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Entre paréntesis. Con los sueños congelados.

Todo sigue igual. O peor, porque ahora vamos por la ¡¡quinta!! ola de coronavirus y, con ella, nuevas restricciones. Esta vez me ha «tocado» porque parecía que íbamos saliendo del túnel a velocidad de crucero y… ¡otro porrazo! El morro contra la pared. Mismo animal, misma piedra. 

Evidentemente, yo sigo varado en tierra, en un entre parentesis sin fin que golpea las meninges y la moral como un martillo pilón. Cada vez que releo un post de mi blog me entran todos los males y me da un vuelco el estómago. ¡Tantas aventuras! ¡Tanto vivir!… Todo parado, cancelado sin fecha de reanudación.Y lo que te rondaré morena. La ruleta ya gira sin posibilidad de apostar. «Rien ne va plus». Espera a la próxima jugada. 

¿Proyectos de viaje? Si. Me voy ahora a Extremadura, quizás también a Navarra, y quizás también a Teruel, y quizás a Andorra. Y, más quizás, en Noviembre a México y entonces ya sigo mi Vuelta al Mundo… No sé. Todo es tremendamente incierto. Cada vez que hago una previsión viene otra ola y me da un revolcón. Ya no me creo. 

El otro día vinieron a conocer la Muestra permanente de mi colección Alas y Viento de Máscaras del Mundo, en Amics UNESCO Barcelona, la profesora y alumnos de arqueología de la escuela de restauración ECORE. Gente de cultura y arte felices de conocer la colección. Me hicieron muchas preguntas, me obligaron a recordar y pasamos un buen rato comentando vivencias y experiencias de viajes. Fue un encuentro agradable pero, entre explicación y explicación yo me preguntaba a mi mismo: ¿cuándo podré volver a vivir como vivía? Libre y nómada, sin pasado ni futuro, sin rutina alguna, viviendo al dia sin más proyectos que ir hacia delante, sin mas objetivo que crecer y conocer.. . La respuesta no está en el viento ni, mucho menos, en mis alas. No sé si no me encuentro bien o no me siento bien. No se si me encuentro y no se si me siento. 

En estos meses de pandemia, desde que llegue a casa, ya cerradas las fronteras el 16 de marzo del 2.019, hace hoy casi 500 días (¡Madre mía!), a través de esa colección de máscaras he vivido magníficas experiencias, he conocido a muchísimas personas interesantes, estoy inmerso en un montón de proyectos que me apetecen y me ilusionan pero… 

Mi carga es la misma que mi motivación: tengo mucho más pasado que futuro. Es obvio que, en un buen caso, frente al medio millón de horas ya vividas, me quedan entre 100.000 y 125.000 horas más de las cuales unas 30.000 deberé dormir. ¿Quizás 150.000 horas? Lo veo poco, por lo que ese pensamiento me motiva extraordinariamente y mantiene instalado en mi culo un cohete de motivación pero, también, las prisas me pesan como una losa y me llevan a una especie de… ¿Ansiedad? ¿Flojera? Tic, tac, tic, tac… La voz del tiempo es como el sonido de las uñas en la pizarra o de un tenedor rascando un plato. Angustioso. 

Quizás es que los humanos no pedimos solo ser felices si no que exigimos euforia, plenitud, la plenitud que yo sólo siento viajando. Y es que viajar es, era, para algunos, el sentido de la vida. Un viajero es un viajero. 

¡Qué se le va a hacer! Creo que nos queda todavía un montón de tiempo para acabar con «ESTO» y hay que acostumbrarse. No se. No quiero pensar que no acabaré mi Vuelta al Mundo. Solo me queda America Central, EE. UU, Canadá y volver por Islandia y Noruega hasta llegar a casa. «Solo». Y todavía entonces me faltarán un montón de países por conocer que me he saltado olímpicamente. 

