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Entre paréntesis: Vuelta al Mundo. El final del sueño.

Pues…a puntito de despertar. Mi sueño de dar la Vuelta al Mundo llega a su fin. 

El pasado viernes, 28 de Octubre, empecé la última fase de ese viaje, El Viaje, con mayúsculas. Hace un par de semanas, pero de hace 3 años, estaba intentando subir el Kilimanjaro y, hora, ya estoy en EE.UU y esa ultima etapa me llevarà desde Chicago, de costa a costa y tiro porque me toca hasta acabar en Los Ángeles y, después, aterrizar en Reijkavich, con una paradiña en Londres para presentar mis respetos a Fox i Livingston, e ir bajando hasta volver a casa. No va a ser mucho tiempo, ni 2 meses. Os lo voy contando en directo a partir del próximo martes 8 de Noviembre.

Parece mentira. Esta es una aventura maravillosa que me habrà tenido viajando durante, más o menos, 700 días repartidos en 5 años y conociendo, bien, bien, unos 30 países de este enorme planeta. Yo contaba que acabaría en 3 años, pero al final habrán sido 5. El coronavirus, otra aventura dentro de la aventura, lo paró todo y me ha obligado a cambiar planes a su medida más que a la mía. La aventura es así y, como siempre digo, yo tomo mis decisiones y, luego, la vida hace lo que le da la gana. Caprichosa la vida.

Pero, desde luego, toco madera y… Madrecita que me quede como estoy. Acabar una vuelta al Mundo es algo extraordinario y un privilegio abrumador. A muchos se les ha truncado el camino, o bien porque les ha ido mal y una circunstancia no contemplada les ha hecho desistir, o porque les ha ido bien y con el deambular han encontrado un amor, un proyecto o un lugar que les ha llevado a echar raíces. Es lo que tiene el ramblear: pasan cosas. Yo parece que, con mis más y mis menos, voy a acabar. Lo tengo a tocar de la mano.

He conocido a Éxito, a Fracaso, a Miedo, a Sorpresa, a Fascinación, a Dolor, a Cansancio, a Nostalgia, a Placer, a Nervios y a Serenidad, a Aburrimiento, a Diversión, a Felicidad, a Tristeza, a Excitación, a Riesgo, a Prudencia, a Repugnancia, a Bondad y a Maldad, a Estupidez, a Sapiencia, a Decepción, a Frío y a Calor, a Satisfacción, a Plenitud y a Frustración, a Pena y a Alegría, a Paciencia, a Error y a Acierto…. Imponentes todos. Algunos ya los conocía de vista y a otros bastante bien pero ahora he estado más intensamente con ellos. Todo es más intenso en viaje. Me los volveré a encontrar.

¿Què haré después? Primero que haya un «después» y, si lo hay, seguirè soñando, desde luego. Por ahora no pienso mucho pero, obviamente, mi vida ha cambiado. De entrada soy 5 años más viejo (perdón, se dice «mayor») y cascado, y eso, cuando se trata de «caminar», no es nada desdeñable. Además, ahora tengo otras responsabilidades, sobre todo para con mi colección de máscaras del Mundo Alas y Viento, que me lleva a proyectos de aquí para allà. Eso supondrá, y ya supone, cambios en el blog y en mi vida pero, naturalmente, yo voy a seguir viajando y creciendo todo lo que pueda y un poquito más. Siempre un poquito más.

Al fin y al cabo, dar la Vuelta al Mundo no significa conocer el Mundo en su totalidad y me faltan cómo 100 países por ver más muchos otros donde me gustaría volver para ver más. En todo caso, para conocer todo nuestro Mundo necesitaría otra vida. Ya lo decía Vittorio Gassman: “El único error de Dios fue no haber dotado al hombre de dos vidas: una para ensayar y otra para actuar.” Yo me siento bien ensayado y de vida no tendré nunca suficiente.

A partir de ahí, por lo menos me quedan varias, muchas, etapas «escoba» para ir a zonas que me he ido saltado en mi afán de ir siempre hacia adelante: el centro de Africa, todos esos países que acaba en «tan», como Afganistán o Kazajistán, un montón de Centroamèrica, Israel y Jordania, Buthan, Pakistán, muchos países ex soviéticos, islas e islitas en medio del Océano con medalla y tratamiento de país, grandes superficies inacabables como Canadá o Mongolia…Buf ¡No me queda nada!

Pero ahora, lo dicho, EE.UU, vaqueros, rascacielos, jazz, el Gran Cañón, Hollywood… las auroras boreales nórdicas, un par de países que se interpongan en mi camino hacia casa y…un descanso, cortito, cuanto más cortito mejor. Cómo quién dice, sólo para coger carrerilla.

Mientras tanto, a disfrutar a tope de esta última parte del sueño porque ya amanece y, me temo, de un momento a otro despertaré.

Alas y Viento




Cajón de sastre. Una buena herramienta viajera.

Hoy explico un «truquillo» viajero que a mi me ha facilitado mucho la planificación de viajes. 

Para la organización de un viaje, ya no te digo si se trata de un viaje de 9 ó 10 meses por varios países como etapa de una Vuelta al Mundo, lo más difícil es empezar, hacer el esqueleto inicial que luego irás desarrollando. Todos los países ofrecen tal cantidad de posibilidades y alternativas que, de entrada, pareces un cormorán en una reserva piscícola y no sabes ni por dónde empezar. Ponerte a leer y leer sin orden ni concierto es un error porque te atiborras de información y se te hace un tapón que complica la toma de decisiones. La carta de este local llamado Mundo es demasiado larga. 

Para eso, yo tengo un libro de cabecera: «El Mundo» de Lonely Planet, un tomazo de casi 1.000 paginas. Me lo regalo mi hijo hace muchos años y me ha ido muy requetebien. Es una guia basiquísima de los más o menos 200 países del planeta. Uno a uno, te ofrece un mapa, las «mejores experiencias», o lugares de mayor interés, mínimamente explicados, alguna foto descriptiva y datos básicos como temporadas y gastronomía, todo ello en 3 ó 4 paginas. 

Obvio que no es para llevarlo en la mochila, sino solo para darte una base de recorrido y, si quieres, fotografiar las páginas que te interesan. De un vistazo te haces a la idea de por donde has de pasar sí o sí, según tus gustos y preferencias, lo que te permite hacer un útil esquema inicial de tu viaje. A partir de ahí a concretar y llenar huecos porque un viaje se ha de ir organizando como un puzle, sin prisas ni pausas pero a capas, como las cebollas. Has de ir organizando paso a paso, con un ritmo tranquilo por que, al fin y al cabo, tu propones… y la vida, en viaje, hace después lo que le da la gana. Y ahí está la gracia. Las agendas no son para viajeros. 

El librico en cuestión se puede encontrar, por ejemplo, en la librería Altaïr, Gran Via de les Corts Catalanes, 616, Barcelona, un verdadero oasis viajero en medio de la ciudad.

 




Cajón de sastre. 500 posts. Las frases de la Vuelta al Mundo.

La maquina me avisa que hemos llegado al post numero 500 del blog. ¡Mecachis en diez! ¡500 posts! ¡Unas 300.000 palabras! ¡Unas 7.500 fotografías! Pas mal! Es un montón de vida y me hace sentir feliz y contento.

Si tuviera que resumir esas 300.000 palabras, y todo lo vivido, he pensado que podría recopilar todas las frases que he ido eligiendo para que vayan pasando rotativamente en la carátula del blog. Son ya un montón. Ahi van:

Lo imposible no es nada más que aquello que nadie ha hecho…todavía.

Asoma la tristeza con aguijón de bicho malo. De todo hay en el viaje, como en la vida.

“Don Yo Creía” y “ Don Yo Pensaba”, son dos señores que no sirven para nada.

Hay que ver el mundo antes de que no pueda seguir llevándonos a todos en su lomo.

Los viajes son pequeñas vidas.

La meta es cada paso, el exito cada escalón

El error consistió en creer que la tierra era nuestra, cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la tierra» Nicanor Parra.

La montaña a veces gana.

No olvides nunca la prudencia y la humildad en la mochila.

En un viaje (…) la vida te mueve de aquí para allá como a ella le dá la gana.

…y la vida seguirà dando vueltas para llevar a cada uno a su destino

Después del invierno viene la primavera. Siempre. Sí o sí.

«En caso de emergencia, salga de viaje…y nunca regrese.»

Un viaje largo es morir un poco. No queda nada de «antes» y no sabes nada de «después», sòlo imaginas. 

La vida puede tener otros planes y, si no estamos de acuerdo, siempre gana ella.

Las heridas solo duelen hasta que cicatrizan. Las alegrías no tienen fecha de caducidad.

La vida sonríe a quien persigue sus sueños, pierda lo que pierda en el camino.

Todo está por llegar, todo está por ver, todo está por decidir.

Lo importante es el camino, no el destino

Ya descansaré cuando me muera.

La vida es un momento.

…y sigo camino… en busca de nada y de todo.

Nowhere. Just walking.

…vivo en otra atmósfera, a veces a cámara lenta y a veces a velocidad descontrolada.

…Sigo camino. Alas y viento.

Desde que llego a algun lugar ya me estoy yendo. Siempre me estoy yendo…

Los sueños exigen su tributo, y yo pago encantado.

Mañana saldrá otra vez el sol. Seguro.

…las cosas de la vida son lo que vives y con quién lo vives.

…como los galos de Astérix, lo único que temo es que caiga el cielo sobre mi cabeza.

…Llevo bien la soledad y la nostalgia. Están ahí, pero no duelen.

…Pura vida, pura belleza.

…imposible plasmar todo lo que veo y lo que siento al verlo.

…sucesión encadenada, interminable y desbocada de olores, imágenes, sabores, sensaciones, reflexiones, sentimientos…

Cómo se explica está catarata de lo que veo, pienso y siento al galope, con escenarios como estos….?

…con menos prejuicios, menos banderas y menos fronteras el mundo sería un lugar más feliz.

Un viaje es la mejor forma de encontrar salida a los laberintos en que a veces nos metemos en la vida.

“La respuesta está en un viaje. No importa la pregunta»

En la selva no hay senderos porque, tal como tú los abres, ella los vuelve a cerrar.

… otro día, diferente como todos los días de este continuo deambular.

Y mañana más. No me lo puedo creer. Pura vida desbocada.

Presento irrevocablemente mi dimisión como viajero incansable.

Los humanos constantemente desmerecemos, con nuestra conducta, la categoría de especie superior.

Voy haciendo camino en busca de sensaciones sin etiqueta.

Algunos le están tocando demasiado los huevos a la gallina. Y lo pagaremos todos.

El tiempo pasa sin esperar a nada ni nadie.

Cierro los ojos y recuerdo…Tengo el corazón muy lleno.

Madrecita, que me quedé como estoy.

Sigo adelante, siempre adelante.

Qué se le va a hacer, la aventura es la aventura…

Que grande es el mundo, Dios!

Está comprobadisimo: después de cada noche, vuelve a salir el sol.

En Occidente ya no tenemos ni religión, no ideología ni filosofía.

Buen hombre y buen animal. Yo no pido más. No tengo ningún prejuicio.

No creo que el mundo agote mi capacidad de sorpresa pero intentarlo lo intenta.

Somos ridículos monos evolucionados jugando a ser Dios.

Si la naturaleza se cabrea, nos vamos a enterar de lo que vale un peine.

El modo occidental de vivir ya es imposible e indecente. 

Vivo al dia. Mañana será otra historia. 

A este Mundo le hace mucha falta silencio. 

El saber sí ocupa lugar. Y pesa.

Hay un momento para el valor y otro para la prudencia. 

“En esta vida, a veces se gana y a veces se aprende.”

La estupidez humana tiene profundidades insondables. 

El tiempo ni da ni quita razones, solo transcurre sin más dando vueltas y vueltas en el reloj.

La ignorancia es una enorme fuente de felicidad. 

“El barco está más seguro en el puerto, pero no es para eso que se construyen los barcos».

El “aburrimiento” es una puerta al descubrimiento.

Muchísimas veces, lo que tiene más valor no vale dinero.

Si te apetece hacer algo, hazlo sin miedo y, si tienes miedo, hazlo con miedo. 

El tiempo se come los sueños

Yo me adapto rápido. La gente si le pica se rasca y asi le pica màs. . 

Ser completamente libre es no tener nada. 

No me aferro a la vida. La muerte no me asusta. 

Me gustaría vivir eternamente, aunque los vampiros dicen que es muy cansado. 

Morir de vivir mucho no parece una mala causa de muerte. 

Hay momentos en la vida ante los que no hay decisión correcta. 

El tiempo galopa

En realidad todos estamos viajando. La vida es un viaje hasta quién sabe cuando. 

Sólo se vive una vez.

Hay que hacerse fuerte. No es una opción, es una obligación

No hay tiempo para llorar. No hay tiempo de quejarse

Es más fácil tirar anclas que izar velas. 




El Cau: Silvia Teresa Pujol.

El pasado domingo, mientras estaba en un avituallamiento de la Puja i Baixa, una preciosa marcha que cada año organiza el Club Excursionista Els Perduts por los maravillosos parajes de Begur y, mientras servia agua a los casi 1.500 participantes, una chica se paró delante mio y me dice: «Hola, yo le sigo. Estoy muy contenta de conocerle en persona». ¡Qué gustazo! No hay nada como conocer a la gente que te sigue virtualmente en viaje. No sé su nombre y no pude hablar con ella porque estaba en plena «faena» pero, si lees esto… ¡un besazo! Y gracias.

Al tajo, hoy en El Cau, Silvia Teresa Pujol. 

En «Mexico (5). Guerrero (1ª parte). La miel y la hiel» acababa el post diciendo algo asi como que me había salido un post un pelín demasiado serio y tristón, y Silvia comento:

«Tienes razón. El artículo es bastante tristón. Pintaste una realidad. Conozco México: la capital y la península de Yucatán. El mar de Cancún es transparente y azul. Ver Chichén-Itzá es encontrarte con el pasado maya. Tulum, la única ciudad construida  a orillas del mar. Cozumel e Isla Mujeres son para recorrer y esperar el Domingo pues ese día no paran allí los  cruceros. Sólo mexicanos y pocos turistas. Continuemos el recorrido.»

