libertad por todos lados, solo con tu hijo de 8 años, es echarle narices, pero la aventura fue inconmensurable y, para un niño, algo así como vivir desde dentro una película de Tarzán. Aventura de verdad, sin trampa ni cartón.

Ahora, cuando hablamos de nuestros viajes en su niñez, me dice que le da pena no acordarse de la mitad de las cosas que vivimos. Es normal, era muy pequeño, pero seguro que aquellos viajes forjaron al hombre que es ahora, lo note él o no y, desde luego, tienen toda la culpa de nuestra relación, ahora ya más de compañeros y amigos que de padre e hijo.

Él no recuerda, por ejemplo, que nos apuntamos a una  salida nocturna en un camión 4×4, con guardias armados, para ver a los animales más complicados de localizar y así fue como, en medio de la carretera, encontramos a una pareja de leones en pleno «ejercicio» sexual. Ramón me pregunto que estaban haciendo y tuve que recurrir al tópico: “Están haciendo un leoncito”. Gracias al cielo, porque me estaba entrando un complejo de voyeur desagradable, aquello duro poco y seguimos nuestro camino. Ramón protestó amargamente porque no nos quedábamos a ver nacer al bebé león.

Tampoco recuerda el momento álgido de aquel viaje. Aquella noche habíamos dormido en un campamento de habitaciones con forma de chozas. El alucinaba de los monos ladrones que merodeaban por el campamento y que, a la que te descuidabas, te quitaban hasta la gorra. Pero sobre todo quedó impresionado, y yo también, cuando, después de desayunar, una bandada de elefantes se lanzó hacia el lodge dando berridos. «Barritando», para los màs puristas. Ni idea de lo qué debió provocar esa estampida pero, si no llegamos a estar protegidos por vallas, hubieran arrasado con todo. Pero eso fué sòlo el prólogo. 

Era ya el tercer y último día en el Kruger y, mosqueados por la experiencia, nos subimos a nuestro cochecillo y conduje por el Parque rumbo al próximo campamento cuando, por fin, a unos 200 metros, vimos un rinoceronte blanco solitario comiendo hierba tranquilamente. Yo paro el coche para no asustarlo y empiezo a hacer fotos mientras Ramón saca excitado la cabecilla por la ventana.

Y el rinoceronte se cabreó. O se pensó que le vacilaba o le retaba o me ponía chulo, qué sé yo. Empezó a dar golpes y arañar el suelo con una pata como cogiendo carrerilla, mirándonos y moviendo la cabeza de un lado a otro. Como a buen entendedor pocas palabras bastan, yo le doy a la llave para largarnos y el motor no arranca. Como si se hubiera vaciado la batería totalmente. Angustia. El rinoceronte se cabrea más y empieza a venir al trote hacia nosotros. Le grito a Ramón que cierre la ventana al mismo tiempo que recuerdo que el que llevo es un coche de construcción americana y que sólo se enciende si aprietas el embrague. Justo a tiempo. Acelero y veo por el retrovisor al rinoceronte corriendo detrás pero ya cada vez más lejos. Esta última imagen la recuerdo como si fuera ayer. Para no olvidar.

Ramón estaba excitado y divertido. No tenía conciencia del peligro que corrimos pero yo sí. Pasé mucho miedo. El rinoceronte era casi tan grande como nuestro coche y, si nos embiste, por lo menos nos deja en la carretera de cabezas para abajo hasta que vengan a rescatarnos. Y eso si no lo revienta todo.

Ahora la bronca me caerá de la madre de Ramón a la que nunca expliqué la «anécdota». Si se lo explico entonces hubiera sido capaz de no dejármelo llevar nunca de viaje más lejos de Zaragoza.

Yo no sé como estará ahora regulado el Parque pero, en aquel entonces, en cuanto salías de los campamentos, poca seguridad había. Te decían que no bajaras del coche más que en las zonas habilitadas y nada más. A tu aire.

Aquella noche en la cena y, después, en la habitación, no paramos de hablar sobreexcitados. Todo el viaje había sido una película, habíamos visto a los “5 grandes”, habíamos encontrado, y nos había atacado, “nuestro” rinoceronte blanco, una bandada de elefantes había embestido nuestro lodge, habíamos comido cocodrilo y mono… ¡Qué màs se puede pedir!