Creo que lo que estamos soportando todos y cada uno de nosotros con esta pandemia es durete. A veces ni nos damos cuenta pero se ve y se nota. 

Este post no es una queja si no que lo escribo por si a alguien le va bien sentirse acompañado. Nos están sacudiendo a todos. Si algo así os pasa a veces, si alguien se siente vapuleado, a lo peor es consuelo de tontos pero, para que lo sepáis: no estáis solos. Ahora no queda otra que recordar y esperar. Fuerza y prudencia. Ahí estamos todos… 

… con los sueños congelados. 




MASCARAS DEL MUNDO (74) Pirata.

PIRATA

AUTOR.- Cirque Du Soleil

MATERIAL.- Cuero

2.004, Canadá (América) 

El Cirque du Soleil ha reinventado el circo por un camino que suele llevar al.éxito: volviendo atrás y aplicando técnicas modernas. Hoy es la mayor productora de teatro del mundo. 

Tiene su sede en Montreal, Canadá y, aunque fue fundada en 1984 por Gilles Ste-Croix y Guy Laliberté, tiene su origen una década atrás, cuando Ste-Croix asumió la administración del albergue Le Balcon Vert, en la localidad canadiense Baie-Saint-Paul, un punto de encuentro para jóvenes viajeros interesados en la difusión de actividades culturales y musicales. 

Su primer acierto fue denominar la empresa «Cirque du Soleil» cuando, en realidad, sus espectáculos no se parecen mucho a los circos que se presentaban como tales y se basaban en payasos más o menos originales, algún «equilibrista» y, sobre todo, animales adiestrados que herían sensibilidades y valores modernos. Cirque du Soleil es mucho más cercana al teatro tradicional oriental que al circo propiamente dicho. Mezcla de danza, teatro, música, acrobacias y total ausencia de «números» con animales, fué una apuesta de gran éxito que está ya en los anales de la Historia de la Cultura. 

Entiendo tiene siempre una inspiración en la Edad Media, en mitos y cuentos y, sobre todo, en espectáculos tradicionales de Oriente, desde China a India y de Japón a Nepal, ideas a las que se ha dotado de medios modernos de empresa, mecánica, luz y sonido, obteniendo espectacularidad visual y belleza a la vez que una originalidad y multiculturalidad realmente únicas. Antes de la pandemia, las audiencias de estos espectáculos eran de impresión. 

Y en algo así, no podían faltar las mascaras, un valor seguro de sofisticación, misterio y espectáculo.

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Entre paréntesis. 2.020. El año de la pandemia.

Ya llevamos casi un año entre paréntesis. Ojalá el 2.020, como digo en el título de este post, quede en nuestra memoria colectiva como «El año de la pandemia» y no como «El año que empezó todo». O quizás eso tampoco estaría mal… No sé. 

Su nacimiento me pilló en Brasil, después estuve en Colombia, ya en febrero en Ecuador y, tras 14 días de marzo en Portugal, el Mundo quedó cerrado a cal y canto. Así, de golpe y sin anestesia. Como quien dice en 4 días, el virus (no quiero ni nombrarlo) se había extendido incontrolable, los sistemas sanitarios estaban colapsados, estaba muriendo gente a miles y todos fuimos quedando confinados en espacios mas o menos minúsculos. 

Ese confinamiento para mí fue una nueva aventura, ni más ni menos. Tres meses en mi casa con tiempo para disfrutarla y descansar de mi continuo deambular, en una soledad rodeada de mar y montaña, un montón de día y de noche para trabajar en todo lo atrasado, pequeños paseos para respirar un poco de aire libre… La verdad, nunca había tenido ni mi casa ni mi vida tan limpita y ordenada. 