Yo le contesté:

«Silvia Teresa Pujol me lo temía 😔. Normalmente me salen mas divertidos pero en los viajes, como en la vida, hay momentos de todo y, por tanto, en mis relatos también tiene lógica que a veces se me tuerza la pluma. Lo único que quizás podría argumentar, teniendo en cuenta que sólo escribo mis apreciaciones viajeras y sin querer ninguna exclusividad sobre la verdad, es que, como dice la letra de una canción de Joan Manel Serrat: «No es triste la verdad, lo que no tiene es remedio» 😊»

Pues eso, que yo siempre intento hacer articulitos positivos y amenos pero, sobre todo, reales y, a veces, lo que ves viajando hace que se te caiga el alma a los pies. Guerras, violencia, miseria, desigualdades extremas… En Occidente la vida es muy fácil. Quizás eso no es del todo bueno porque también nos debilita. No estaría mal que en los planes de estudio hubiera una asignatura que te obligara a viajar por determinados paises. Quizás la gente no se deprimiría tanto cuando las cosas se ponen… difíciles. 

Fuerza a todos amigos. 




Ourense. Un lugar recóndito.

Vine a Ourense hace 25 años con mi hijo en la cuna. Y, en aquel entonces, con su madre también. Vine a buscar una máscara, concretamente un Peliqueiro, y allí conocí al sastre de Castro, Francisco Añel Alonso.

 

D. Francisco era, según la mayoría, el mejor creador de Peliqueiros del país. Entonces, cuando lo visité, Don Francisco, ya mayor, con esa edad indefinida que tiene la gente de campo, estaba decidido a dejar su trabajo desanimado por no encontrar sucesor entre los jóvenes de los alrededores. En esta zona, dura y degradada, la juventud estaba más preocupada por encontrar un trabajo que garantizara su futuro que por conservar tradiciones ancestrales. En muchos casos se encontraba este desánimo entre quienes trabajaban las máscaras, un arte entonces poco conocido y valorado. 

Hace un par de años el sastre de Castro falleció viendo que, aunque las zonas rurales continúan viviendo un éxodo de sabia joven considerable, el Entroido, el carnaval gallego, y las mascaradas en general, están volviendo a vivir una edad de oro porque la gente se está dando cuenta de lo importante que es preservar la cultura que personaliza a los pueblos, haciéndolos únicos y dignos de conocer. Nos estamos cargando el mar y la montaña asi que «sólo» nos queda cultura. Y, dentro de esas culturas propias, el mundo de las mascaras es especialmente fascinante. 

Ahora he vuelto a Ourense, otra vez, para vivir un festival de mascaras de la Península Ibérica: el ViboMask. 

De camino, no puedo resistir la tentación de parar a comer en Aranda del Duero. Ya me lo he hecho venir bien para llegar justo a la hora: aquí hacen el mejor cordero lechón al horno del Mundo mundial universal. Una delicatesen. Dos veces al año no hace daño. Más si. 

Me doy otro lujo y esta vez hago fonda en una casa reformada de Mourisca, una aldea a 3 kilómetros de Viana do Bollo. Son muchas horas de coche y estoy baldado. Aire puro, silencio, ducha caliente, cama mullida, sábanas limpias…

Visita al pueblo por la mañana, un pueblecito típico de Ourense. Se ve que tuvo tiempos mejores. Me enrollo con el señor de un bar, ya entrado en los 70, que me explica que antes aquí, en Viana, había el doble de habitantes pero que, poco a poco, la gente joven se ha ido marchando por falta de oportunidades. La vida rural no deja de ser rentable y tiene sus ventajas pero, desde luego, es dura. También me dice que aquí, casi delante de su bar, había antes una discoteca y, los fines de semana, esto era un hervidero de gente. El local, lleno de humo, se abarrotaba de juventud y ellos hacían un buen dinerito. Ahora en el local hay cuatro tertulianos y muy poca tertulia. Como en todos lados hay de todo pero, en estas zonas del Ourense rural, la gente es seca, muy seca. Un forastero… no es de aquí. 

Una comilona tremenda por 15 euritos, menú de pueblo tipo embutidos y puchero, y empieza el festival mascarero, Un mundo teatrero aupado por el incógnito a la interacción. Lo paso bien. Desfilan grupos culturales de toda Galicia, Portugal, País Vasco, Italia…  Boteiros, Peliqueiros, Caretos de Lazarim, Mamuthones… Espantan a los espíritus, recuerdan a sus muertos, relatan su pasado… un akelarre de transformación, un hechizo colectivo… Me lio a hacer fotos y acabo agotado. Voy a darle una paliza a la cama…

Hoy hay repetición de la jugada en Vilariño, pero yo lo dedico a mi otra pasión: caminar. De lugares para caminar Ourense también va sobrado. Llegando a A Gonza hay una ruta muy guapa: ruta do mazizo de Peña Trevinca.

Dos enormes mastines custodian la entrada al camino. Da miedito pasar pero tampoco hay otro remedio. A ver como son….bajo y se acercan moviendo la cola. Buffff… prueba superada. En esta zona hay lobos y parece ser que la pareja de mastines son los guardianes del ganado.   Vacas y caballos campan por aqui, en casi absoluta libertad, y dicen que también jabalies y ciervos. 

Llego a Pedra do Lombo, a casi 1300 metros, con unas vistas magníficas. Pienso que cada día es más difícil viajar como antes y ver magníficos paisajes en lugares lejanos pero que esto, mas cerquita, es ya un maravilloso regalo. 

Son menos de 3 horitas de paseo con poco nivel, pero Naturaleza a tope con un ventoso silencio de soledad y aroma de lugar recóndito. Abajo esperan los mastines y, ahora ya amigos, se acercan a mi moviendo las colas y, bajando hacia el pueblo, no puedo, ni quiero, quitarme la sonrisa de la boca. La Naturaleza me hace sentir bien, muy bien… 

Domingo tarde a descansar, escribir, pensar… Tanto viajar me ha quitado las prisas y es que yo sigo con la sonrisa, supongo que sonrisa «tonta». Esta sociedad ha llegado un momento tan jodido que si alguien te pregunta «¿como estás? » y tu contestas algo como «Estoy contento» o «Soy feliz» , el otro te pregunta: «¿Y eso? Por qué? ¿Qué ha pasado». Pues ha pasado… un viaje cortito por Ourense.

¡Ah! Por cierto: no me topé, creo, con ninguna meiga pero, aquí, en Ourense, en el ambiente se nota… «Haberlas haylas».

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A MI GUSTO. Los 10 mejores destinos de Catalunya

Los 10 mejores destinos de Catalunya

¡Uy! Aquí me van a caer chuzos de punta porque con 10 me quedo corto y a mi mi tierra me tira mucho. Una selección tipo para todos los gustos:

1.- Begur. Baix Empordà. 

2.- Barcelona ciudad

3.- Els Carros de Foc. P.N. Aigüestortes

4.- El Matarranya tarragonés. Els Ports

5.- Camprodón / Beget. 

6.- Cadaqués y Cap de Creus. Alt Empordá

7.- Cavalls del Vent. P. N. Cadí-Moixeró

8.- P. N. P. Islas Medas. L Estartit

9.- Tarragona. Casco Antiguo. 

10.- Baqueira-Beret. Lleida

 

Sí, sí, olvido un montón de lugares increíbles… Perdón.

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Amigos Viajeros. Con Tal de Viajar.

Laura y Mario son dos jóvenes viajeros de Badajoz. Su blog, ContaldeViajar, está especializado en viajes y excursiones de deporte y naturaleza, sobre todo por Extremadura. Y no viajan solos, sino con Gala, su Yorkshire Terrier.

Para los que viajáis con MASCOTA pues, imprescindible el blog de Laura, Mario… y Gala.

¡Alas y Viento amigos!


 

Viajar es un sueño para todos los que tienen tiempo libre ¿verdad?
La filosofía de vida en todo viajero es muy distinta según gustos, aficiones y tipo de vida. ¿En nuestro caso? La unión de nuestras pasiones… naturaleza, animales y deportes. Todas juntas dan lugar a ContaldeViajar, un blog dedicado a conocer lugares del mundo poco conocidos y dar aún más importancia a nuestras zonas naturales.

¿Naturaleza? Nos encanta salir al monte y disfrutar de todas las estaciones, ya sea practicando algún deporte o simplemente un paseo tranquilo por bosques o zonas solitarias. Nos da igual el lugar, no nos importa la época, solo queremos desconexión y tranquilidad.

¿Animales? Gala, nuestra Yorkshire Terrier siempre nos acompaña allá donde vayamos y es la primera en apuntarse a todas nuestras aventuras. Contamos sus cuidados, peligros y actuación que seguimos en nuestras salidas con ella. Es una pieza clave ya que la gran mayoría de actividades se enfocan en su disfrute y comodidad.

¿Deporte? Somos grandes amantes de los deportes, desde voleibol o fútbol sala hasta escalada o trail running. Desde hace 3 años nos enfocamos mucho más en deportes en la naturaleza como el senderismo y algunas pinceladas de alpinismo.

Desde que dimos vida a nuestro blog, siempre hemos tenido un objetivo fundamental, dar a conocer nuestra tierra, Extremadura. Aquí no existe una cultura como en otras comunidades acerca del turismo, por lo tanto, solo son conocidas algunas zonas (muy pocas) de nuestra geografía. Lugares como Cáceres, Mérida o el famoso Valle del Jerte son lugares muy frecuentados por los turistas que visitan Extremadura, pero… ¿no hay más sitios?

Aunque hemos viajado a países como Francia, Andorra, Portugal o Italia siempre hemos pensado que como España no hay ningún sitio… (quizás nos equivoquemos) pero cuando estábamos organizando un viaje a conocer Tailandia llegó la pandemia y se llevó consigo los ahorros de ese viaje. Desde entonces nos hemos dedicado a conocer lugares cercanos a dónde vivimos (que casualmente no conocíamos) y esperamos en un futuro poder disfrutar de viajar libremente.

A la hora de organizar nuestras salidas tenemos en cuenta 4 aspectos:

1.Tipo de viaje. Aquí siempre tenemos la duda de “playa o montaña» ya que Laura es muy de playa y Mario muy de montaña, aunque sabemos al final convencernos y dar nuestro brazo a torcer.
Elegido el tipo de viaje que vamos a hacer, toca lo más importante, comenzar a ver sitios de nuestra famosa lista de viajes pendientes 📝

2.Tiempo. Menuda odisea esto de la estancia… ¿7 días, 14 días, fin de semana? ¡Si por nosotros fuera nos quedábamos de por vida!

3.Presupuesto. Lo más importante y por lo que se rige al final todo. ¿Dinero? Pues depende… somos gente joven que acaba de terminar sus estudios (Laura en Educación Infantil y Mario en Actividad Física) por lo tanto dependemos de los ahorros y de los trabajos temporales.

4.Actividades. ¡Lo que más disfrutamos! Una vez que tenemos todo lo anterior claro, comienza lo divertido. ¿Visitas a museos? ¿Rutas senderistas? ¿Kayak? ¿Rutas gastronómicas? ¿Escalada?…etc.

¿Listos para descubrir lugares mágicos?

Este año 2021 estamos llevando a cabo un súper proyecto de entrevistas. Diferenciamos en 3 grandes grupos entre los que hemos elegido a lo mejor de cada casa;

  • Deportistas de élite: Grandes referentes del deporte en múltiples disciplinas, jóvenes promesas que buscan alcanzar el éxito mundial, verdaderos amantes de los deportes a un alto nivel y mostrarnos una realidad de su día muy desconocida.
  • Grandes Viajeros: amantes incondicionales de los viajes, descubridores de rincones únicos y con una pasión que supera límites.
  • Crónicas de una historia: exploradores incansables, vividores de historias únicas, amantes de la vida y de disfrutar cada minuto de ella dispuestos a conocer lugares únicos y vivir mil y una experiencia para sumar a sus mejores recuerdos.

Queremos agradecer a Alas y Viento por la oportunidad de escribir en su blog de viajes y esperamos que os hayáis llevado un trocito de nosotros en estos pequeños párrafos que os hemos dedicado.

Recordar siempre “Viajar te deja sin palabras y después te convierte en un narrador de historias”

 

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Colaboranews. Revista Latitud. «Máscaras del Mundo. Bellas y Bestias»

Los amigos de la revista argentina de viajes Latitud me pidieron que escribiera para ellos un artículo inédito. Lo titulé «Las máscaras del Mundo. Bellas y Bestias» y ya lo han publicado en su web y redes. Dicen que es chulo.

Aquí tenéis el enlace para leerlo:

REVISTA LATITUD: MÁSCARAS DEL MUNDO. BELLAS Y BESTIAS.  

 




La Coruña. Santiago de Compostela. El Camino.

El Camino de Santiago es un caso extraño. En principio, y también en final, se trata de un sendero o una red de senderos normal. Con historia,  eso desde luego, por ser Santiago uno de los 3 grandes núcleos de peregrinación del cristianismo junto a Roma y Jerusalén. Los senderos en cuestión… bonitos, pero no preciosos. Ese camino, con minúsculas, aderezado con una magnífica campaña publicitaria, y quizás «algo» más, se ha convertido en El Camino, con unas enormes mayúsculas.

Empieza prácticamente en donde tu quieras de España, Francia o Portugal y acaba en Santiago de Compostela, una ciudad magnífica declarada Patrimonio de la Humanidad. En puridad «debes» hacer una etapa extra hasta Finisterre, el lugar donde acababa el Mundo antes de que Colón descubriera América, una lengua de tierra que se adentra 3 kilómetros en el océano Atlántico y desde la cual sólo se ve mar y nada más que mar por todos lados.

Yo sólo hice los últimos 120 kilómetros del Camino, desde Sarria hasta la Catedral. Lo justito para que te den «la concha del peregrino», una concha de vieira institucionalizada como el símbolo de la conclusión del «reto» que supone esa caminata.

Tomé un tren en Barcelona y nos encontramos con mi amigo Gustavo en Sarria un domingo por la noche. También hubieron otros actores secundarios, pero sin importancia de mención sino más bien lo contrario. Caminamos desde el lunes hasta el viernes a primera hora de la tarde cuando llegamos, bajo una llovizna persistente, a la plaza del Obradoiro, frente a la entrada principal de la Catedral. 

Fueron 6 días de conversaciones, gastronomía y caminatas, más duras por la necesidad de mochila pesadilla que por el propio desnivel del sendero. «Sin dolor no hay gloria», dice uno de los más famosos lemas del Camino. 