Yo no he olvidado nada de aquellos viajes y es que, en realidad, yo disfrutaba siempre mucho más que él. Experimentar y sentir tantas cosas extra ordinarias con tu hijo es un privilegio impagable y ver sus caras de alegría, emoción, miedo, sorpresa y un larguísimo etcétera de sensaciones, es, sin duda, lo mejor que he vivido.

Y, con alguna cana más, y esta vez solo, aquí estoy de nuevo: Sudáfrica.

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Cajon de Sastre. Los colores de África.

Accede a la galería al completo, haciendo click en las imágenes.

 




A MI GUSTO. Los 10 mejores destinos de África.

Los 10 mejores destinos de África

África es la Gran Desconocida. Es el continente más difícil para viajar por muchas razones y, por tanto, el menos visitado. Yo no conozco ni la mitad de África. Apenas 15 países de los más de 50 que la componen.

Dejaré el número 10 en blanco porque, desde luego, volveré. De lo que he visto hasta ahora, mis destinos preferidos son estos:

 

1.- Ouarzazate (Marruecos)

2.- País Dogon (Mali)

3.- Sharm el Seik (Egipto)

4.- Parque Kruger (Sudáfrica)

5.- Monte Kenia (Kenia)

6.- Monte Kilimanjaro (Tanzania)

7.- País Bassari. (Senegal)

8.- Gurué (Mozambique)

9.- Ambalavao (Madagascar)

10.-

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Recomendaciones del mes. Octubre 2.019. Mozambique y Madagascar.

EQUIPO. – Nuevas piezas marca NF  (“No te Fijes”). Refuerzos para la sección FRIO.

TRANSPORTE. – Dificilísimo el transporte en Mozambique. Las chapas son horribles. Atiborradas, sucias, sin mantenimiento alguno, incomodísimas, kamikazes… Lo jodido es que hay muy poca alternativa.

Las barcas chapa, para ir a las islas, son una variante… acongojante. Estas no pisan suelo firme.

En Madagascar los taxi brousse son mas de lo mismo pero aquí si hay alternativas. Varias compañías como Cotisse tienen micro-buses algo mas cómodos. Siempre hay que intentar reservar el asiento de ventanilla al lado del conductor.

ALOJAMIENTO.- Un lujazo, en Isla Mozambique, el Patio dos quintalinhos, Casa do Gabriele. La piscina, con las calores que hacen en la Isla se agradece un montón.

En Pemba, el Russell’s Place, Magic Pemba Lodge, es un chollo si se consigue una cama en el dormitorio común. Buena comida en el bar.

En Ibo me gustó el Miti Miwiri. Se puede conseguir buen precio fuera de temporada.

En la capital de Madagascar, Antananarivo, Maison Lovasoa es tranquilo, agradable y a buen precio. Restaurante flojo.

El Camp Catta es un buen campamento en el valle Tsaranoro como base para hacer caminatas sencillas.

GASTRONOMIA.- En el Pemba Magic Lodge, Russell Place, se come muy rebien. El plato de “frutos de mar”, con langosta y todo, está muy bueno y el atún a la plancha más.

En Ilha Moçambique hay que ir al chiringuito Mariamo y sacudirse entre pecho y espalda un “peixe petra” con arroz y patatas fritas.

En Ibo, preguntad por unas casas de comidas llamadas Chico’s y, sobre todo Benjamin’s. Si reserváis, entrareis en verdaderas casas del pueblo, probareis comida realmente local y ahorrareis dinero porque los lodges son careros. Además, veréis Ibo de noche, absolutamente seguro, y os llevaréis imágenes impagables.

El mestizaje de las calles de Antananarivio, la capital de Madagascar, se refleja también en su gastronomía y puedes, al mediodía, comer nems coreanos y arroz cantonés y, por la noche, cenar un festín de carnes al más puro estilo argentino o brasileño o un menú con pretensiones de nouvelle cousine en un bistro de convincente aire afrancesado. Curioso el Carnivore, una experiencia. Buffete de carnes. Un hartón de carnes. Un día es un día.

En Ambalavao, Hotel Bougainvillees. Recomendado como restaurante y como alojamiento pero las habitaciones son un poco caras. Desayuno pantagruéluco. Algo mas barato, Residence Betsileo.

Dos especialidades malagaches recomendadas: Ravitoto, una especie de pesto de acelgas con carne, y Saramasu, algo así como un potaje de judías con lo que quieras. El de salchichas está muy bueno. Siempre con prudencia la primera vez.

