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Recomendaciones del mes. Noviembre 2.018. Australia. Oeste y centro.

EQUIPO.- Sombrero nuevo. Mismo estilo, mismo color pero menos rígido. Cómo quien dice, para llevar en el bolsillo. Creo que me da pinta como de indio Navajo, pero nos llevaremos bien.

También me he comprado una mosquera, un buen invento. Es una redecilla que incorporas al sombrero y te cubre la cara protegiéndose de las molestas moscas que en este país te hostigan constantemente.

TRANSPORTE.- Los trenes y autobuses de TRANSWA son cómodos, modernos y rápidos. Horarios limitadisimos, eso sí.

Y, sobre todo, le cojí cariño al microbús que nos hizo de transporte y campo base en el Urulu. Una guapada.

ALOJAMIENTO.- Los hostels en pueblos y ciudades cercanos al mar son leoneras de juventud jaranera y festera. Una generación tonta que no sirve  más que para playa, surf, cerveza, marihuana y sexo. Estos no salvarán el mundo. En Perth, ojo, el único hostel decente y correcto en que he estado es el Britannia on William.

Tingle All Over Budget Accommodation, en Walpole, un oasis de calma y felicidad. Lo.mejor de lo mejor. Insuperable. Un 10.

CIUDAD/PUEBLO.- Walpole, en la Australia occidental. En pocos lugares del mundo me he sentido tan bien.  Un lugar llamado “Silencio”.

INTERNET.- He cogido ayuda con el blog. La web la han puesto guapa los de la empresa Ubika de Girona y las redes me las pone a tono Irina Molero, de Begur.

TREKK.- El Urulu Base Walk y toda la estancia en el desierto de los Territorios del Norte es una experiencia imprescindible. La mía la organizó la empresa The Rock Tour. Muy recomendable.

GASTRONOMIA.- Los restaurantes australianos son caros. Tampoco tienen  una cocina autóctona definida y con personalidad. Como a los americanos, lo que más les gusta son las barbacoas.

Por eso, este mes me voy a dar a mi el premio de la Recomendación del Mes. He cocinado mucho y me he cuidado bien, preparándome platos buenos y bonitos. Entremeses originales, carnes con guarnición, pastas… Nota al efecto para la revista “Gourmet”: “Nacho Rovira tiene recursos en la cocción y gusto en el emplate. Quizás un poco excesivo en la condimentación, pero eso va por gustos. Enhorabuena!”

Sí es cierto que, en un pueblo perdido en el desierto llamado Coober Pedy, a medio camino entre Alice Springs y Adelaide, en la estación de servicio Outback comí un completísimo Fish&Chips que, cómo quien dice, es el plato nacional. En realidad era el plato del día, una seefood bascket con patatas y ensalada. La cuestión es que estaba de muerte.

MENCION ESPECIAL.- A mis amigos de Walpole, John y Richard. Y también a los canguros. No hay bicho más majo.

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Australia (6) Uluru. “La Roca”.

Dice la leyenda que dos tribus de espíritus ancestrales se enfrentaron en el Uluru. La Madre Tierra, enfurecida por esta  violencia, terminó con los dos bandos con gases venenosos y enterró los muertos bajo La Roca, de donde surge el color sangre que tiñe Uluru al atardecer. Es un recordatorio del castigo que conlleva la arrogancia y el orgullo.

El Uluru, o Ayers Rock, es el ombligo del mundo según las creencias de los Anangu, los aborígenes que habitan estas tierras que parecen tener debajo el mismísimo infierno bíblico. En realidad no es una montaña, es un monolito que se eleva 350 metros sobre el suelo. La mayor parte de La Roca, 2.500 metros, está bajo tierra. Es un iceberg petrificado en el desierto.

A partir de Octubre del próximo año ya no se podrá escalar el Uluru. Para los Anangu es un sacrilegio subir esa montaña y el Gobierno, como muestra de respeto, ha prohibido la ascensión. Yo, desde luego, firmo y me adelanto a ese respeto por las culturas de los demás y a la conservación mediambiental del Ayers Rock que, cómo muchas partes del mundo, está sufriendo, con el incremento del turismo, un desgaste insostenible. Esta lleno de fantasmas que quieren apuntarse la muesca en la pistola viajera de ser de los últimos en hacer la cima del Uluru. Medallitas. Hay por ahí mucho capullo con sombrero de Indiana Jones. No hay porque pisarle a nadie lo sagrado ni tocarle lo que no suena. Yo, con caminar los 10 Km de su base me doy con un canto en los dientes.