Hay tantísimas pormenorizaciones escritas sobre el Camino de Santiago, y yo mismo he descrito ya tantos trekkings por el Mundo que, en este post, me apetece menos hablar de senderismo, propiamente dicho, que del sentido y peculiaridad filosófica de éste trekk, quizás el más famoso del Mundo, y de algunas divagaciones como aviso de navegantes. 

Vamos por la peculiaridad. Gustavo, que ya lo ha hecho 3 veces, y que había iniciado esta etapa en Saint Jean Pied de Port, se chupó desde allí hasta Finisterre 1.000 Kilómetros en 28 días. Para mi amigo es una caminata especial, muy especial, y sostiene que tiene un algo de liturgia y profundidad que supone un «viaje interior». Estamos hablando de una caminata que hacen anualmente 350.000 personas. No sé. Yo disiento. Para mi cualquier viaje es un viaje interior y no hay absolutamente nada que haga de ese camino, «El Camino». Más bien, para mí, va sobrado de masificación y marketing. Lo que ocurre es que la gente viaja poco en comunión con la Naturaleza y este paseo está muy organizado para hacerse así, con tranquilidad, sin comercios, sin lujos ni atracciones superfluas, a pelo. Y además hay mucha interrelación entre los caminantes por los dormitorios colectivos y la identidad del itinerario que hace que, en cada etapa, te vayas encontrando a la misma gente. No hay más. Y nada que ver si lo haces en relativa soledad como nosotros, en mayo, o te metes en el barullo de julio o agosto. Yo lo siento muchísimo pero, sin negarla, porque haberla haila, y solo faltaría que se la hubieran cargado, no sentí mas espiritualidad ni trascendencia que en otras caminatas como el Kumano Kodo japonés, el Ururu australiano o el Machu Pichu peruano. Como digo, sí hay un halo espiritual, con multitud de lugares con reminiscencias religiosas, los gallegos son magnífica gente que te hacen sentir en paz y la caminata es bucólica y agradable, aunque no creo que haya que exagerar. Quizás para un católico es diferente, puedo aceptar, y desde luego respetar, su valor simbólico y su riqueza como rito religioso, pero más no hay. Sin embargo, el salir de tu rutina, el esfuerzo y el vivir unos días de forma sencilla aprendiendo a valorar las pequeñas cosas siempre te hará sentir «algo» y te hará bien. 

Y ahora la divagación y el aviso para navegantes. Decía que para mi cualquier viaje es «un viaje interior», pero eso eso no es así si te lo tomes como una juerga jaranera para ligar y discotear, que de todo hay en la viña del señor. Hay una aplicación de móvil que te permite hacer el Camino de Santiago conociendo solteros y solteras en cada una de las etapas que hagas… O eso me dijeron. ¡Toma peregrinación! Y es que tiene guasa porque esa aplicación, muy, muy conocida, está ya en todo el Mundo. 

Es una especie de nuevo turismo sexual. Se trata de una red social en la que pones tu foto, tu “radio de acción” y edades de los partners que buscas, por ejemplo, 20 kilómetros a la redonda, de 25 a 35 años. Desconozco si puedes exigir requisitos complementarios. Asi, te salen fotos de chicas o chicos, señores o señoras que cumplan tus expectativas y, a las/los que te gustan, pues eso, pones  “”me gusta”. Si ella o él también ha puesto “me gusta” en la tuya, pues chateais. Y si mola el chat, pues se queda. Para hablar ¡eh! El sexo no es obligatorio. De esta forma tan fácil e imaginativa te puedes pasar en plan follarin toooooodo tu viaje, por ejemplo, a Santiago de Compostela o a Turquía. Y además puedes encontrar tu alma gemela gallega o turca. Oigo que mucha gente se apunta al pitote. Si, eso también se puede hacer en casa, pero es menos exótico. Una aventura apasionante. Pues nada, que cada uno haga lo que quiera y Cultura son muchas cosas pero NO, con dos letras pero gordas: eso no es un viaje. Eso es moverte de casa para hacer lo mismo mismamente que en ella. 

Y, volviendo a Galicia, otros hacen el Camino con una sana petaca de whisky o una enorme bota de vino. Y es que cada loco con su tema. Pero eso NO es el Camino y entonces si que te cargas todo vestigio de profundidad. 

Nosotros de eso nada de nada. Gustavo, como he dicho, había salido de Saint Jean Pied de Port a Roncesvalles, 25 kmts atravesando los Pirineos, después desde, Roncesvalles a Santiago de Compostela 790 kmts, más y, de ahí, tras las celebraciones y tapeos correspondientes, 100 kilómetros mas hasta  Finisterre, donde la costumbre manda tirar las botas al mar. Sin comentarios. 

Total son  917 Kilómetros sin contar lo que caminas en cada pueblo y ciudad por los que pasas y que pueden ser 500 kms más de propina. Así que, más que un viaje interior, aquello fué un palizón. Y claro, eso te deja mucho tiempo para pensar, y de ahí lo del viaje interior. Pero lo dicho, si eso da para pensar imagínate un viaje de meses o años. 

El lunes Gustavo se fué hacia Finisterre. Yo, en este caso, con mis 120 kilómetros que te dan derecho a la preciada concha tuve más que suficiente. Un paseo agradable y punto. De su filosofía y su profundidad la justa. Descreído que es uno.

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Marruecos (y 2) Sueños y pesadillas.

«Por más real que sea, cualquier realidad que vivimos hoy ha sido ayer una fantasía, sea sueño o pesadilla». Emmanuel Rivera Méndez. 

Sigo en modo diferido. En este caso, recuerdos de mis segundo y tercer viaje a Marruecos, dos y cuatro años después del primero, respectivamente. 

Del segundo viaje recuerdo una anécdota desagradable. No iba solo, fuí con una amiga, en teoría muy viajada pero…

Tras alquilar un coche en Marrakech tomamos la carretera hacia el Atlas con un coche alquilado. El paisaje era de lo más insulso y árido y mi compañera, supongo que de puro aburrimiento, bajó la ventanilla y empezó a hacer fotos de un acuartelamiento militar. No me dió tiempo a decirle nada. Ella, simplemente, sacó la máquina de fotografiar como John Wayne su pistola y empezó a disparar a todo quisqui. Inmediariamente le pegué el correspondiente grito pero, entre los primeros segundos que ya habían pasado y los que pasaron cuando, todavía con la máquina en ristre, me contestó el típico «¿¿¿Por qué???», ya se había liado parda. 

Un jeep cargado de militares salió del acuartelamiento a todo gas con la sirena ululando intimidatoriamente. Yo solté el típico «¡Me cago en diez!», ya más de fastidio que de cabreo. Y es que cualquier viajero sabe que, por estos mundos de Dios, nunca, nunca, debes fotografiar una caserna del ejército, una estación de policía, una aduana ni nada que huela a oficial. Lo dicho: ¡Me cago en diez!

Paro inmediatamente en el arcén y me preparo para aguantar estoícamente lo que pueda pasar a partir de ahí. El que parece el jefe de la patrulla nos hace bajar, empieza a gritarnos en árabe y, tras asegurarse de que no entendemos nada, sigue escupiéndonos palabras en un buen francés. El mensaje es obvio: está prohibido hacer fotos a instalaciones militares, nosotros somos, además de unos pardillos estúpidos, peligrosos espías, ellos nos han pillado in fraganti y tenemos que darle los pasaportes, la cámara y acompañarles a la caserna. Nos cachean, nos meten en el jeep y el coche queda abandonado en la cuneta. 

La cosa fué muy, muy tensa, pero no pasó a mayores. La incomodidad de 5 horas de esperas e interrogatorios alternativos, la pérdida de un carrete de fotos y poco más. Sí, no hace tantísimos años existían unas cosas que se llamaban «carretes de fotos». En esa época, como ahora, las relaciones España/Marruecos eran buenas y los marroquíes hacían buen acopio de divisas con el turismo español así que, supongo,  no nos aplicaron más que un ligero correctivo para saciar su chulería. Eso en países del África negra es más peligroso y puede resultar muy caro porque ahí hay más miseria y la miseria encabrona mucho. 

Por el contrario, de mi último viaje al vecino Marruecos no guardo más que buenos recuerdos ya que fuimos, con mi hijo Ramón, únicamente 3 días para la boda de mis amigos Fina y Josep Maria. Si, si, 3 días de boda bereber imparable, impagable e inolvidable. Al cabo de un año todavía hicimos una comida todos los invitados con una camiseta con su foto y bajo el lema «Yo sobreviví a la boda de Fina y Josep Maria». Una pasada. 

Comidas y cenas en campamentos, oasis y hoteles de ensueño en medio del desierto, excursiones en 4×4 por las dunas, juergas bajo las estrellas, amaneceres y atardeceres de película… Sin duda alguna la mejor fiesta de mi vida con el momento álgido de la aparición de los contrayentes en el comedor llevados en volandas dentro de sus tronas en unos palanquines enjaezados y acompañados de esos sonidos guturales bereberes que se meten en tus terminaciones nerviosas como los de frenazos preaccidentales. Ella, guapa del todo y más ya de por sí, vestida de novia bereber con la más radiante de las sonrisas era como una aparición idílica y ensoñadora. El, un ser de una serenidad y bonhomía atávica, feliz y en su salsa norteafricana curtida en mil carreras por el desierto y con la consciencia de la felicidad en su cara grabada con consistencia de para siempre jamás. Una imagen de momento y lugar únicos, privilegiados y legendarios. 

Compartí todo eso con un montón de gente rendida a la sucesión interminable de instantes valiosos pero, especialmente, con 2 personitas importantes. La una, mi hijo, Ramón, que por aquel entonces tenía como 8 añitos, con el que recuerdo un momento tremendo cuando nos alejamos solos de un campamento de haimas adentrándonos en el desierto unos metros para contemplar, juntos y en silencio, un cielo abarrotado de estrellas como el que ni había visto ni veré nunca más. La otra, Teresa, una amiga de las eternas en la vida, de las que siempre han estado y siempre estarán, perlas rarísimas que brillan en una existencia con el valor de lo esencial. 

En fin, una pasada de viaje, un abarrotamiento de instantes mágicos sin solución de continuidad, un no parar de vivir lo extraordinario y un hartón de caminar por el filo de una realidad fronteriza con el sueño. 

Y el resto de Marruecos, carreteras ganadas al desierto, cañones áridos como heridas en tierras ya muertas, palmerales de espejismo, mercados alucinantes, pueblos misérrimos, palacios con impresionantes lujos orientales, fantasmagóricos kasbahs, ksars amurallados, cabras trepadoras, camellos majestuosos, gente dura, playas ventosas y todo envuelto en puro ambiente de un Mundo muy diferente al ladito mismo del nosotros. 

Si, un viaje muy cerca y muy lejos. Me pregunto si volveré algún día…

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Marruecos (1) «La Place».

Casi siempre escribo en directo pero, a veces, lo hago en diferido recordando, y así volviendo a vivir, un viaje que hice antes de empezar este blog. Este es el caso de Marruecos, pero no es el relato de un viaje sino una especie de cocktail de los tres que hice a ese país hace… En su día, hace ya muchos, muchos días. 

De mi primer viaje a Marruecos lo que más recuerdo, con intensidad de un «ayer mismo», es el atardecer en que fui a conocer quizás la más famosa plaza del Mundo, la más exótica y la más viajera, «La Place»: Plaza de Yamah el Fna. Marrakech. 

La Place es una ilustración en carne viva de un mercado de Las Mil y Una Noches, un espectáculo de exotismo del Lejano Oriente con todas su autenticidad, su atractivo de experiencia única y sus miserias. 

Me alojó en un súper hotel. Tres estrellas con piscina guay con todo el lujo detallista oriental de bordados dorados, lámparas de cobre, tapices, sándalo y flores. 

Hasta La Place caminando es un agradable paseo con el único inconveniente del típico buscavidas que se pone a tu lado e intenta entablar conversación. «Hola, ¿No te acuerdas de mí? ¿Soy del hotel?». «No gracias, no quiero nada». Cambio de acera y se acaba el problema aunque, de esos elementos, aquí hay muchos y algunos días el callejeo puede resultar pesado. 

Ya en La Place: tullidos en el suelo pidiendo limosna y un tráfico endiablado en una rotonda sin carriles como una pista de autos de choque que buscan sobrevivir con la prescindible ayuda de un pobre policía subido a una marquesina que pita y voltea los brazos sin ton ni son como un muñeco de feria con poca gracia. Nadie le hace ni puñetero caso. 

En el centro de la plaza, corros de gente alrededor de espectáculos de titiriteros, danzantes, espadachines, comefuegos, encantadores de serpientes y demás submundo de animales amaestrados. El conjunto en aquel momento me supo exóticamente agridulce. Habían «números» buenos y malos pero lo que llevo peor es lo de los animales. 

A ver si me explico. ¡Ojo! ¡Ojo, ojo!:

Consejo de viajero. Cuando viajas es importantísimo hacerlo con responsabilidad y no caer en turistadas que utilizan animales para actividades que no tienen nada que ver con lo «exótico» ni con el concepto «viajar». Hacerse una foto con un pobre mono vestido con la camiseta de Messi, o con un pulpo en la cabeza, o pasear en un carro tirado por caballos a 30º a la sombra, o asistir a espectáculos circenses con animales «entrenados» de protagonistas, etc, no es nada guay. No es exótico. No es viajar. Es una payasada. Y lo digo con todos los respetos. Sé que no es maldad, es irreflexión. 

Todas las especies hemos de compartir este Mundo con respeto y sin dañar. Los animales sienten. Ese es el quid de la cuestión. Quizás no al mismo nivel o dimensión que el ser humano pero sienten. Desconocer eso es como decir que los murciélagos no ven. No ven con los ojos pero «ven» con otros sentidos que tu no tienes. No le hagas a un animal lo que no quisieras que te hicieran a ti. Piensa. Por favor. Una especie realmente «superior» quizás se alimenta, pero no extermina ni esclaviza a las demás. 

Al oscurecer estoy tomando una cerveza en una de las terrazas situadas en el terrado de los bares de la plaza y, de repente, van apareciendo unas serpenteantes filas de hombres vestidos de blanco portando calderos de metal humeantes. Las luces de la plaza penetran en los vapores y la escena es de averno infernal pero los aromas te llaman alto, claro y persuasivamente. Sin duda hoy ceno allí. 