TREKK.- Cualquier paseo por las montañas de Gorué es una gozada. Me quedé con las ganas de subir el Monte Namuli.

En Madagascar una visita a un poblado zafimaniry es un trekk bonito, barato e interesante.

PUEBLO/CIUDAD.- Antananarivo es la única capital de África oriental con encanto. Pasead sin miedo, pero ojo con los carteristas en mercados y estaciones. 

INTERNET.- En la red hay un blog, alasyviento.es, la mar de interesante como lectura viajera. Pesa mucho menos que un libro, te hace pasar el rato y da ideas. ¡Toma autobombo! 

VARIOS.- No hay. 

MENCIÓN ESPECIAL.- Benjamín, en la isla de Ibo, es un guía local que organiza excursiones por el archipiélago a buen precio. Regatead. Es una buena alternativa, más sencilla y básica, a los tours que organizan los lodges. Auténtico. 

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Madagascar (y 5) Tulear. Playas de Ifaty. El otro lado.

Ahora… playa.

Ifaty no me impresiona porque yo vivo, o vivía, en la playa que es, o era, la más bonita del Mundo. Vale, si no la más, una de las mas bonitas del Mundo, una pequeña cala en el noreste de Catalunya, en la Costa Brava, que era un auténtico vergel. Allí nos soltaban al acabar el colegio hasta que volvíamos a empezar, 3 meses después. Vivíamos en la Naturaleza como salvajillos jugando, pescando, nadando, haciendo excursiones por el bosque… He tenido una infancia maravillosa.

Me da pena cuando ahora veo a los niños en bicicleta con más protecciones que un gladiador romano, seguidos a pocos pasos de su mamá angustiada por el peligro que está corriendo el principito. A la mía yo la veía para comer y cenar… a veces. Y mira que hacíamos animaladas. No acababa un verano con el cuerpo entero. Pero eso es otra historia.

Hoy esa playa, Sa Riera, Begur, sigue siendo bonita, pero ya no es un paraíso. En el mar ya hay muy poca vida y el bosque ha sido diezmado por una voracidad urbanística descerebradamente avariciosa. Y no es una excepción porque veo que pasa en todo el Mundo. Tenemos el dudosísimo honor de ser la primera generación en la Historia que lega a sus hijos un Mundo peor que el que recibimos de nuestros padres.

¿Culpables? Desde luego algunos políticos y empresarios deberían ser crucificados en las plazas de los pueblos y ciudades por ladrones a mano armada y bolsillo lleno, pero culpables somos todos. Unos más y otros menos, unos por acción y otros por omisión, unos por negligencia y otros por mala fé, pero todos somos culpables y, en el fondo o en la superficie, todos lo sabemos.

¿Qué vamos a hacer al respecto?

Se supone que el microbus, que sale de Antananarivo hacia Tulear, nos recogerá en el hotel de Ambositra a las 8 de la tarde. Aparece a las 11.45. Normal. Nos quedan por delante mas de 500 km de carretera africana. El conductor nos ameniza la velada con una radionovela malgache que me taladra el cerebro, pero la noche pasa. Por la mañana ya me cabreo y le digo al conductor que ponga música. ¡Y lo hace! Es curioso pero, si el blanco no tiene miedo y se pone serio, aquí todavía hacen caso. Por lo menos si no va vestido de turista bwana, no va haciendo ostentaciones de riqueza, no calza Adidas con calcetines blancos y no se pone tonto fotografiando todo lo que se menea y lo que no se menea. 

Con la música cambia el ambiente y, aunque el viaje es pesado como una losa, disfrutamos de las vistas de montañas, estepas, llanuras, baobabs… Paradas en típicos míseros pueblos de carretera para desayunar, comer e ir dejando pasajeros y a las 17.30 llegamos a Tulear. De ahí un coche hasta el hotel de Ifaty mientras se pone el sol.

Tulear lo pisamos unicamente para ver que está abarrotado de pousse pousse, pero estos con pedales, supongo que la versión «humanizada» de los vistos hasta ahora.

En el alojamiento de Ifaty me he gastado las pelas. Ninguna barbaridad, pero me apetecía darnos un lujo. Han sido casi 18 horas de viaje por el África mas real y ahora nos regalamos un par de días del África que, convenientemente limpita, potabilizada y empaquetada, con cajita y lacito, se compra relativamente barata como objeto de consumo occidental para conocer la Naturaleza africana sin agobios. Es meterme en «El otro lado» de lo que he vivido hasta ahora. Nada espectacular, solo un resort sin agresividad con el medio, una habitación chula, piscinita, primera linea de mar, restaurante con los pies en la arena…

Ifati es, por lo que veo, lo ya visto: poblados de chozas enclavados en la arena, cerca de la carretera, y resorts mas o menos lujosillos a pie de playa para el turismo. 