Una de las mayores diferencias entre un viajero y un turista es el respeto a los locales y a lo local. El que inventó la frase “el cliente siempre tiene razón” debería estar navegando por el mar del Mundo de los muertos colgado boca abajo por los tobillos del mastil más alto de un corsario y aventurero navio fantasma porque, desde luego, el prenda bordó la tontería.

La mañana de la primera jornada del viaje transcurre recorriendo kilómetros y kilómetros de largas carreteras entre tierras desérticas y deshabitadas. Únicamente hacemos un par de paradas en cafés gasolineras tipo Arizona. Son 450 km hasta Uluru.

Para estirar las piernas, al mediodía, un bocadillo y 2 horitas de trekk hasta el Kings Canyon que se va despiezando por la erosión. La misma Naturaleza que lo ha construido, a base de corrimientos de tierra perdidos en el tiempo, también lo destruirá en una continua evolucion.

Tras otro par de horas de carretera, paramos también para ver a lo lejos el Mont Conner que se alza al atardecer, en medio del desierto, como embajador que anuncia la ya próxima aparición de Uluru, su hermano mayor.

En el campo base de Uluru, cena de mejunjes varios, poco apetitosos pero proteínicos, y a dormir al raso o en unas tiendas destartaladas embutidos en unos tupidos sacos de dormir camperos. La noche es nublada y fria pero el cansancio empuja el amanecer en un abrir y cerrar de ojos.

Segundo día. Desayuno con café y tostadas y otra vez a la carretera. El grupo se mueve bien y sin problemas. Yo voy muy organizado y funcionó cumpliendo tiempos sin agobios. Lo importante, a mano, todo en su lugar. Tengo las pautas de vida nómada bien aprendidas y automatizadas como ritos agarrados a la piel por una costumbre ya casi genética.

Agua, toallitas, móvil y baterías, crema solar, gafas de sol, sombrero, ropa térmica, tabaco…. todo se ha de encontrar en 20 segundos y, si se tercia, a oscuras. Higiene, comidas, necesidades fisiologicas… a ritmo militar, rápido y certero. Nada nuevo. Vida viajera.

Entramos en el Parque Nacional Uluru-Kata a las 8 de la mañana y empezamos a trekear por el Valle de los Vientos por donde serpentea el Kata Tjuta como un temporal de petreas olas rojas en el desierto. Tres horas por un pedregoso terreno tuercebotas mientras la temperatura va escalando, desde por debajo de los 10°, de madrugada, hasta cerca de los 40° al mediodia. Los espectaculares paisajes son dignos de las pelis de la época dorada del western y de sus sucesoras, los duelos y guerras futuristas e Interplanetarias. En mi cabeza suena música de Ennio Morricone e imaginarios aullidos de coyotes.

Ya en la zona de acampada, hay un área con mesas de picnic y una pequeña piscina. Cómo el Reglamento de la Federación Mundial de Viajeros no lo prohíbe expresamente, me pegó un baño de lo mas placentero que servirá hoy también de ducha. Espero que esté remojón, un pelín turístico quizás, no me comporte ninguna denuncia ni, mucho menos, sanciones como retirada de carnet viajero con pérdida temporal de categoría y periodo de reeducación en algún gulag o purgatorio para turistas. Al fin y al cabo, ser viajero no significa ser masoca y la oportunidad la pintan calva. Tras el bañito, comemos tortitas mejicanas con ensalada, atún y jamón dulce. Buenas.

La tarde transcurre ociosa y holgazana, evitando las peores horas de la caléndula con una visita el Centro Cultural de los Anangu, antes de disfrutar del primer contacto con el Uluru en su hora más glamourosa, cuando el atardecer magnifica su atractivo formando un espectáculo de luces y colores.

Por fin tengo delante Ayers Rock, imponente con toda su carga mítica y legendaria  El Uluru, una mole roja incrustada en la tierra como un meteorito caído del espacio, impresiona por si mismo pero, más si cabe, por la espiritualidad que le rodea derivada de la ancestral cultura de los Anangu. Aquí, algo invita al silencio y al recogimiento. O lo exige. Mañana trekearemos su base pero, ahora, ya empezamos a conocerlo en un paseo por cuevas y lugares que confirman la especialidad de este lugar del Mundo. El paseo acaba en una magnífica pared vertical con la que el sol y los árboles juegan a sombras chinescas. Si, para los Anangu, Ayers Rock es el Vaticano, está pared es la Capilla Sixtina.

Acabamos el día con el sunset sobre La Roca. Sin palabras.