Bajo y voy picando porciones en los puestos del mercado. Hay un pescado delicioso de carne firme rebozado con especias. Y, de pronto, todo lo tuerce una voz en mi espalda que me dice en perfecto español pero con obvio acento árabe: «Dame la mochila». Me giro entre la multitud, todos apretujados, y compruebo que la voz pertenece a un chaval de unos 16 años, tejanos negros, zapatos negros y chupa negra que me enseña un cuchillo de considerables dimensiones en su mano. Malo. 

Ahora me gustaría explicaros que, tras una pelea, rápida pero intensa, con intercambio de golpes de Kun Fu y llaves de lucha libre amenizado con una banda sonora de grititos chinos, suspiros y bofetadas, me libré del ratero y otros 5 de su banda que le escoltaban. Pero no, no tengo ni puñetera idea de artes marciales y mi valentía y arrojó sin igual no compensan las carencias de mi cuerpo que está para lo que está y no está para lo que no está. 

Peeero… Lo de que nunca aparece un policía cuando lo necesitas no es verdad. En ese caso, y en el mismo instante que yo me giraba, pasaron 2 policías marroquíes y el ladrón, que también los vió, desapareció como por arte de magia. Como si hubiera pedido el deseo a la mismísima lámpara de Aladino. ¡Pluf!… Y ya no estaba. Soy un tipo con suerte. 

Pero tampoco es cuestión de tentar a esa suerte así que, por hoy, ya es suficiente. Me vuelvo al hotel. 

Sea como sea, con sus claros y sus oscuros, ¡Imprescindible «La Place»!

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El Cau. Alejandro Cesar Martin Horovitz

Luces y sombras

El pasado febrero, cuando repetí la publicación de «Japón (3). El valle del Kiso. La ruta Nakasendo«, Alejandro Cesar Martin Horovitz comentó en facebook»:

«Seguimos viajando con Alas y Viento…super interesante…se me hizo un nudo en la garganta a mi también…en fin, seguimos viaje.» 

Yo le contesté: Alejandro Cesar Martin Horovitz 😊 Así es exactamente: «en fin, seguimos viaje». Tremendo, amigo. Si yo hubiera querido resumir en 4 palabras este artículo no lo hubiera hecho mejor. 😔. Me has dejado perplejo. Palabra.

Y es que al escribir ese artículo yo estaba triste. Todo en la vida tiene su cara y su cruz y la cara oculta de la vida viajera, como la de cualquier vida, tiene su consistencia. Mucha gente dice que me envidia. ¡Cuidado con lo que deseas! Viajar tanto es magnífico pero no idílico. Y no es fácil, has de renunciar a un montón de cosas y que un lector capte tan bien tu estado de ánimo es un gustazo inconmensurable. De eso no hay fotos.

Gracias Alejandro. Con sus pros y sus contras, con sus maravillosas luces, y también con sus sombras, … ¡Seguimos! 




Entre paréntesis. 2.020. El año de la pandemia.

Ya llevamos casi un año entre paréntesis. Ojalá el 2.020, como digo en el título de este post, quede en nuestra memoria colectiva como «El año de la pandemia» y no como «El año que empezó todo». O quizás eso tampoco estaría mal… No sé. 

Su nacimiento me pilló en Brasil, después estuve en Colombia, ya en febrero en Ecuador y, tras 14 días de marzo en Portugal, el Mundo quedó cerrado a cal y canto. Así, de golpe y sin anestesia. Como quien dice en 4 días, el virus (no quiero ni nombrarlo) se había extendido incontrolable, los sistemas sanitarios estaban colapsados, estaba muriendo gente a miles y todos fuimos quedando confinados en espacios mas o menos minúsculos. 

Ese confinamiento para mí fue una nueva aventura, ni más ni menos. Tres meses en mi casa con tiempo para disfrutarla y descansar de mi continuo deambular, en una soledad rodeada de mar y montaña, un montón de día y de noche para trabajar en todo lo atrasado, pequeños paseos para respirar un poco de aire libre… La verdad, nunca había tenido ni mi casa ni mi vida tan limpita y ordenada. 

Así nos plantamos en la mitad del año y ya pudimos salir de casa y nos encontramos una nueva «normalidad». Un nuevo Mundo mucho más limitado. Restricciones casi absolutas para cruzar fronteras, socialización mínima, mascarillas y tests, limitaciones en el trabajo, crisis económica galopante, prohibición de todo lo que signifique ocio, fiesta y multitud… Un verano y un otoño raros, rarísimos, pero no malos. A mi me habían quitado el viajar pero, reinventándome, me he dedicado al mundo de las máscaras, mi otro mundo, exponiendo, haciendo relaciones, proyectando, estudiando y catalogando. Y, además, disfrutando de mi gente, gente mía a la que veo muy poco y con la que estar de vez en cuando ya es para mí extraordinario porque la vida viajera te aleja de los que quieres incluso más que una pandemia.

Y ha llegado la Navidad, una Navidad que yo nunca vivo, y he seguido sin vivirla más que de forma muy tangencial. Nada mal, nada va mal, como en una isla tranquila… Al paso. Soy de los que piensan que nada es bueno o malo, que todo tiene su cara y su cruz y es cuestión de buscar a las situaciones de la vida el morro y no el cogote. 

Los postres de este año han sido pruebas médicas y una operación de la hernia que me habían dejado de recuerdo las montañas que subí durante el último viaje. Cuando escribo esto todavía no lo sé, pero supongo que todo irá bien. Y mi cuerpo y mi mente se siguen aburguesando, me duelen todos los huesos de la relativa inactividad y, todo yo mismo mismamente y en mi totalidad, clamo por volver a viajar y a crecer. Y en esas estamos, otro año pasó, pas mal, insisto, pero yo ya parezco un bicho enjaulado. Ha sido un año extraño, quizás el menos activo de muchos pero, al mismo tiempo, quizás el más diferente y, por tanto, en cierto modo igual de aventurero que otros. No sé.

He procurador viajar a saltitos, de aquí para allá siempre dentro de España y… No, bien no estoy. Mentiría si dijera lo contrario. Nadie está bien, creo. No mal, como máximo. Sin drama, obviamente, pero yo desde junio tendría que estar viajando y ahora mismo estaría en Estados Unidos o, quizás, entrando en Canadá. De ahí seguiría viviendo, como siempre, a trote y galope y ya me pasaría a Islandia e iría viajando hacia el sur y llegando a casa habiendo acabado mi Vuelta al Mundo. No ha podido ser. Bien, qué se le va a hacer. Al paso. 

«Paciencia», me digo, «Sí», me contestó. Pero,… me da verdadero pánico pensar en qué voy a sentir y escribir el año que viene por estas fechas sobre qué fue el 2.021 si esto sigue más o menos igual… y por ahí andamos por lo menos por ahora. 

Parece que, ahora, se da el tiro de salida a la «carrera de las vacunas» envuelta en un montonazo de interrogantes que habrá que ir gestionando como cada uno pueda o quiera. Tampoco suena bonita la melodía. 

Yo, como muchos, quizás como todos, con este periodo de vida no tengo mucho feeling pero, desde luego, seguimos. No me ha parecido un mal año. Es lo que nos toca vivir, vivir es maravilloso y, además, todos hemos descubierto un montón de cosas. Unos hemos aprendido el valor de «pequeñas cosas», otros se han introducido en la tecnología y se han reinventado, algunos han visto cosas que tenían y no conocían, el entorno se ha recuperado un poquito, algunos han conocido al vecino y otros han tenido tiempo que no tenían para asuntos pendientes… Quizás el tema es si el 2.020 ha servido para algo. Si no es así es una mierda pero… si es una mierda no es culpa suya. Espero ver, cuando se disipe esta espesa niebla, qué es eso que viene después del «año de la pandemia» o del «año en que empezó todo». Lo que venga tendrá su cara y su cruz. Veremos.

Mientras, estoy un poco tristón y me sobran horas, algo para mi inaudito. Pero no me quejo. El poco hoy se llena de sueños cumplidos ayer y yo tengo muchos de esos en el zurrón.

Al fin y al cabo… Esto sólo es un entre paréntesis. 




El CAU. Santi Soriano Mendoza.

Santi es una seguidora de Alas y Viento que a veces me regala en Facebook comentarios que, leídos en viaje, me dan más Viento que el que nadie pueda imaginar. Me decía en «Brasil (3). De Pernambuco a Bahia. Samba, color y calor»:

«Dios mío, tiene localización real Pernambuco. Y es que en esta sección se aprende tanto. Pero lo que más me gusta, es que emplea un relato chispeante muy descriptivo. De modo que logra  transportarnos hasta esos mismos barrios, playas y parajes. Una gozada. Si parece que sentía el mismo cansancio sin moverme de casa. Es un sistema este de viajar muy cómodo.»

¡Muchisimisimas gracias Santi!

Pero ahora mismo el comentario de Santi que más me viene a la cabeza es el que hizo con ocasión del «Entre paréntesis 4 meses en África. No puede ser.»:

«Si. Este artículo expresa verdades como puños. Los occidentales estamos idiotizados por el consumismo y necesitamos un baño de cruda realidad.»

Pues no sé, ya ves… El baño que nos está dando el COVID es de lo más democrático e igualitario. Ni mucho menos está afectando por igual a ricos y pobres y a blancos y negros pero, desde luego, él está haciendo lo posible por repartir bofetadas a todo el mundo.

A ver que sale de todo esto pero, si aquí está lloviendo sobre mojado, en África llueve sobre embarrado.




Teruel. El Maestrazgo (1ª parte). Amantes. Las Peñas de Masmut.

Y ahora Teruel. 

Deambulando por Tarragona, hace más de un año, ya había entrado en la provincia de Teruel, justo antes de empezar la segunda parte de mi Vuelta al Mundo. Eso ya pasó. 

Parece que hace siglos pero no hace ni 6 meses que volví de ese viaje desde Turquía a Sudáfrica y desde Argentina a Ecuador. Añoro esa vida. 

Yo vivía muy, muy deprisa y del frenazo que ha supuesto la pandemia casi me salgo de mi mismo. Ahora hay que aprovechar la libertad que nos queda porque nuevos brotes se van generalizando y cada vez se ve más probable tener que volver a las restricciones de movimiento para frenar el bicho. Si me siguen atando las alas al final me van a matar o me voy a volver loco así que, por salud física y mental, en vuelo rasante, pero he de volar. 

Un tirón de coche y, eso… ahora Teruel. 

De Teruel se conocen pocas cosas. Aquel lema reivindicativo de finales del siglo pasado, «Teruel existe», tuvo su éxito  pero no el suficiente porque ésta continúa siendo una región aislada y poco protagonista. Muchos, si les dices qué le sugiere la palabra Teruel solo llegarán a decir: «Los amantes de Teruel.». Eso no es mucho. Y, encima, añadirán: «tonto ella y tonto él». Es una rima cruel…

Los amantes de Verona, Romeo y Julieta, gracias a Shakespeare, se llevan todos los mimos y, en cambio, de los otros queda la frase «Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto el». ¡No te jode! En realidad, Diego e Isabel fueron, parece ser, una rica heredera y un joven pobre que, por ganar la aprobación del suegro, marchó a buscar fortuna a lo que fué La Reconquista. Pero la historia cuenta toda una serie de infortunios, malentendidos, casualidades y besos infantiles que causan la muerte a ambos y, supongo, de ahí les llega lo de «tontos». En fin, no son más que historias pero me fastidia que los de Verona sean el colmo del amor y los de Teruel sean el colmo de la tontería. Sí es cierto que el amor produce más estupidez que el peor virus cerebral imaginable. Ríete de los zombis. Pero o todos moros o todos cristianos. 

Lo cierto es que los susodichos amantes, verdad o mentira, tienen un mausoleo en la iglesia de San Pedro de Teruel donde yo, evidentemente, no peregrinaré. Yo me quedo en el Maestrazgo. 

El Maestrazgo es una comarca histórica que se extiende por Castellón y Teruel. El nombre deriva del término Maestre ya que estos territorios se encontraban bajo la jurisdicción del Gran Maestre de las órdenes militares del Temple, San Juan y Montesa. De los templarios hablaré en otro rato. Tienen su guasa. 

Paso rápido por los pueblos ya vistos y citados en en mi anterior viaje por la zona: Lledó, La Fresneda, Fuentespalda, Beceite, Calaceite y paro en La Portellada. Hago un senderito ligero hacia «El Salto», un poco o nada impresionante salto de agua al que descubro, demasiado tarde, que se puede ir en coche y, como consecuencia, es pasto de turisteo. Salgo pitando pero las 2 horitas de paseo me han ido bien a pesar de que el calor pega con saña. 

Hoy toca Monroyo y Peñarroya de Tastavins, pueblos mediavales con cuestas infinitas. Con una visita al Mirador de la Muela en Monroyo y una vuelta al peñasco donde se asienta Peñarroya hasta vislumbrar las Peñas del Masmut, con todo el valle de la Pena a la derecha, tengo paseo más que suficiente. Hoy no tengo el cuerpo jotero para trekkear porque ayer sólo se me ocurrió que hidratarme matando la sed con vino y me he levantado herido de muerte. Aquí hacen un vino buenísimo que entra fácil y traicionero, especialmente si vas picando una tabla de quesos y embutidos de la tierra. Pim, Pam, Pim, Pam, Glu, Glu, Gu, Glu. Estamos entre 35 y 36 grados así que la hidratación necesaria me condujo a la perdición. Hidra viene de agua. Para que luego digan que el latin y el griego no sirven para nada. 

Hoy sí, hoy toca trekking y bonito. Vuelvo a Peñaroya, o Peña Roja. Dicen que el nombre del pueblo viene de aquellas rocas o peñas del Másmut que, con la luz del sol, a ciertas horas se tiñen visiblemente de rojo. 