Nuestro día empieza con una delicatessen de desayuno con mermelada, miel de baobab, polvo de chocolate, creps, zumo y ensalada de frutas, y nos vamos a hacer snorkeling al Massif des Roses, una zona marítima protegida.

El snorkeling resulta agradable, con una bonita masa coralina aunque poca vida. Me explican que los chinos ponen con grandes barcos redes tupidas de 15 km de largo en el Canal de Mozambique y están acabando con todo. Lo dicho:  «En todos lados cuecen habas y, en algunos, a calderadas»

Sea como sea, encontramos un pescador local que se ha montado una cocina detrás de unas chozas y… ¡Bingo! Langosta y pescado a la barbacoa. Un dia es un dia, Éste se acaba con sesiòn de piscina y remoloneo general.

Y para rematar la faena, al día siguiente una visita a la Reserva Natural de Reinala para ver baobabs, tortugas y lemures y un avión de vuelta a Tana.

A pesar de que, para mi gusto, hay un poco demasiado de sobrepeso de carne rusa y de francés más que madurito, incluso un poco podridito, con jovencita negra enamorada del amor, desde luego he disfrutado mucho de nuestro regalo en «El otro lado». La vida es una caminata de cuatro pasos y, por suerte, un montòn de suerte, nos podemos permitir quitarnos las botas apretadas de vez en cuando, con prudencia y agradecimiento. Por si alguien lo creía, mi conciencia social y ecológica no significa que sea partidario del autoflagelamiento. Vivo sencillo porque así soy feliz, no porque mis convicciones me obliguen al cilicio vital para hacerme perdonar mi condición de privilegio en el Mundo. Y mucho más si estos momentos los puedo compartir con personas a las que quiero, como es el caso.

Estos días con mi hijo han resultado un viaje completo a pesar de que solo teniamos 10 días, 8 en realidad si quitamos la ida y vuelta en avión. Hemos visto ciudad, la capital, montaña y playa, hemos hecho trekking y snorkling, hemos viajado por tierra, mar y aire, hemos visto lemures, tortugas y camaleones, hemos probado gastronomía local e internacional, hemos vivido algo mas que un poco del África descarnada que horroriza al blanco y algo del África maquillada que le seduce…

Me he convertido, de tanto viajar, en una Agencia de Viajes con patas. Este “tour” que he inventado para los dos podría llamarse “Madagascar express”. Hemos tenido además tiempo para conversar y ponernos al día de nuestras vidas, circunstancias, proyectos y pensamientos,…

Desde luego ha sido muy corto, muy, muy cortito. Ramón ahora vuelve a casa y yo sigo hacia mi última etapa en el continente negro: Sudáfrica.

No voy a ponerme triste, no voy a pensar ni escribir nada mas… Hasta la próxima hijo. Se feliz. Es una orden. 

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Madagascar (4) Ambositra. Los Zafimaniry. Siglo XXI.

De vuelta a Tana, viaje nocturno agradable en una furgo cómoda, esta vez en el amplio asiento al lado del conductor y disfrutando buena música malgache. En África hay muchísima música de calidad, con unas voces insuperables, ritmos atávicos, coros e instrumentos con una musicalidad muy especial. Desde luego, la banda sonora de este viaje por África ha sido de Oscar

Consejo de viajero. Entretenimientos.

Quizás es más una opinión que un consejo. Es cierto que en viaje hay muchos ratos muertos y ponerte música, llevarte un libro o bajarte películas o series es una manera de llenarlos pero, pero, peeeeero… Se debe escoger bien porque he visto cosas que hay para hacerse cruces. A ver como lo explico: Es respetable que te guste el pan de pizza cortado en forma de rosa con sardinas, piña, queso gruyere y jalapeños todo acompañado de mahonesa… pero eso no es pizza. Pues lo mismo, un viaje por África escuchando con los cascos a Enrique Iglesias, leyendo a ratos una novela de Agatha Christie y, después de cenar, poniéndote al día de Juego de Tronos, no es un viaje por África. Vamos, digo yo. Te vas a perder demasiadas cosas. Creo que hemos olvidado que el “aburrimiento” es una puerta al descubrimiento.