Tercer y último día. El Uluru Base Walk es un paseo tranquilo apto para todas las edades, de 8 a 80 años. La Roca tiene bien ganado su prestigio. Revestida de una piel escamosa y llena de cicatrices atemporales, como un cocodrilo macho curtido en 1.000 duelos territoriales, su colorido de sangre y tierra, sus dimensiones mastodónticas, su evocadora multiformidad y su espiritualidad étnica de un más allá arcano y etereo la sitúan en la categoría de mito viajero.

Nos hemos levantado a las 4,30 de la madrugada para desayunar viendo la salida del sol por detrás de Uluru, otra hora en la que el monolito va sobrado de magia y fascinación, y empezamos a caminar a las 6,30. Son algo más de 2 horas y media de paseo hasta completar la total circunferencia del Ayers, 10 km, y en el que vas descubriendo todas sus caras, rincones y paisajes mientras la mañana les va poniendo vida y color.

En un viaje hay objetivos que, al conseguirlos, piensas que ha acabado una etapa, que hay un punto y aparte. Este es uno de esos momentos, igual que la llegada a Vladivostok con el Transiberiano o a la Puerta del Sol en el Machu Pichu . Sí, he llegado a Uluru, he recorrido su base y lo he disfrutado en sus mejores momentos. Feliz.

Solo 5 de nosotros hemos hecho el trek y llegamos al lugar de encuentro con los demás a las 9, antes de que despierten las moscas y el sol se quite las legañas y se meta en faena. De vuelta a Alice Springs. Mañana cojo bus a Adelaide y, de ahí, en unos días me voy a Tasmanía. Hemos quedado en Hobart con Ramón, mi hijo. Otra vez vamos a ser compañeros de aventuras.

Llegando a Alice Springs, en la radio suena “Take me home”, de John Denver…

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Consejos viajeros. Mochila. Equipaje. Desierto

Consejo de viajero. Aunque ya en otro artículo (Senegal 2) he aconsejado lo que debe incluir una mochila viajera, déjame recalcar un par de cositas para lugares desérticos como Alice Springs.

No se puede viajar al desierto despreocupado y sin pensar en cosas básicas que traer. Eso es jugarte el pellejo. Sobre todo, no te puedes olvidar un sombrero o gorra, gafas de sol, crema solar, mochila pequeña auxiliar y  buen calzado. Desde luego, agua, a porrillo, y eso condiciona mucho, por el peso a llevar, las distancias de los trekks.

Puedes contar, mínimo, 1 litro de agua por cada 2 horas/8 km. Calcula con prudencia las distancias que realmente puedes recorrer en el desierto. Una hora en el desierto son 2 en condiciones normales, y 10 Km, son 15 o 20. En realidad, del mediodía a las 5 de la tarde mucho mejor no caminar. Mucho, pero que mucho mejor.

También tienes que recordar que las diferencias de temperaturas máximas y mínimas aquí son muy bestias. Frío por la noche (menos de 10°) y calor por el día (40°) lo más normalito), así que hay que traer algo de abrigo. Lo mejor, ropa interior térmica.

Australia (5).




Australia (5) Alice Springs. Los Territorios del Norte. Aborígenes.

Los viajes están llegando a una sofisticación difícil de asumir. Cualquier cosa que imagines parece posible. Todo está supuestamente controlado y el dinero lo paga todo.

En Argentina, puedes tomarte un whisky on the rocks con hielo del Perito Moreno, puedes cenar en Maldivas en un restaurante a 5 metros bajo el mar rodeado de tortugas y tiburones, esquiar en el desierto de Dubai o comer una barbacoa en un agujero de volcanes activos en Canarias. Quieres decir que hace falta? …

Ya me contestó yo: No. No hace ninguna falta. En absoluto. Hay que ser mucho más sencillo. Y humilde. Somos ridículos monos evolucionados jugando a ser Dios. Si la naturaleza se cabrea, nos vamos a enterar de lo que vale un peine.

Alice Springs es una desagradable y fea ciudad, en medio de la nada, llena de aborígenes vagabundos y tipos con pinta de duros cowboys, gritones y pendencieros, con sombrero vaquero, tatuajes, cinturones con enormes hebillas doradas y toda la parafernalia fronteriza. En los bares y salones, seguridad en la puerta formada por tiparracos enormes de 1’90 de alto y 130 Kg de peso. Criaturitas del Señor. Las peleas de borrachos deben ser aquí lo más corriente. Un bonito ambiente, vamos. Ideal para hacer amigos.