Voy a hacer el Pico La Tossa, delante de las Peñas. Un sendero de ganado durante un ratito y entro en camino de carros más arreglado hasta la falda de las Peñas. No veo camino para cima pero lo intento. Subo por piedra pequeña de la resbalosa hasta pillar macizo pero me tengo que conformar con un «casi». Los últimos 100 metros a cima son gateo y escalada a pelo, no muy difícil pero un resbalón y estas muerto. Creo que, si siguiera, después ya encontraría mejor terreno pero voy sin guía y no me vale la pena el riesgo. No sé por qué, llámale X,  pero no voy a subir. Yo no soy miedoso pero escucho a mi mente. Si no lo veo claro es que es peligroso y, por lo que sea, no estoy preparado para hacerlo. «Además, Nacho, te he dicho que hoy hacemos el Pico La Tossa. Eso está ahí delante. En montaña se te va la olla». Hay que escucharse.

Sigo por un caminillo que se separa de la pista direccion a Villabona. Pierdo el sendero y campo a través guiado por el GPS llegó a La Tosa, 1.150 metros que saben a más. Desde un mirador se ve todo el sistema de los puertos de Beceite y Sierra de Pena Roja. Un espectáculo de una grandiosidad acongojante. Ya llevo 3 horas de caminata y, a medida que vas bajando, el calor se vuelve más sólido y tangible. 

Hoy… Litros de agua

Vuelvo a La Fresneda para comer unas costillas de cordero, pobrecito, con alioli del bueno, y ya se ha acabado el día. Y 365 momentitos de esos y ya ha pasado un año. Y 100 de esos resultantes y ya eres polvo. Todos calvos. Como para pensarse que somos importantes… 

Hace mucho calor. Teruel no es una tierra fácil para el verano. Me meto en el frigorífico. Y parece ser que en Aragón están creciendo los contagios así que dejaré el resto de la región para otro viaje. Mañana me voy a Castellón sin dejar el Maestrazgo.

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Andorra (y 2) El Principado. También esto pasará.

Creo que nunca he estado en un Principado. Éste, el Principado de Andorra, lo gobiernan 2 «coprincipes»: el obispo de Urgell y el Presidente de Francia. Nada que ver pues con los principitos de Walt Disney. Tienen también un Parlamento y un Presidente propio asi que me parece que los príncipes pintan poco. Creo que, hoy en día, todos los príncipes pintan poquito más que nada. El idioma oficial de Andorra es el mío, el catalán y, encima, no tienen ejército así que, de entrada, este país me cae simpatiquísimo.

Por cierto, se me ocurre que si se disolvieran todos los ejércitos del Mundo se ahorraría un montón de dinero ¿no? ¡Ah!… Ya… Es «IMPOSIBLE». ¡Que palabra más fea, coño!

Yo todavía me siento inseguro y no es por la falta de ejercito. No sé si las medidas que se toman para parar el COVID son económicas o sanitarias, y ni siquiera sé si unas y otras son compatibles y posibles. Todo es extraño e inquietante. No se si el virus está o no está pero, si me da por estornudar, no pienso en que estoy pillando un simple resfriado… me acojono. Y eso que no veo la tele más que muy ocasionalmente. Las noticias no son buenas. 

Lo grave es que no creo que nuestros dirigentes tengan tampoco clara estas cuestiones ni ninguna otra. La actitud de los políticos es patética. Creo que, en cuanto acaban las campañas electorales, los cargos electos no se ponen a gobernar si no que empiezan una nueva campaña electoral y todas sus decisiones tienen el objetivo de renovar su mandato y consiguiente salario sin problemas. Objetivo: ganarse la vida. No hay más nada. Muchos políticos actúan como principitos, me temo. Todo esto da miedo, pero…

Releo a Esther Tusquets, «Varada tras el último naufragio»: «… convocó a todos los sabios de sus dilatados reinos, y les pidió que buscarán una frase para él y para cualquier hombre, una frase única y que conviniera y se adecuara a cualquiera de las múltiples circunstancias y peripecias de la vida, y los sabios deliberaron mucho, mucho tiempo, y por fin un día salieron de su encierro y fueron a comunicarle la frase al emperador, y la frase era ‘TAMBIÉN ESTO PASARÁ»».

Barcelona era un horno y en Andorra estamos entre los 15º/20º al mediodía a los 7º/10º de madrugada. Se agradece el fresquito. Rensol es una de esas urbanizaciones/pueblo/parroquia que componen el principado rodeadas por todos lados de montañas y pistas de sky. Soldeu, En Camp, Tarter, Rensol, Ordino, Pas de la Casa… Pueblos y urbanizaciones con una arquitectura de montaña dominada por la pizarra, bastante integrada en el paisaje, con sus barbaridades urbanísticas, desde luego, pero todo entre una Naturaleza maravillosa. Un conjunto bastante armonioso dentro de lo que cabe al ser humano

Voy a comer a un «grill». La carta ofrece pedazos de 800 gramos de carne de vaca y de buey «a la piedra». Para mi eso es toda una vaca. Sólo verlos me lleno, pido un vino y una tapa de jamón y me voy a caminar. 

Y en mi primer paseo, muy cerquita de las casas, se me cruzan una pareja de «cabirols» , una especie de huidizos cervatillos. No hay nada que me de más placer de la montaña que ver animales libres. 

Hago el Cami de les Secles, la Circular de Campillo por els Plans hacia la Vall del Riu hasta que el GPS me dice que estoy en Francia, y todos los alrededores de Rensol, pero el trekk más bonito es el circular de la Collada de Pessons. Tres horas de bosque alpino hasta un precioso circo de montañas salpicado de lagos ahora cristalinos pero helados durante 8 meses al año.

Me siento transportado al Mundo. Eso mismo o parecido o concordante, esas coronas de montañas esbeltas y retadoras con lagos en la falda y manchas blancas en las cimas las he visto en 5 contientes y, sin embargo, las siento siempre únicas y preciosísimas. Además, hago esa trekk de 3 horitas fuertes con Ana, una amiga andorrana, mujer guapa, señora y elegante de por vida, y su perra golden, una delicia de compañera. 

Y me da el viaje para ver a otro amigo: Gabriel, otro de mis hermanos. Muchos años de amistad y experiencias comunes. Otro culo de mal asiento, no sé cuantas carreras, títulos y titulines y, encima, violinista. Ahora resulta que es cónsul en Andorra de no sé qué país del Norte de Europa. Se ve que tiene por allí negocios con el bacalao. A saber de donde le sale la vena pescadera. Con la vida de viajero también pierdes el hilo de la vida de los amigos y, cada vez que los ves, ponerse al día de su vida es una sorpresa apasionante. 

Antes de irme, no puedo dejar de dedicar una mañana al deporte nacional de Andorra: el «shopping». Soy anticonsumista hasta el tuétano pero pillo buenos precios de una camisa y unos pantalones técnicos que me irán de miedo cuando vuelva a viajar «de verdad» . Y una botella de mi colonia a mitad de precio. Y un poquito de tabaco también.

Ya ves. También esto pasará. Poquito a poquito. 

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Andorra (1) Calentando motores. De camino.

¡Ya está! Ya hemos «doblado la curva» de la pandemia Covid-19. Y, de paso, la de la polución mundial. Estamos a los niveles aconsejados por la OMS y no lo conseguíamos desde hace décadas.

Estoy contento porque, supongo, ahora todos los gobiernos y toda la sociedad se pondrán a doblegar las otras curvas. Las del calentamiento global, la de la degradación de la Naturaleza por el urbanismo salvaje, la de la pesca industrial, la del abocamiento de plástico, la de extinción de especies animales, la de la deforestación, la de la violencia machista en todos los niveles, la del hambre en África y en todo el Mundo subdesarrollado, la de la malaria y el sarampión, la del incremento de la práctica de la tortura en los regímenes autoritarios, la de las guerras,… ¡Pues no queda faena! Y lo de «doblar la curva»… Ya veremos. El partido acaba de empezar. Mucha tela que cortar veo yo. 

Las vueltas que da la vida. Decía, hace ahora un año: «Nada es verdad y nada es mentira» . Era en un post sobre un viajecito de 1 semana a Barcelona, cuando ni siquiera sabíamos lo que era una «pandemia», y ahora vuelvo a Barcelona de camino a Andorra y me quedo aquí unos días. Todo sigue igual: «Nada es verdad y nada es mentira»

Parece ser que ya no está el bicho en parte del Mundo, se evaporó el virus, se acabó el obligado confinamiento y, con prudencia, ya podemos viajar. Sinceramente yo no entiendo nada porque no parece lógico que el tal «COVID» se haya ido muy lejos así que, mientras no lo vea claro, me conformaré con pequeños viajecitos para ir calentando motores hasta que la situación se normalice mínimamente. Andorra no es un viaje largo pero es un viaje internacional. Es a lo que me atrevo ahora. La situación sigue muy incierta. Sinceramente, no entiendo que esta pasando. Tres meses de confinamiento y, de golpe, parece que el virus está vencido o se ha ido de vacaciones… Dicen que ya podemos movernos libremente por España y por media Europa pero también advierten que en cualquier momento puede haber un rebrote y volver al confinamiento. Total, me voy a Andorra.

Y de camino en este mi primer viajecito de calentamiento, ya en Barcelona, me entero por la tele que la situación es complicada porque viene una ola de calor, hay que hidratarse, no abusar de alcohol y azúcar, evitar hacer ejercicio en las horas de más calor y avisar al médico si tienes algún síntoma de algo. ¡Y toda eso en verano! ¡Suerte que me han avisado!..   ¡Madre de Dios cuanta tontería! 

Empiezo por pasear por los barrios altos, San Gervasi y Sarria y paso la frontera de la Diagonal para acercarme, de nuevo, a Gracia y hasta la calle Mallorca y la Sagrada Familia y, de un tirón, a San Pau. Una magnífica comida en una braseria Gallega y vuelta a casa. 

Y los días siguientes toda Barcelona, desde el Palacio de Pedralbes al Borne, desde el parque Güell al Paralelo y Poble Sec, desde Sans hasta El Gótico, Ciutat Bella y las Ramblas de abajo arriba y vuelta al ruedo otra vez… Las plazas, los mercados, tapeo en los bares más tradicionales,  parques y jardines… Barcelona, nada nuevo, pero… Un par de notas… 

Mucha gente por la ciudad hablando sola, pero no sabes si se han escapado del frenopatico o se ha metido un pinganillo por el orto. Eso del teléfono móvil es una locura. 

Está claro que somos monos. Está costando más de la cuenta adiestrarnos en eso de llevar mascarillas. He visto de todo. Desde policías con la máscara colgada del cinturón multando coches mal aparcados, hasta una chavala musulmana con toda la parafernalia de velos por todos lados, pañuelo envolviendo completamente el pelo con 30º a la sombra y la mascarilla en la mano. Como la mascarilla no la manda ningún «dios» o profeta…

Mucho comercio cerrado, los bares, se llamen «d’Angelo», «Don Pedro  o «Tipic Sant Jordi», son casi todos propiedad de chinos y los colmados pakistanies brotan como setas. La economía europea se tambalea peligrosamente pero soplan vientos de prosperidad desde Oriente. 

Pasamos hoja…y de un tiro me plantó en Andorra.

Otra vez en mi hábitat natural, el autobús. Son 3 horitas de nada y ya estoy en Andorra, un minúsculo país de 80.000 habitantes conocido, en teoría, por su comercio «bueno, bonito y barato», sus bancos opacos y sus pistas de sky. Y digo en teoría porque desde que en el 2.010 perdió su consideración de paraíso fiscal el atractivo de Andorra recae ya sólo sobre las espaldas de su maravillosa Naturaleza. 

Andorra era un país pobre y, hasta mediados del pasado siglo, no tenían recursos para mantener a más de 6.000 personas. Montaron un paraíso fiscal, pistas de sky y arreando. Hoy, con la pandemia, parece que están preocupados otra vez por su futuro.

La capital, Andorra la Vella es un pequeño centro histórico con muy poca historia y un centro comercial de una calle con con una variopinta multitud. Piedra, el río, techos de pizarra y vidrio. 

Y fuera de la capital, el resto de Andorra es un paraíso verde con puntitos blancos que en invierno encuentra su viceversa completa. Me alojó en Rensol, una urbanización más que un pueblo, cerquita de Canillo y rodeada por todos lados de montañas. Me voy a hinchar a andar… 

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Cajón de Sastre. Vuelta al Mundo (2ª parte) Momentos.

Accede a la galería al completo, haciendo click en las imágenes.




Recomendaciones del mes. Febrero 2.020. Ecuador

Equipo.- No encuentro sustituto para mi sombrero. Bueno… ya nos encontraremos. 

Transporte.- Buses, buses, buses. Un montòn de compañías de autobuses te llevan por todo el país por precios irrisorios. 

Alojamiento.- Mu rebien el Hostal La Rosario en Quito. Desayunos deliciosos. 

En la ruta Quilotoa, en Chugchilan Hostal El Vaquero, y en Intiliví, Hostal Taita Cristobal. Ambos refugios de montaña todo madera y paz. 

En Baños, Inti Luna, bueno, bonito, barato. 

En Cuenca, el Selina Crespo, un hostel muy apañado, al lado del rio y con una decoración muy al gusto ecuatoriano, con arte por todos lados. La cadena Selina está por todo el pais y se va extendiendo por Suramerica. No está mal. Un poco pijo y carero pero son hostels tranquilos y de calidad.

Gastronomía.- En Quito, al ladito del Hostal La Rosario esta el Restaurante Cactus. Vale la pena. Comida italiana. Gonzalo vivió en Milán y aprovecho el tiempo. Tenía ganas de comer una ensalada mediterránea de verdad. 

Restaurante Pimienta, en Baños, un «borrego» al carbón buenísimo. 

Y también en Baños, Café Casa del Volcan. Probad el «Baneño», un plato de la zona con estofado, camote con salsa de pepa de zambo, una especie de patata, arroz, huevo frito y plátano frito. Delicioso. De esos platos que no sabes qué dejarte para el final por retener el gusto. 

En Cuenca recomendable el restaurante Cositas. Muy buena la picada. Y curioso el Restaurante Don Colón, al lado del Ayuntamiento. Un clásico. Si hay hambre pedid unas fajitas. 

En Píllaro no hay que perderse ni la Fritada, carne de cerdo frita con maiz, plátano y pastelitos de patata, ni el Aguita de Puerco, un licor de 15º que la familia de Italo Espin hacen macerando moras. La Fritada está en casi todo el país pero la Aguita, por ahora, sòlo en Píllaro.

Pueblo/Ciudad. – Cuenca es una ciudad preciosa. Y a Pílaro le tomé cariño.

Y en la costa, Mompiche e isla Portete son una experiencia. Eso si, mosquitos a rabiar.