Ya ansioso por pasar estos días con Ramón. Está vez le he preparado un viaje tranquilo que a mi también me conviene. En diciembre pasado, en Tasmania, lo machaqué y me maldijo los huesos. Pero haremos cosas. ¡Tú dirás! Un poquito de todo. Playita y montaña guapas, sí, pero la miseria africana no cabe bajo la alfombra.

Hoy es mi cumple, 2 de Noviembre. Dos regalos: mi compañero de fatigas viajeras y las botas nuevas que le he pedido que me traiga. Justo a tiempo. Éstas me han durado 10 meses, pobrecillas mías. Están como si les hubiera pasado una apisonadora por encima.

Ramón llega a las 3 de la tarde y sólo nos da para visitar Tana,  una cena de homenaje cumpleañero, a dormir prontito y nos vamos de buena mañana hacia Ambositra.

Son 7 horas de viaje cómodo y, una vez instalados en el alojamiento, vuelta de reconocimiento… Otro pueblo betsileo con mezcolanza étnica varia. Me sorprenden lo que aquí llaman «pousse pousse», carros de 2 ruedas de tracción humana que en India son los «rickshaw», el sistema de supervivencia de la casta de los parias. Aquí no hay industria de ningún tipo, la agricultura y la ganadería no da para todos, el comercio necesita una pequeña inversión y la gente ha de ganarse la vida como puede. No podría subirme nunca a uno de «esos». Me parece indigno sentarme a que un ser humano haga de animal de carga y me transporte. Indigno e indignante. Es algo que sólo se le puede ocurrir a la especie humana.

Por lo demás, lo mismo y más. Casas que hablan de un pasado mejor,  preciosas iglesias para las que los tiempos son siempre buenos «y ahí me las den todas», pobreza, suciedad y negros cada vez más oscuros. Pruebo para cenar un vino local. Es como sangría. Curioso.

A la que sale el sol, nos vamos camino a Antoetra por una carretera sinuosa con vistas a terrazas de cultivo de arroz. Hemos alquilado un coche destartalado y un guía rasta, Robin, para trekkear por el mundo Zafimaniry, unas aldeas de montaña de una etnia peculiar.

Estreno las botas, lo cual siempre es duro. No están domadas y se resisten como potros salvajes castigándome lo pies como un instrumento de tortura medieval.

Un sendero nos lleva de Antoetra a Ifasina subiendo a una colina por la ladera norte y bajándola por el oeste hasta la aldea pateando cientos de escaleras. Algunos miles de escaleras diría yo.

El lugar es difícil de describir. Aislado, casi autosuficiente por necesidad, sorpresivamente limpio, con unas construcciones siguiendo ancestrales uniformidades basadas en complicadas interpretaciones del calendario lunar, puertas y ventanas cuidadosamente esculpidas que me recuerdan a los dogón de Mali… Los zafimaniry tienen fama en toda la isla como carpinteros pero su cultura, con raíces insondables, huele a decadencia y los jóvenes tienden, ya únicamente, a fabricar chorradas de madera para turistas.

Es una lástima pero el turismo dirige la evolución. Dale a un indígena ansia por consumir, dile que si se viste como sus abuelos para que los blancos le hagan fotos ganará el mismo o más dinero que trabajando en algo para lo que vale y ya tienes un producto turístico al gusto occidental. ¿Todos contentos? Pues nada…

Nos invitan a entrar en una de las casas, supongo la del jefe de la comunidad. Dos pisos para toda la familia que parecen sacados de un documental del National Geographic. Difícil creer que viva alguien así en el siglo XXI. Imposible aceptar que en el Mundo existan diferencias tan absoluta y diametralmente opuestas y no se pueda hacer nada por impulsar una evolución natural. Complicado entender cómo y por qué estamos haciendo las cosas tan y tan mal como especie y cómo nos conformamos con unos resultados tan desastrosos sin reacción alguna.

Realmente es estrepitoso ver lo fatal que se está desarrollando el progreso. Cuando miras a nivel global parece que estás viendo un Big Bang evolutivo sin ningún orden ni concierto.

La vuelta, subiendo esas verticales escaleras que antes bajábamos, resulta agotadora y el sol pega fuerte. Son 6 horas de caminata con un duro desnivel y nos quedan, desde Antoetra, 2 horitas mas de coche por pista trotona hasta el hotel de Ambrosita. Esta noche ni cenamos. Directos al sobre. Tenemos todo mañana para descansar, organización viajera y, por la tarde noche, nos vamos hacia la costa. 