Los forasteros que se ven ya no son ni parejas de jubilados nacionales con autocaravana, ni despreocupados jovencitos europeos de vacaciones. Aquí ya se ve viajero más avezado y aventurero o, por lo menos, turista más curioso y durillo. El desierto no es cómodo y, para vivir experiencias y ver lugares especiales, hay que currarselo un poco. Si algún turista urbanita y blandengue se despista por aquí, las pasa crudas.

Sorprende la cantidad de homeless que hay en Australia. No entiendo el por qué. Es un país rico, con mucho trabajo y buenos sueldos y, en cambio, mucha gente vive a salto de mata, durmiendo en la calle, alcoholizados y recogiendo colillas del suelo para fumar. Y, de estos, el 25% es aborigen, cuando éstos no llegan a ser ni el 3% de la población australiana, es decir, unos 600.000 en todo el pais. La mayoría están aquí, en los Territorios del Norte.

En Australia fueron los ingleses los que hicieron el “favor” de venir a civilizar a sus habitantes originales, la cultura más antigua de la Tierra. El genocidio de los colonizadores, las epidemias y el alcoholismo acabó, en poco más de un siglo, con el 80% de la población aborigen. Y la colonización se hizo, evidentemente y como siempre, por razones económicas, especialmente por la minería de la que Australia es extraordinariamente rica. Los ingleses, para decirlo claro y rápido, les robaron sus tierras y los masacraron a saco. Os suena el cuento? Si, eso se ha hecho constantemente en la historia en América, Asia, África y Oceanía. Y algunos, por ahi, todavía tienen los huevos y el morro de celebrarlo cada año.

Lo que es evidente es que los aborígenes muy felices no parecen. Muy civilizados tampoco porque la rabia que se marca en sus simiescas fisonomías, negras de noche cerrada, da medio miedo por no decir un miedo entero. Y, desde luego, adaptados al sistema no lo están, si no más bien al contrario, discriminados y desplazados, la mayor parte con una obesidad mórbida, llevando todas sus pertenencias encima o en un carrito de supermercado,  con enormes y generalizados problemas de paro, alcoholismo, deficiencias y enajenaciones mentales, violencia doméstica y un largo etcetera de desastres. Es una comunidad terriblemente castigada y en vías de extinción. Tremendo.

Aquí sí que, para adentrarme en el desierto y caminar por el Uluru, he de apuntarme a un trekk organizado. Este es un hábitat totalmente hostil, con un calor de deshidratación continua, escorpiones y serpientes a porrillo, dingos, perros salvajes y sin poblaciones a decenas de kilómetros a la redonda. Nos llevarán en bus a un lugar cercano a Uluru, haremos trekkings hasta el King”s Canyon y por el Valle de los Vientos, dormiremos 2 noches en tiendas en el desierto y, el último día, haremos el Uluru Base Walk. Si todo va bien.

Por cierto,

Consejo de viajero. Aunque ya en otro artículo (Senegal 2) he aconsejado lo que debe incluir una mochila viajera, déjame recalcar un par de cositas para lugares desérticos como Alice Springs. 

No se puede viajar al desierto despreocupado y sin pensar en cosas básicas que traer. Eso es jugarte el pellejo. Sobre todo, no te puedes olvidar un sombrero o gorra, gafas de sol, crema solar, mochila pequeña auxiliar y  buen calzado. Desde luego, agua, a porrillo, y eso condiciona mucho, por el peso a llevar, las distancias de los trekks. Puedes contar, mínimo, 1 litro de agua por cada 2 horas/8 km. Calcula con prudencia las distancias que realmente puedes recorrer en el desierto. Una hora en el desierto son 2 en condiciones normales, y 10 Km, son 15 o 20. En realidad, del mediodía a las 5 de la tarde mucho mejor no caminar. Mucho, pero que mucho mejor.  También tienes que recordar que las diferencias de temperaturas máximas y mínimas aquí son muy bestias. Frío por la noche (menos de 10°) y calor por el día (40° lo más normalito), así que hay que traer algo de abrigo. Lo mejor, ropa interior térmica.

El vehículo que nos trasladará y hará de campo base estos días tiene buena pinta: un microbús viejete pero en buen estado, con un apéndice auxiliar que sirve de cocina, maletero y depósito de reservas de agua y gasolina.

El grupo está formado por 2 guías y 15 personas de todas las edades, nacionalidades y condiciones. Americanos, franceses, alemanes, holandeses, indios… A ver cómo nos llevamos.

Todo a punto. No vamos a La Roca.

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