Trekk.- Me gusto mucho Pululua, el frondoso valle dentro de una caldera volcánica a 30 km de Quito.

Y preciosa la travesía andina Quilotoa. Aconsejo hacerla en sentido Insiliví-Chugchilán-Quilotoa. 

Internet. – Rome2Rio. Una aplicación muy útil para saber como ir de un lado a otro. Un imprescindible para viajeros.

Varios. –  La diablada de Píllaro. Una fiesta enmascarada del 1 al 6 de Enero. Unos Reyes Magos… diferentes.

Mención especial. – La familia Velasco, Ítalo Espín y Nestor Bonilla, artesanos de máscaras de la Diablada de Píllaro. Unos diablos encantadores. Los ecuatorianos son encantadores.

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Ecuador (y 5) La costa. Mompiche e isla Portete. Nada.

En Ecuador, la costa famosa es «Montañita», el icono costero del país. Sol, playa, windsurf y juerga. Paso. Yo me voy hacia el sur, hacia Mompiche, en la provincia de Esmeralda, que dicen es lo que era Montañita antes del boom del turismo.

De Quito a Mompiche vienen a ser entre 10 y 12 horas de bus. El paisaje ha cambiado sustancialmente. Ríos caudalosos, bosques exuberantes que se convierten en selva y, al final un pueblecito playero de lo más básico. Esencialmente cabañas y calles embarradas. Tomo posesión de mi habitación y no me da tiempo más que para ver un final de atardecer ya oscuro. Pero el lugar promete.. 

Por la mañana salgo a la playa justo cuando llegan lo pescadores de levantar las redes. Están sacando y limpiando el pescado. La fiesta pajaril está servida. Parece que todo el pueblo está aquí y la atmósfera tiene para mi un no sé qué de en blanco y negro, de pasado perdido. 

Me voy por un sendero hasta el cementerio. Los muertos aquí tienen el mejor mirador del pueblo. Bonita vista pero… esto está muy solitario y aquí hay gente que no quieren que se les moleste así que me voy con viento fresco y reconozco que con un poco de prisa. Andar por camposanto no me gusta. No me gusta nada. Hace bochorno y los mosquitos se divierten conmigo. 

Y me voy hacia Playa Negra. No había visto nunca una playa de arena negra. O no recuerdo. Está prácticamente desierta y paseo con sensación de exclusividad y privilegio acompañado de unos cangrejillos y olor a mar.

Camino y van pasando escenas por los sentidos y las meninges… 

… Me vuelvo al pueblo. Han sido 2 horas y media de paseo y mato el hambre con un arroz de pescado y marisco impensable allí, en casa, por prohibitivo. De lo que hay menos es de arroz…

… Un chaval juega orgulloso con un cochecito que se ha hecho con 4 ruedas de tapones de plástico y una botella de coca cola. Otro juega en la playa con 2 tazas y la arena. Será su ratito de fiesta porque aquí todos los niños ayudan en el negocio o trabajo de sus padres después de la escuela…

… Me quedo mirando como disfruta un perro bañándose en la orilla del mar. Los perros, naturalmente, campan por sus respetos paseando por la calle con las gallinas. No creo que aquí sepan lo que es una correa o un bozal…

… Suena música salsera por todo el pueblo. A todo meter. A nadie le molesta. Todo el mundo sonríe y bromea. Aquí hacen vida en la calle. En las casas hace demasiada calor…

… Me siento bien, relajado porque la gente es amable, suave y servicial. No sólo con los forasteros, que hay muy pocos, sino entre ellos. Los pequeños con sus hermanos mayores, estos con los padres, los padres y los niños con los abuelos, todos con los clientes… Y paso por una casa de comidas y huele a patatas fritas de verdad, a las que comía en mi niñez… 

Sí, un lugar… poco civilizado. No se cuándo nosotros ganamos civilización y perdimos todo eso. 

Un apunte. En Ecuador ya hay los primeros casos de coronavirus. Hasta aquí nos hemos enterado. Todo el mundo habla de lo mismo y las televisiones y radios han cortado las emisiones para desarrollar el temita con conferencias de prensa del gobierno y mesas redondas con ministra y sesudos tertulianos. Es increíble como los medios propagan la alarma y lo que le gusta a la gente el drama. 

Hoy me traslado a la isla de Portete. Un par de días en una isla parece buena forma de acabar un viaje. Está aquí al lado. Me tiro la mochila a la espalda, camino como una horita, cojo una lancha hasta la isla, allí otra caminata por la playa y ya estoy en la cabaña que he reservado para un par de noches. 

Y en la isla la marea está baja. La playa es larguísima pero la dejo para después de comer. Un «encocado», pescado y camarones con una salsita de tomate y coco, me deja ya arreglado para el resto del día. 

Me pateo toda la playa y de vuelta me meto en una especie de manglar-palmeral. Error, porque voy con traje de baño y chancletas, es decir, con las piernas a la vista, y mis piernas, y no lo digo porque sean mías, son tremendamente atractivas, por lo que enjambres de mosquitos se lanzan a ellas como a la miel y yo, incapaz de contener su entusiasmo, me vuelvo a la playa más corriendo que andando.

Luego entro hacia un pueblecito de la isla. Veinte o treinta cabañas, arena, una plaza y una escuela. No veo iglesia. Nada. Cinco niños en la única calle jugando a saltar la cuerda. Otros tantos en una casa charlando. Un par de hombres arreglando una valla, otro cortando cocos y 3 señoras hablando en un único colmado con 4 cosas en venta. Y los mosquitos que todavía me siguen. 

La cabaña donde me alojo es el perfecto refugio, el único, contra esos fanáticos bichos y ya atardece así que me retiro a disfrutar de la absoluta nada o, lo que viene a ser lo mismo, la absoluta paz que hay en este lugar. Es todo silencio. 

Y nada es lo que hago todo el día y toda la noche siguientes disfrutando de la isla. El tiempo es hoy lluvioso, muy gris, tiempo de monzón, al fin y al cabo estamos saliendo del invierno y entrando en la primavera. Sopla viento del norte y las palmeras se bambolean. Ni rastro del sol. Desayuno tranquilo, paseo, un pescadito frito, escribir, pensamientos… Nada. En viaje también hay momentos de gustoso Nada. 

Un día más de vuelta en Mompiche, otro más de paseos y organización en Quito y se acabó. Se acabó Ecuador, se acabó Sudamérica y se acabó este viaje que empezó hace más de 8 meses. Via Portugal todavía tardaré casi 3 semanas en llegar a casa, pero ya me voy acercando. 

De Ecuador, ¿qué mas decir? Pues creo que ya lo he dicho pero lo vuelvo a repetir: no he visto gente más cariñosa que los ecuatorianos…

¡Hasta lueguito Ecuador! 

… Y seguimos. 

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Ecuador (4) Cuenca. Parque Nacional Cajas. Pompas de jabón.

¡Anda! No he escrito nada todavía sobre la colonización de Ecuador… Bueno, más de lo mismo. Atahualpa, el Inca de aquel entonces, decidió entrevistarse con Pizarro. Este lo hizo prisionero, exigió un rescate en oro y plata a sus súbditos y, cuando lo pagaron, se lo cargó. La palabra es la palabra y el honor es el honor.

A partir de ahí, guerra y más guerra. Y evangelización, claro, porque, como siempre, lo que más interesaba a los colonizadores era conseguir hacer llegar la palabra santa a los indígenas ecuatorianos…

Me parece que ya he dicho que los ecuatorianos son más bien pequeños pero parece ser que matones y, desde que consiguieron la independencia hace 200 años, las cosas no han mejorado mucho y han tenido como un centenar de gobiernos, muchos de ellos militares o concordantes, que ya se sabe que son gobiernos sesudos y liberales. Toca a un gobierno cada 2 años. 

Ya en Cuenca. Una serie exponencial plaza-iglesia en extensa sucesión. De todas formas, esta sí es una ciudad elegante, con personalidad y desarrollada con criterio y gusto. Sí. ¡Por fin!

Es domingo otra vez y, para celebrar la fiesta de guardar, esta vez elijo un café tipo americano elegantillo. Fish&chips y un vaso de vino tinto. Y, después de un corto paseo por la bonita zona del río, toda la tarde dominguera de recogimiento espiritual y reposo que yo mismo me prescribo sin necesidad de facultativo alguno. Las tardes de domingo son un clásico del «dolce far niente» . Creo recordar que dicen que hasta Dios descansó y yo, que tengo ya averías como para un parte de guerra, no tengo más remedio ni lo quiero. Me he comprado pan, atún, aguacate, tomate y cebolla para no tener que salir ni a cenar. 

El lunes continúan las vacaciones de carnaval y la ciudad sigue colgada en domingo y se convierte en un refugio para descansar y lamerme las heridas. Esta noche las picadas no me han dejado dormir. 

Cuenca es, ahora, una ciudad «amplia», vacía. Me siento bien. Llueve suave. Paseo y paseo por la ciudad buscando «perlitas». Arte urbano, un balcón con flores, un edificio con historias de ayer, enamorados bajo un paraguas… Caza de sensaciones sin màs pretensión. Como y ceno bien y paso horas en el hostel preparando los mil asuntos pendientes que me esperan en casa. Pausa. 

Al anochecer, a lo lejos veo las montañas entre brumas del Parque Nacional Cajas. Aunque sea sólo a dar un paseito y en chanclas habré de ir.

Me cojo el bus hasta la laguna Toreadora. Me adentro en el Parque y luego doy la vuelta a la laguna. Es bonito, muy bonito, un lugar donde se han fundido la tierra y el agua. Lo disfruto, pero no puedo caminar más de 3 horitas. Ya está bien. Las picadas en el tobillo, mi agotamiento y estar a casi 4.000 metros de altitud no me dejan más margen para estos parajes. 

A las 4h estoy de vuelta y paso la tarde en casa de Alejandro y Sol. Alejandro es el barman del hostel y hemos hecho relación en los desayunos. Argentino, no te diré más. Sol es su compañera, también argentina, patagona de Neuquén. Son un par de jóvenes educados y viajados y la tarde me pasa volando hablando de todo y de nada. Ahora han echado anclas 6 meses en Cuenca, pero en seguida volverán a viajar. Son pájaros. Lo he pasado bien. Es una de esas relaciones en viaje, como pompas de jabón y sin tiempo para sacarle todo el provecho que se merecerían.

Y después me voy a un chino. Si, a un restaurante chino. Para quien todavía no lo haya notado, mi valentía raya con la temeridad y decido cenar en un restaurante chino a pesar del coronavirus y de la cara de malos que tienen todos los chinos. Es lo único que he encontrado abierto. Y ceno, mal, pero no me pasa nada grave. 

Amanece y es miércoles. El Carnaval se acabó y Cuenca despierta ya como la ciudad activa y moderna que es. Todos los locales están ya abiertos y las multitudes van de un lado a otro. Todo recupera su normalidad, mis picadas están ya curadas y yo… levanto el campamento. 

Me voy a Píllaro, un pueblecito cerca de Ambato donde en enero se celebra una famosa diablada. Voy a buscar una máscara para mi colección y eso, al tener que hablar con mucha gente, me permite inmersionar en la sociedad ecuatoriana.

Decía Humboldt  que «los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste.“ Bueno, algo de cierto hay…

Pero la característica mas «especial» de los ecuatorianos es otra: no saben decir «no». Tal cual. Les cuesta, les suena duro. Culturalmente, para un ecuatoriano decir «no» es casi insultante, y que les digan «no» es algo así como irrespetuoso, maleducado. Eso trae problemas como cuando preguntas por una calle o cómo llegar a un destino. Jamás dirán «No lo sé» . «De repente, quizás debería ir usted hacia allá, unas 4 cuadras y preguntar a otro vecinito por si fuera mejor dar un rodeito hacia otro lugarcito».

Sí, los diminutivos son lo suyo, es para ellos delicadeza y cariño: «Hola amiguito ¿Como le fué? ¿Estas buenito? Listo, estimado, hasta lueguito». 

Pero no les toques lo que no suena ¿eh? Son brutotes. Leo en una pared: «Zona vigilada. Ladron cojido será linchado». Clarito como el aguita.

Como también lo gastronómico es inmersión, ceno un Sancocho de pollo, un caldo que sienta de miedo, y estofado de carne con plátano frito, ensalada y arroz. Bueno, bueno.

Y, naturalmente nuevas adquisiciones para la colección que espero lleguen a casa sanas y salvas. Con las gestiones por las máscaras he hecho nuevos amigos en Píllaro, quizás más pompas de jabón, quizás no. Las aficiones comunes unen. Para despedirme, al atardecer vamos con Ítalo y Nestor, ambos estudiosos y artesanos de las máscaras pillareñas, al Monumento a la Resistencia Indígena, un mirador con magníficas vistas del Tungurahua, el Chimborazo, los Ilinizas y todo ese inconmensurable paisaje que Humboldt llamaba La Avenida de los Volcanes. Allí nos tomamos una botella de Aguita de Puerco, un macerado de moras que obtienen con una técnica entre la destilación y la fermentaciòn. Me explican el proceso con detalle pero no sabría repetirlo…Ya nos habíamos pulido la botella y no llevo bien el alcohol.

Paso hoja. Voy a conocer algo que me falta de este país: la costa.

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Ecuador (3) Baños de Agua Santa. Erupciones. A contracorriente.

A finales de 1.999, por orden del Presidente de la nación, el ejercito evacuó a todos los habitantes de Baños de Agua Santa porque, decían, el volcán Tungurahua iba a entrar en erupción. En realidad ese volcán siempre está en contenida pero activa erupción. 

Cierto es que el Tungurahua, en Octubre, estaba en una de sus fases más virulentas arrojando, no sólo cenizas, sino también lodo y todo tipo de material piroclástico, pero los baneños están acostumbrados al comportamiento irascible de su activisimo vecino que, en realidad, es el mayor «culpable» del éxito turístico de la ciudad y, por tanto, del medio de vida de más del 90% de la población. 

El olvido en el que el gobierno tenía a los evacuados, que debieron buscarse la vida y refugiarse dispersos, con familiares y amigos, en todos los rincones del país, y la noticia de que algunos militares aprovechaban la evacuación para desvalijar impunemente sus casas y negocios, colmó la paciencia de la gente y el 5 de Enero del año 2.000, recién estrenado el siglo XXI, volvieron a la fuerza a su ciudad sin que los militares lo pudieran evitar. Y el volcán, como siempre, no pasó a mayores.