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Madagascar (3) P. N. Andringitra. Pic Boby. El Mar de Granito.

Tres horas después de una subida constante por unas infinitas escaleras de piedras, perdemos de vista el Valle Tsaranoro y quedamos rodeados de montañas en un paisaje seco de lagartos, matojos y grillos hasta llegar a un río donde me refresco. Tengo la garganta como de esparto y no hay saliva que tragar. El calor es severo y empezamos a subir unas rocas entre palmeras hasta lo que llaman “Paisaje Lunar”. No se han currado el nombre pero describe perfectamente lo que veo porque la sensación es de estar en un planeta sin vida. Piedra, líquenes y nada. Ya ni lagartos ni tan siquiera moscas. Nada.

Ya llevamos más de 7 horas de marcha. En el estómago no tengo más que un mordisco de bocadillo de pan endurecido por el sol con tomate agrio y tortilla. Lo he probado y no me parece prudente comerlo. Las energías se acaban y, lo que es peor, el agua también. Todavía pasamos a una llanura absolutamente rodeada por un desfiladero que forma un impresionante anfiteatro de granito y son 2 horas y media más, ahora ya sin desnivel, hasta el campo base del Imarivolanitra o Pic Boby. Diez horas de marcha.

El campamento es un lugar de lo más básico, con dos cobertizos para cocinar al lado de un riachuelo. Aquí hay que recoger el agua para hervir y poder tener algo para beber mañana. Como dos rodajas de piña para darme azúcar.

Tengo hambre. Buena señal. Hoy me toca cenar una sopa de arroz y pasta. De postre me atrevo con una galleta de chocolate y café. Energía e hidratación poco digestivas. Es lo que hay y deberá ser suficiente para mañana atacar la cima del Boby. A las 19 horas estoy durmiendo. Estamos a 2.000 metros y las temperaturas bajan pero ninguna barbaridad. Calculo que estaremos a 10º.

Apunte. La gallina ya no está con nosotros. Dice el porteador que, cuando el guía y yo nos hemos ido, mientras él levantaba el campo un perro grande la ha atacado y se la ha llevado. Sin comentarios.

Y otro apunte. Impacta lo que los betsileos de esta zona se parecen a los lemures. Y no es broma. Se habrán mimetizado.

Diana a las 3.30 a. m. El Boby todavía no se ve desde aquí. Para hacer cima tienes que subir primero el desfiladero que tenemos delante y, cuando lo traspasas, es cuando te plantas delante del pico. Una hora y media para ponértelo a la vista y otro tanto para hacer cima. Es pequeñín. Estoy mareado. Me pasan factura las ya 72 horas de ayuno casi total con, como quien dice, un bol de arroz hervido diario. Desde la cima el macizo parece un mar de granito. Precioso.

Y a bajar, mucho más fácil y rápido pero también más peligroso. Me vuelvo a marear. He de ir con mucho cuidado. A las 9.30 a. m. vuelvo al campo y como más piña y un plato de spaguetti con verduras. Me faltan 6 o 7 horas más para llegar al próximo campamento volviendo sobre lo ayer andado y he de reponer fuerzas sí o sí. Es mi primera comida con algo de consistencia en 3 días.

El día está nublado y el calor me da una tregua pero es una jornada dura de otras 10 horas. Hemos salido del Parque para metemos por unos recovecos que llevan a un paisaje todavía más especial, con prados siempre rodeados de montañas graníticas y todo sembrado de enormes rocas ovaladas que se han ido desprendiendo. El “campamento” es una de esas piedras que deja un habitáculo en su interior apuntalado con una pared hecha con otras piedras.

He tenido la suerte de encontrar en el camino una americana que llevaba una cantimplora con filtros potabilizadores y me ha dado litro y medio de agua. No me fio ni un pelo del agua que me han hervido esta mañana. Esta vez no he tenido suerte con el equipo. El guía es un jeta vago y resabiado y el porteador… por lo menos ya sé que no se le puede poner al cuidado de las gallinas. 