Así nos plantamos en la mitad del año y ya pudimos salir de casa y nos encontramos una nueva «normalidad». Un nuevo Mundo mucho más limitado. Restricciones casi absolutas para cruzar fronteras, socialización mínima, mascarillas y tests, limitaciones en el trabajo, crisis económica galopante, prohibición de todo lo que signifique ocio, fiesta y multitud… Un verano y un otoño raros, rarísimos, pero no malos. A mi me habían quitado el viajar pero, reinventándome, me he dedicado al mundo de las máscaras, mi otro mundo, exponiendo, haciendo relaciones, proyectando, estudiando y catalogando. Y, además, disfrutando de mi gente, gente mía a la que veo muy poco y con la que estar de vez en cuando ya es para mí extraordinario porque la vida viajera te aleja de los que quieres incluso más que una pandemia.

Y ha llegado la Navidad, una Navidad que yo nunca vivo, y he seguido sin vivirla más que de forma muy tangencial. Nada mal, nada va mal, como en una isla tranquila… Al paso. Soy de los que piensan que nada es bueno o malo, que todo tiene su cara y su cruz y es cuestión de buscar a las situaciones de la vida el morro y no el cogote. 

Los postres de este año han sido pruebas médicas y una operación de la hernia que me habían dejado de recuerdo las montañas que subí durante el último viaje. Cuando escribo esto todavía no lo sé, pero supongo que todo irá bien. Y mi cuerpo y mi mente se siguen aburguesando, me duelen todos los huesos de la relativa inactividad y, todo yo mismo mismamente y en mi totalidad, clamo por volver a viajar y a crecer. Y en esas estamos, otro año pasó, pas mal, insisto, pero yo ya parezco un bicho enjaulado. Ha sido un año extraño, quizás el menos activo de muchos pero, al mismo tiempo, quizás el más diferente y, por tanto, en cierto modo igual de aventurero que otros. No sé.

He procurador viajar a saltitos, de aquí para allá siempre dentro de España y… No, bien no estoy. Mentiría si dijera lo contrario. Nadie está bien, creo. No mal, como máximo. Sin drama, obviamente, pero yo desde junio tendría que estar viajando y ahora mismo estaría en Estados Unidos o, quizás, entrando en Canadá. De ahí seguiría viviendo, como siempre, a trote y galope y ya me pasaría a Islandia e iría viajando hacia el sur y llegando a casa habiendo acabado mi Vuelta al Mundo. No ha podido ser. Bien, qué se le va a hacer. Al paso. 

«Paciencia», me digo, «Sí», me contestó. Pero,… me da verdadero pánico pensar en qué voy a sentir y escribir el año que viene por estas fechas sobre qué fue el 2.021 si esto sigue más o menos igual… y por ahí andamos por lo menos por ahora. 

Parece que, ahora, se da el tiro de salida a la «carrera de las vacunas» envuelta en un montonazo de interrogantes que habrá que ir gestionando como cada uno pueda o quiera. Tampoco suena bonita la melodía. 

Yo, como muchos, quizás como todos, con este periodo de vida no tengo mucho feeling pero, desde luego, seguimos. No me ha parecido un mal año. Es lo que nos toca vivir, vivir es maravilloso y, además, todos hemos descubierto un montón de cosas. Unos hemos aprendido el valor de «pequeñas cosas», otros se han introducido en la tecnología y se han reinventado, algunos han visto cosas que tenían y no conocían, el entorno se ha recuperado un poquito, algunos han conocido al vecino y otros han tenido tiempo que no tenían para asuntos pendientes… Quizás el tema es si el 2.020 ha servido para algo. Si no es así es una mierda pero… si es una mierda no es culpa suya. Espero ver, cuando se disipe esta espesa niebla, qué es eso que viene después del «año de la pandemia» o del «año en que empezó todo». Lo que venga tendrá su cara y su cruz. Veremos.

Mientras, estoy un poco tristón y me sobran horas, algo para mi inaudito. Pero no me quejo. El poco hoy se llena de sueños cumplidos ayer y yo tengo muchos de esos en el zurrón.

Al fin y al cabo… Esto sólo es un entre paréntesis.