Quizás un día, como en la fábula del lobo, la gente hará caso omiso de avisos bienintencionados y fundamentados y ocurrirá una verdadera desgracia.

Una patrulla del ejército da el alto a mi autobús y nos hace bajar a todos. ¡Ya estamos! Una fila de hombres y una de mujeres y entre varios soldados, en uniforme de combate y metralleta en ristre, nos cachean, registran mochilas y comprueban documentos. El soldado que revisa concienzudamente mi pasaporte, un niño, le dice a otro un par de años mayor: «Sí, está vigente». Pues qué bien. Me mira la mochila y me pregunta: «¿Que lleva, comida?» Le contesto: «Pues y ropa, y un poco de todo. Con eso viajo». «Ah», me dice. 

Y arriba a continuar viaje. Una escena un poco ridícula. 

Baños es un pueblo rodeado de montañas, un pelín más arreglado que los que he ido viendo pero tampoco ninguna maravilla. Aquí los pueblos y ciudades no guardan el menor orden estético y no tienen ninguna gracia. Mañana me voy a hacer senderos. 

Un sendero natural complicado, por barro y desnivel, me lleva primero a la estatua de la Virgen de Ventanas y, después, a la «Casa del Árbol». Y vuelta al hostal por otro camino completando un círculo a través de toda la montaña. Bonitas vistas de la ciudad, montañas y volcanes y 4 horas y pico de ejercicio a tope. Mi hernia está encantada de la vida. 

Me han asaetado los mosquitos. Especialmente los tobillos. No entiendo como se han podido meter hasta ahí. Los mosquitos son quizás la peor pesadilla de los viajeros y considero su existencia uno de los argumentos más difíciles de rebatir a favor de los ateos. Cuesta pensar en un ser divino tan retorcido como para crear esos bichos tremendamente molestos, transmisores de enfermedades y difíciles de matar. ¿Cual podría ser la razón para crear «eso»? ¿Demostrar al ser humano lo poca cosa qué es? Bueno, supongo que la respuesta es que los caminos de Dios son insondables y sus razones incognoscibles para los simples mortales. 

En el alojamiento hacen un «tratamiento» típico de la zona volcánica que llaman «baño de cajón». Te sientan en una especie de compartimiento de madera tipo sarcófago-sauna, de donde te sobresale solo la cabeza, a sudar durante unos 10 minutos, te sacan y te dan una ducha de agua helada. Y así 4 veces consecutivas. Después te dejan en un jacuzzi calentado a fuego de leña hasta que te pones como una uva pasa, todo asomo de stress se te ha ido por los poros y la circulación de tu sangre es un largo río tranquilo. Si sobrevives, claro. 

Le pregunto al encargado del hostal cuánto pagan por dejarte hacer eso y me dice que nanai, que cobran 5$. Me curiosea. Hoy no, pero voy a pensármelo. Nunca me hago cosas de esas que dicen que son tan saludables. 

Amanezco con los tobillos hinchados y alguna de las picadas se han infectado y convertido en ampollas. Parece que yo también estoy en erupción. El escozor es tremendo y no es asumible ni el roce de unos calcetines. Realmente dañinos estos mosquitos ecuatorianos. Imposible caminar con botas. Parada obligada. No hay otra. Supongo que no serán más que un par de días. 

Baños es demasiado turístico para mi. Montañas, cascadas y ríos han sido transformados en circos para practicar todo tipo de actividades lúdicas regladas en plan tours supuestamente aventureros. Pueden ser cualquier cosa menos naturales: puenting, canyoning, tirolinas, «experiencias» en la selva, bajadas de río con neumáticos y otros artilugios… Y quads, y karts y hasta trenecitos de esos que te pasean por la ciudad. No sé. A mi es que todo eso no me va nada. Ya estamos en las vacaciones de carnaval y familias enteras invaden los lugares como éste. Aparcan al abuelo en un banco, unos distraen al niño y otros se van a esas «aventuras». A mi las cosas cuanto más sencillitas mejor y cuanta menos gente más contento.

Entre esto y mis criminalmente lesionados tobillos no tiene sentido quedarme aqui asi que, si los de la ciudad se van al campo y la playa, yo me voy a la ciudad. A contracorriente se vive muy bien y dicen que Cuenca es preciosa… 

… En cuanto al Baño de cajón… Mira que curioso, me di una ducha de agua calentita, que al fin y al cabo es la misma agua, y se me quitó totalmente la curiosidad. Ademas, por el mismo precio, a cambio hoy me he zampado un «Baneño», un plato de la zona con estofado, camote con salsa de pepa de zambo, una especie de patata con salsa de frutos secos, arroz, huevo y platano fritos y un juguito de frutas. Delicioso. Llámame cobarde… 

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Ecuador (2) La ruta Quilotoa. De Latacunga a Sigchos. La paz vive por aqui.

Me estoy encontrando muy poco extranjero y es curioso que el que encuentro, en buena parte, habla español. Cada vez se habla más español en el Mundo y me temo que es mas por la Shakira, el «Despacito» y lo barato que es la América «española» que por Cervantes y la misma España. Allí todo está muy caro pero, aquí, un buen viajero se tira 1 año viajando por 4 duros y encima aprende un idioma.

Latacunga estaba ubicada en un frondoso valle rodeado de majestuosas montañas y tiene un centro histórico grandioso, con plazas y edificios monumentales además de, naturalmente, las consabidas iglesias coloniales. Hoy en día el conjunto es de lo más feo y el desarrollo urbano ha sido un desastre.

Un mural en una pared recuerda mejores tiempos bajo un soberbio lema: «Latacunga, patrimonio de siglos». Una mirada desde arriba de la ciudad evidencia que ese patrimonio se ha dilapidado en menos de un centenar de años. Apenas algunas gotas verdes salpican el triste gris cemento mezclado con el negro del cableado que decoloran el horizonte. 

¿Que ha pasado en el siglo XX que se han hecho tan mal las cosas? 

Ya hace 200 años que Humboldt dijo: «Creo que el ser humano está violando a la Naturaleza». El fué el primero que predijo el cambio climático y hoy los hay que todavía lo niegan y la mayoría actúan como si les importara un pimiento.Y el proceso parece imparable. Es descorazonador.

En Latacunga muchas tiendas de chorradas, restaurantes de comida carnívora por todos lados e indígenas de chal y sombrerito con pluma de pavo real sobreviviendo en la calle convertida en mercado sin gracia, orden ni concierto. «Mi señor…» , «Caballero…», «Caramelitos, caramelo, chiclecitos!», «Habitas, maní!» «¡Chocolate!», «Papas, papitas con pollo, 1 dolarito!», «¡Cañas, cañitas, chochitos!»…

… Yo me voy de aquí. 

Zumbahua. Mejora el tema… un poco. Ya en el autobús, subiendo a las montañas por un bonito loop, vas viendo que la Naturaleza se va adueñando de la situaciòn pero el pueblo, Zumbahua, es más de lo mismo. Feo. Dejo mochila y, para aprovechar el domingo, me subo a una camioneta y me voy a ver la laguna Quilotoa, a 12 km.

La laguna en si es una maravilla, pero turistificada a tope. Se puede visitar desde Quito en una excursión de un día y está lleno de turista americano pijo con anorak de Kalvin Klein de paso hacia Galápagos. Los traen aquí en coche, bajan a pie y les suben a caballo o burro. Con 40 años. Y uno se pregunta ¿para que creerán que les han puesto piernas? 

Para bajar, 45 minutos por un sendero arenoso y resbaladizo de pendiente considerable. Me busco un lugar solitario para disfrutar del verde lago en paz. He tragado mas polvo que una hormigonera. La caballería es lo que tiene. La subida, una horita y media que se hace dura. 

Total, visto está pero no le doy ninguna nota. Naturaleza domesticada. Excursión dominguera. Habrá que alejarse màs de los circuitos trillados. Claro que, para paz, cimas de alta montaña y de eso aquí hay un montòn. Pero no. Estoy en desaceleración. He llegado a ese punto de no retorno en que no recupero.

Hoy dormiré en Zumbahua y mañana temprano me voy a Chugchilán. 

En Chugchilán, no hay ya más que indígenas. Encuentro un hostal de montaña solitario que ni pintado, todo madera con unas vistas magníficas al cañón del Toachi y las montañas que lo escoltan. Un viento huracanado da una sensación de lugar recóndito. Soy el único cliente. Buscaba paz y creo que vive por aquí. 

Subo hacia las montañas para hacer una travesía circular que me aconsejan en el alojamiento. Las vistas desde lo alto se magnifican y la especie de mural divino que tengo ante los ojos sobrecoge. 

Me desvío por una canal que no existe en el GPS y me asomo al «Bosque nublado» pero no bajo porque, realmente, el nombre es hipertextual y el lodazal del camino está lleno de mosquitos y con pinta de haber otras bestias más larguiruchas. No juego. 

Vuelvo a tomar el camino y llego a una aldea, Chinalo Alto, un lugar sin ningún sentido, un conjunto de… habitáculos, una iglesia, una escuela y una torre eléctrica. Ni un alma a la vista. Hay un par de fábricas de queso por aquí y supongo que eso es lo que justifica la colonia en cuestión. Hay muchos lugares como este en el Mundo, aislados, atemporales, más de pesadilla que de sueño. 

Han sido 5 horas de camino. De vuelta a mi hostal solitario. Hace fresco y me relamo pensando lo bien que dormiré esta noche entre mantitas…

Hoy toca travesía hasta Isinliví, unos 12 kilómetros, mitad subida, mitad bajada, 12 kg de peso en la mochila. La caminata es guapa, paisajes preciosos y sin una dificultad exagerada. Quizás el ultimo tramo, 1 km de bajada y otro de subida son un pelín cabroncetes pero la majestuosidad de la Naturaleza te distrae de cualquier dificultad.

Son 5 horas, nada bestia pero al llegar, duchándome, me doy cuenta que tengo otra hernia. Y digo otra porque ya son un clásico en mi. Creo que ya me han operado 2 ò 3 veces de hernias recidivas. Entre pitos y flautas ya he pasado mas de 10 veces por quirófano. Ni sabría contarlas porque hasta se me superponen cicatrices. Siempre de lio en lio. Esto me va a retrasar los planes.

Isinliví son 2 hostales y diez casas entre montañas. El hostal, otra gozada de tranquilidad y la cena, incluida en el precio, deliciosa. O quizás es el hambre que tengo. Ducha fría, eso si. Pero el pueblito es de fábula, no para vivir, ¡Dios me libre!, pero para una noche es magnífico. Ni los perros se atreven a ladrar. De noche, un cielo impoluto hace alarde de todas sus estrellas. Una pasada. 

Para mi se acabó la ruta Quilotoa, en realidad ya lo he visto todo y más. Solo queda llegar a Sigchos y casi todo el camino es carretera así que mañana me pillo un bus o camioneta y me lo tomo con calma. Con un poco de suerte llego pronto a Latacunga de vuelta y me puedo ir mañana mismo hacia Baños, mi próximo destino. El nombre completo es Baños de Agua Santa. Eso es lo que necesito yo. 

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Ecuador (1) Quito. Latitud 0º 0′ 0″. La Mitad del Mundo.

Quito, Ecuador.

Uno podría imaginarse que si viajas a Ecuador es para conocer el legendario archipiélago Galápagos. No será mi caso. Ir a Galápagos es caro, voy pasado de presupuesto y, sobre todo, dicen, allí todo está extraordinariamente reglado y las reglas no me van mucho. 

Prácticamente todo Galápagos es Parque Nacional y parece que ir solo a conocer las islas es misión imposible. Y si hay otra cosa que me de más alergia que las reglas, son los tours organizados. Me suena a Parque temático así que, por ahora… Paso de Darwin. Quizás en otra ocasión. 

En Ecuador quiero seguir los pasos de otro extraordinario viajero y naturalista: Alexander von Humboldt. Fué él quien, en su obra Cosmos, escribió: «La región montañosa cercana al Ecuador… es la zona más pequeña de la superficie de nuestro planeta en la que se observa mayor diversidad de la naturaleza». Vamos a verlo. La Naturaleza sí es lo mio.

Desde luego no haré un viaje tan duro como el de Humboldt. Él pasó aquí 8 meses, subió al volcán Pichincha, intentó, sin llegar a cima, el volcán Chimborazo y estudió la flora y fauna de Ecuador en las zonas de Riobamba, Cañar, Cuenca, Baños, Loja, Tambo… Y todo eso recién nacido el siglo XIX, que entonces si era difícil viajar..

El mio espero que sea un viaje relajado y tranquilo. Estoy agotado y no doy para esfuerzos fuera de lo normalito. O lo normalito para mi, que muy normal no es. 

Y hablando de anormalidades tengo una cierta preocupación por el coronavirus que está en plena efervescencia. En los aeropuertos se ve mucha gente con máscaras para evitar contagios y es obvio que el ambiente viajero, hoy por hoy, es peligroso. Desconozco por donde han estado los viajeros con los que me voy encontrando en el camino. Es hora de prudencia e incluso evitaré en lo posible los dormitorios colectivos de los hóstels. 

Y en el hostal que he escogido en Quito tengo ducha caliente. ¡Tremendo! El placer de una ducha caliente es una barbaridad. Yo creo que la gente, a fuerza de hacer cotidianos los placeres como éste acaban quitándoles todo valor. Solo tiene valor lo escaso y algo que tienes cada día pierde capacidad de dar felicidad.

El caso del agua y la energía es más sangrante porque son bienes escasos que Occidente, en su soberbia y voracidad insaciable e insatisfecha, gasta como si fueran inagotables. Y mientras sobra agua y luz falta felicidad y la depresión, la peste del siglo XXI, se propaga sin freno. Quizás, un día, en un Mundo de gente triste y vacía, caerá la ultima gota de agua. Y hará un ruido estruendoso.

Pues eso, que cada uno haga de su capa un sayo. 