Las 6 de la tarde, ya noche cerrada. ¿Que me prepararán hoy para cenar? Arroz, peeeero, esta vez… con patatas fritas. Si, tal como suena, arroz hervido y patatas fritas de acompañamiento. Mañana me voy a meter un filete de cebú a lo bruto entre pecho y espalda. Y ya en la tienda, digiriendo la fiesta gastronómica, truenos, relámpagos y empieza a llover. Me encanta. Para mí es como una nana…

Para desayunar subimos otra de las cientos de montañas de granito que nos rodean y pasamos otra vez al Valle Tsaranoro con sus misérrimas aldeas. Me admira ver como, con este sol, las mujeres de los poblados continúan su constante ajetreo. No se puede decir lo mismo de los hombres. Otra de las cosas que se ven viajando es que, en todo el Mundo, las mujeres son las que llevan el peso de la comunidad. Es raro ver una mujer parada sin hacer nada. Está injusticia qué parece cósmica, y no lo es, algún día tendrá que acabar y espero que no sea traumáticamente para mi género. Si organizan una nueva Lisístrata más de uno las pasará magras. A mi desde luego me pillarán entrenado. 

Llego ya por fin al poblado desde donde saldrá el taxi brousse que me llevará de vuelta a Ambalavao. Pobreza. ¡Y cuanto niño por todos lados! Pensaba que Madagascar sería más asumible que lo visto hasta ahora en África y ya me he dado de bruces con la misma realidad de siempre.

Me hacino con otra treintena de personas en la furgoneta destartalada, me preparo para otras 2 horas de traslado animal y voy pensando en “la llamada de África”, algo que se oye decir en Occidente y significa como sentir una seductora invitación a volver a este continente maldito. Bueno…. Quizás lo que se escucha en un viaje de vacaciones a África no es más que el eco de esa llamada que suena por sus magníficas estepas, playas y montañas y que se posa en el exotismo de estas tierras y su gente. No sé, pero cuando te metes aquí dentro, en las vísceras, por lo menos para mí, la llamada de Àfrica es un grito desgarrador que duele más que atrae. Seductor no creo que sea la palabra que mejor describe el continente africano.

Al taxi brousse se le ha roto el radiador. Hemos tenido que esperar en medio de la carretera con un sol abrasador a que lo repararan pero ya estoy en Ambalavao. Por cierto que, mientras estábamos sentados friéndonos al sol en la cuneta, ha pasado un 4×4 y, desde la ventanilla, una señora, blanca, nos ha saludado con la mano con una gran sonrisa en la cara. Con la ventanilla cerrada para no perder el aire acondicionado, claro. Le debía hacer ilusión ver a los negritos en su día a día. Los niños le han devuelto el saludo. Los adultos no. 

Me he quitado la sed y toda el polvo y suciedad acumulados lo suficiente como para sentirme otra vez persona. Y voy a cenar aquel filete de cebú que me prometí en las montañas y dormir en una cama mullida y limpia hasta que el cuerpo se dé por satisfecho. Él, mi cuerpo, y yo, necesitamos un descanso largo y denso. Necesito plegar alas, apagar la luz y guarecerme en puerto seguro.

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Madagascar (2) El Valle Tsaranoro. Pico Camaleón. Lemures.

Componemos la expedición al Pico Boby Angelo, el guía, Námana, el porteador, un servidor y una gallina vivita y coleando. Supongo que la gallina no es ninguna mascota así que me temo que no acabará el trekk.

Nos subimos a un taxi brousse que el conductor consigue poner en marcha haciendo un puente y cogiendo impulso cuesta abajo, liándose luego a golpes con las marchas durante un par de horas hasta una aldea betselao donde empieza la caminata. Hoy es día de mercado y hay mucho movimiento. El sol es de justicia y me bebo una CocaCola. Caliente no es precisamente néctar de dioses pero tiene el mismo azúcar que la fría y me huelo que, de eso, azúcar, con estas calores voy a necesitar un montón.

Desde aquí hasta Camp Katta, donde hoy dormiremos, son 10 km sin más dificultad que los 35º que nos caen a plomo sobre la cabeza. El campamento en cuestión, pagando el gusto, es un hotelito guay con sus camas bajo tejado, su restaurante e incluso su piscina, todo ello bajo el desfiladero de Tsaranoro y la atenta mirada del camaleón de piedra que da nombre al pico que subiré mañana. Nosotros, desde luego, camping puro y simple.

Me estiro en mi tienda para recuperar fuerzas, hidratación y, sobre todo, temperatura porque la soleada ha sido de órdago. Si mi exterior está ardiendo mi interior debe estar por encima del punto de ebullición. Me hierve la sangre en el sentido más textual. Me quedo dormido hasta que me despiertan unos gritos de monos o pájaros. Abro la  tienda y veo mis primeros lemures, maki katta en malgache. Es toda una familia con bebé incluido. Una chulada.

Los lemures que ha popularizado el simpático Timón de la peli El Rey León y secuelas, son primates que reciben su nombre de espectros de la muerte de la mitología romana y, realmente, sobre todo si les miras a los ojos reflectantes y escuchas al anochecer sus gritos en el bosque, tienen mas pinta de demonios que de personajes de dibujos animados. Dicen que antes existían lemures grandes como gorilas. Eso sí debía dar miedo de verdad. Estos no, estos más bien son como entre una ardilla y un macaco, pero tampoco le pondría yo a ninguno la mano en la boca. 

Las calores me han revolucionado el cuerpo que yo creo que, si pudiera, se iría de mi. Reconozco que la caña que le doy es para cogerme manía. Se ha plantado otra vez y no me entra nada en el estómago. O está enfermo o de huelga. No he comido y de cenar tomo un poco de arroz hervido. No quiero más cortes de digestión. A las 20 horas, me tiro en la tienda a dormir. Mañana subimos al Pico Camaleón y, aunque es pequeñín, queremos salír a las 6 de la mañana para evitar el calor diabólico que hoy nos ha pillado de pleno.

Cinco de la mañana en pie y con desayuno ligero preparado. He dormido de tirón como un niño. Tomo un trago de café y un mordisco de pan y ya noto que mejor sigo el ayuno. Empezamos la caminata puntuales.

El Camaleón sólo tiene 1.535 metros de altitud y para subir a su cabeza no tenemos más que 600 metros de desnivel pero es una bonita subida y las vistas al valle Tsaranoro desde la cima son espectaculares. Son 3 horas, poco a poco. Hoy ya me va bien una etapa tranquila. Llevo más de 24 horas a dieta de agua y coca cola así que no estoy para desafíos.

Pasadas las 9. 30 empezamos a bajar por la otra ladera hacia el campamento y, justo a las 12 horas, cuando aquí el infierno ya abre totalmente las compuertas, pasamos un bosquecillo y llegamos a Camp Katta. El agua que llevó está ya caliente como el té y hago una fantástica inversión en una coca cola fría que noto me regenera las células. Corre un airecillo fresco, consigo hacer entrar en mi estómago un poco de fruta y me voy a dormitar un rato a mi tiendecilla. La posición horizontal es la que más me apetece y la que más me conviene.

Hoy me ha costado subir y no era más que un entreno para los próximos días que empiezan las marchas más exigentes. Mañana hemos de pasar la cordillera que separa el Valle del Parque Nacional Andringitra para llegar al Campo base del pico Boby. Éste es ya un muchachote de granito de 2.650 metros que pedirá esfuerzo y buena forma.

Me ha sorprendido el perfecto mantenimiento de los senderos, la limpieza de las instalaciones del campamento y del poblado vecino y la educación y conciencia ecológica que hay en este área. Incluso hay un semillero comunal y los propios vecinos se encargan de una continua repoblación forestal. No había visto nada igual en toda África. En esto, Madagascar está a años luz de los demás países africanos… e incluso de muchas zonas europeas que se consideran civilizadas. La Naturaleza les dà de comer y ellos la cuidan. Tan simple como eso. Una sorpresa muy agradable.

Nos vamos hacia el Boby. Cuatro y media de la mañana en pie y desayuno a las 5 horas. Parece que ya podría comer algo más consistente pero no quiero arriesgarme. Un café y un trozo de pan tostado a pelo. Prefiero la debilidad de mala alimentación, que puedo complementar con ganas y tozudez, que lidiar con descomposiciones de estómago. Serán unas 10 horas de travesía. Para un arreón no necesito más energía que la que tengo. Eso sí, ahora que había ganado algo de peso, cada día voy despidiéndome de un kilito de cuerpo otra vez.

Y hablando de comida, la gallina sigue viva. Lleva 2 días atada de una pata en el cobertizo comedor donde hacemos vida y ya forma parte, si no del equipo, sí del decorado. Yo procuro ni mirarla pero se me van los ojos hacia ella. Miedo me da que llegue el día en que el porteador, que también es el cocinero, decida ponerla en el menú. Esto de convivir con el animal que te vas a comer es una putada.

Llegamos a la aldea de entrada al Andringitra a las 6.30 Ahora, a meterse en faena.

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