El centro histórico de Quito es bonito, muy bonito. Un apelotonamiento de iglesias y edificios coloniales, plazas y calles llenas de historia y color. El resto, una sucesión de barrios de distinta clase y posición que suben por las colinas vistiendo para siempre el bosque de ciudad. Subo a ver la Virgen del Panecillo, tropecientas escaleras que se premian con las mejores vistas de la ciudad. Una ciudad agotadora, todo arriba y abajo, pero recorrerla es gustoso. Las iglesias tampoco son lo mío pero San Francisco, las catedrales y la Iglesia de la Compañía de Jesús son… impresionantes hasta la exageración. Hay tantísima pasta alrededor de las religiones… No digo más. 

Ecuador me parece que será un buen lugar para engordar porque su gastronomía es variada y deliciosa. Menús de mediodía pantagruélicos, parrilladas de carne, pescado, mariscos, el ceviche, las empanadas… Imposible pasar hambre. 

La gente es de raza muy india, amables, presumidos y más dados a la seriedad y el drama, como los angustiosos titulares de los periódicos demuestran, que al baile y la música que también haberlos hailos… Son primeras impresiones. Total, acabo de llegar. Ya iremos viendo. 

Es vigilia de San Valentín y, aunque yo soy mucho mas de Sant Jordi, me compro un pastelito de chocolate, una media botellita de vino y pasamos, Nacho y yo, una agradable y feliz velada de organización de nuestro próximo destino. Cualquier excusa es buena para quererse a uno mismo. Es importante. 

Hoy me voy a ver La Mitad del Mundo, la ubicación exacta de la línea del Ecuador, y a Pululahua, una caldera volcánica habitada. Creo que no hay ninguna otra en el Mundo. Para vivir dentro de un volcán hay que tener… humor. 

Dos horas de autobuses y media hora a pie me llevan al cráter del Pululahua. Desde el mirador, la niebla da la impresión que bajas al infierno pero es un espejismo porque el cráter es todo lo contrario. Es un valle frondoso salpicado de casitas, ganado y cultivos con una paz de paraíso bucólico. Aquí viven 54 familias pero el silencio es apabullante. Camino por todo el cráter con una sensación extraña, como de caminar por donde no se debe. Aunque no es mi primera vez, saber que éste es un volcán activo no es tranquilizador. 

Subo ya hacia el mirador de donde salí. Es una subida fuerte, desde los 1.800 metros hasta los 2.800. El sendero, que de bajada era resbaladizo, de subida se vuelve esforzado y se me hacen las 3 de la tarde sin darme cuenta. 

Sigo caminando ya por carretera de vuelta a la ciudad y me planto justo en la línea del Ecuador. ¡Ya estoy en la latitud 0º 0′ 0″! ¿Y que hay allí? Pues nada, un monumento faraónico de dudoso gusto y una serie de «atractivos turísticos» con pretensiones más o menos científicas y culturales. Se puede uno ahorrar los 5$ de entrada al parquecillo si no hay curiosidad por el asunto pero, pasar por ahí, yo creo que en una Vuelta al Mundo hay que pasar. Hecho pues. 

Ya he caminado mis 5 buenas horas asi que me vuelvo para el hostal. Mañana, tempranito, capítulo nuevo. Rumbo a Latacunga. Es la zona de la ruta Quilotoa. 

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Cajón de Sastre. Cocinitas Confinadas I

Tus plegadas alas pálidas
sólo están un poco cansadas de volar por el cielo azul. No tienes porque forzar una sonrisa para nadie,
está bien sonreír sólo para ti mismo. ​(Alones. Bleach)

A falta de viajes, me tiro a la comida. Este post se lo dedico a Carlos Arnau Català, un personaje de mi pueblo. Begur. Made in Fornells hace 4 días y pico. A ver si se entera de lo que es una gastronomía sencilla y elegante a la par que discreta y juvenil.

Os muestro aquí, desde el confinamiento, mi ​Carta de Primavera

Entre los platos que se muestran en esta galería están la famosa Ensalada mediterránea al perfume de orégano salvaje, la Emulsión de huevo con espárragos de tramontana, el Plumifero a baja cocción con tomate rojo y pimiento de igual picmento, el Corazón de pasta asciutta a la napolitana túnida y, obviamente, la Colita de rape a la YPTCEAAALBDUE (Yo Por Ti Cruzaria El Atlántico Agarrado A Los Bigotes De Un Escamarlan)

Salud

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Recomendaciones del mes. Enero 2.020. Colombia.

EQUIPO. – Capa. He incorporado al equipo una pieza nueva: una capa impermeable. Sirve casi para lo mismo que el paravientos, pero tiene varias ventajas sobre él y lo complementa:

1.- Da menos calor

2.- Se puede utilizar sobre el paravientos reforzando impermeabilidad

3.- Cubre también la mochila y buena parte de los pantalones

4.- Es más fácil de secar y la lluvia no cala. Nunca, caiga lo que caiga.

5.- Prácticamente no ocupa lugar ni tiene peso.

Salvo para alta montaña y frío es de lo más práctico.

TRANSPORTE. – Hay un montón de empresas de autobús de calidad para circular por el país. Brasilia, Copetran, Bolivarianos…

Los conductores de los autobuses urbanos son unos kamikazes. Una locura.

Ojito con las compañías aéreas colombianas. Piratillas de la letra pequeña. El check in, siempre «on line», y ojo con las medidas del equipaje en cabina.

San Germán, para ir a Providencia, en cambio, sin problemas adicionales.

ALOJAMIENTO. –  En Barranquilla, Hotel Colonial Inn, estética colonial kitsch con buena relación calidad-precio, restaurante muy correcto y un personal joven y espabilado.

Casa Juanita. Bonito y con personal muy amable. Tienen también hostel en Zapatoca lo cual es útil para hacer los Caminos de Lengerke. .

En El Cocuy Posada Nevado El Cocuy, un compendio de hospitalidad colombiana.

En Salento La Floresta Boutique Hostel es chulo. Buen precio, buenos servicios y desayuno abundante.

En Bogotá: Chapinero Hills Hostel. Agradable.

GASTRONOMÍA. – En Colombia se come mucho. Los platos de menú, los «corrientes», son, por 2 euros, sopa y bebida de zumos varios incluidos, un seguro de alimentación. Grasa y calorías a buen precio.

En Barichara Restaurante el Compa. Muy bueno el «cabro», cordero, la carne más típica de la zona. La «pepitoria» son asaduras del cabro. Yo, de vísceras, a poder ser me abstengo. En esta zona hay que probar los quesos de cabra y de hoja.

En Salento Cocina&Horno. Tremenda la trucha al ajillo. Imprescindible.

Bogotá es la ciudad de las parrillas. Una muy buena: Asadoz. No me gusta mucho la carne roja pero cuando es buena… es buena

En Providencia, El Divino Niño, South West Beach. Especialidad en pescado y marisco. Perderse, por ejemplo, un combinado de pagre frito y langosta a la plancha, por 10€, està penado con reclusión mayor y suspenso en saber vivir. El pescado ha de ser pagre. Ningún otro. Un placer.

PUEBLO/CIUDAD. – Barichara. Uno de los pueblos más bonitos del Mundo. Su cielo es muy especial.

Y la isla de Providencia. Una perla. Sol y playa.

TREKK. – El trekk a la Ciudad Perdida en Santa Marta es físicamente exigente, bonito paisajísticamente, bien organizado por varias empresas y cultural y etnologicamente interesante. Lo tiene todo. Imprescindible para los amantes del trekking. Recomendabilísima la empresa Guías Baquianos.

INTERNET. – ¿Sabéis que hay una delegación de la UNESCO en Barcelona?

Pues si: info@amicsunescobarcelona.cat

MENCIÓN ESPECIAL. – Un montòn, especialmente mis compañeras del trekk a Teyuna, Monika, Jet, Cony y Tania (Los Ángeles de Nacho), y los guías que nos llevaron, Ruth y Eberth. ¡Un abrazo!

Y también para D. Francisco Padilla y Dª. Adelaida Agámez, dos de los más antiguos y reputados maestros artesanos de máscaras del Carnaval de Barranquilla.

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Colombia (y 7) San Andrés y Providencia. Vida perra.

Me duelen las lumbares. No es que me extrañe. En los últimos 225 días no he dormido en una misma cama mas de 5 días seguidos. Esterillas, madera, colchones duros, colchones blandos, hamacas, sillas, sillones… Sano no puede ser. Y la mochila a cuestas… 

A veces me pregunto si el vivir tan intensamente, o tan rápido, o tanto, o tan diferente, o como quieras decirlo, me quitará años de vida. No sé. El cuerpo no deja de ser una maquinaria y cuanto más lo usas más lo gastas. Y al mio lo llevo de cráneo, pobrecillo. No sé. No me aferro a la vida. La muerte no me asusta. Me gustaría vivir eternamente, aunque los vampiros dicen que es muy cansado, pero va ser que no. Así que… ajo y agua. Al fin y al cabo, morir de vivir mucho no parece una mala causa de muerte…¡Anda! Ese sería un bonito epitafio: «Murió de vivir mucho»

En 1510 España tomó posesión oficial de San Andrés y Providencia pero no promovió asentamientos en ellas lo cual fue aprovechado estratégicamente por sus enemigos históricos. Hacia 1.630 estas islas fueron refugio de piratas desde donde atacaban barcos y ciudades del Imperio español. La colonización la dirigió una empresa británica, y no el propio Estado. La empresa se llamaba, nada màs y nada menos que «Company of Adventurers of the city of Westminster for plantation of the islands of Providence or Catalina, Henrietta or Andrea and adjacent islands lying upon the coast of America». ¡Toma candela!

Sir Henry Morgan, el Pirata Morgan, tuvo su base militar en San Andrés con el respaldo del gobernador de Jamaica y la Corona británica y siempre en contra de España. Se le atribuyen ataques marítimos contra Santiago de Cuba, Puerto Príncipe, Maracaibo, Portobelo, Santa Marta y Panamá. A los españoles no les caía nada bien.

Un apunte. Impresionan los registros antidroga en el aeropuerto de Bogotá. Los típicos más hacer poner a todo el pasaje en una fila y dejar delante tu equipaje de mano mientras un perro pastor alemán olisquea por todos los rincones. Los tuyos y los del equipaje. No deja de ser curioso y alentador que, en pleno siglo XXI, no exista nada más preciso que un perro para ayudar a la especie humana en la lucha contra la delincuencia. Odio los robots y concordantes. Punto y aparte y vuelvo al tema. 

San Andrés es, en su capital y centro, un típico pueblo de turismo de playa con un mar de colores impresionantes y, en el resto de la isla, aldeas decrépitas y más playa y mar caribeño. Un poco parque temático en mi opinión. Me da tiempo, la tarde que llego, para un paseo de oeste a este de la isla, de Cove a Sound Bay, apenas 3 kilómetros, y volver a la casa donde me alojo haciendo un círculo hacia el norte pasando por «Piscinita». Y, a la mañana siguiente, para dar una vueltecilla por el centro. 

Aquí tengo el primer contacto con los habitantes de estas islas, de negrísima raza negra, adustos, orgullosos y serios, hasta antipáticos diría yo. Con un swing inconfundiblemente isleño y un incomprensible dialecto, el criollo, mezcla de inglés, idiomas africanos y español con una sonoridad más cubana o jamaicana que británica. Esto no es Colombia en absoluto. 

Y ya estoy en Providencia, una isla en miniatura de 17 km². Pero no ha sido por arte de magia. Llegar aquí es montarte 15 minutos en una avioneta de juguete de las de santiguarse. Ahora entiendo porque me han pesado a la hora del check in. Soy una ayuda: 60 kg con botas y equipaje de mano lo que significa 57 a pelo. Más menos que más. Debería pagar mitad de precio.

A las 2 de la tarde, ya el primer día, he dado la vuelta a la isla, de sur a norte por el oeste y de norte a sur por el este. Son 5 horas por una carretera que bordea la costa con paradiñas en las 4 playas de la isla: Manzanillo, South West Beach, Agua Dulce y Almond. 

Me da para ver que aquí de lo que se trata es de tirarte en la playa. No hay más. Pasas kilómetros en que es difícil encontrar hasta una tienda abierta para beber algo. Algún grupo de casas de colorines, la mayoría destartaladas, corros de vecinos, muchos «rocos», una especie de iguanas con corona más de cabaretera que de reina,  y eso es todo. En la «capital», por llamarla de alguna manera, Old Town y Freetown, un pequeño puerto, un par de tienduchas, otro par de colmados y cuatro casas de comidas. O tres. Muy desabrido y aburridillo peeeero…

Después del paseo vuelvo a South West Beach, a un chiringuito al que he echado el ojo al empezar la caminata y allí… Allí de entrada me tiro al mar caribe y el placer me entra por todas las terminaciones nerviosas como electricidad pura y dura. ¡Madre de Dios y del Amor Hermoso!! Templada pero refrescante, muy salada, calma total, limpia y bonita como la madre que la parió… el no va más. Pero va más porque, después del chapuzón, me meto entre pecho y espalda un combinado de langosta, pargo, arroz de coco y patacones de plátano con música reggae y samba, dos cervezas heladas y… Me quedo como extasiado pensando que he hecho yo para merecer esto.

Muy poca gente. Menos de medio centenar de personas en 2 kilómetros de playa paradisíaca. En toda la isla desembarcan no más de 30 ò 40 personas al día así que creo que es de lo más parecido a una isla desierta que hoy en día puedes encontrar en el Mundo. Con este sol, este mar y, encima, estas posibilidades de comidas exquisitas, bebidas frías y música guapa a precios de ataque de risa… No busques.

Son las 4.30 de la tarde, me revuelco más que me meto otra vez en el agua y me retiro al tugurio de caserón en el que me alojo que, bien visto, me parece ahora un palacete versallesco. Me doy una ducha fresquita y… Pà que quieres más. Respiro hondo.

Hoy subo a «The Peak» , el punto más alto de Providencia, 350 metros de monte boscoso en una caminata de 7 km de ida y vuelta, dos horitas para ver la isla a vuelo de pájaro. Aquí se supone es donde los vigías avisaban a Morgan para que preparara zafarrancho de combate en cuanto atisbaban un barco español. Y después, a la misma playa y el mismo restaurante, vida perra, perra vida, como mañana y pasado, porque más no hay, ni ninguna falta que hace.

Y así 4 días, sin mas preocupación que no quemarme porque a la espalda no me llego para ponerme crema. Vuelta a San Andrés, 24 horas, de ahí a Bogotá, cuatro cosas que solucionar para seguir camino y, en el camino…

Ecuador espera.

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