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Recomendaciones del mes. Noviembre 2.019. De Sudafrica (Cape Town) a Argentina (Buenos Aires)

EQUIPO.- Botas nuevas. Chiruca. A ver qué tal. Su vida promete ser corta pero intensa. Si ellas supieran…

TRANSPORTE. – Muy difícil el transporte en Sudáfrica. No es un buen país para viajeros independientes y solitarios porque el alquiler de coche no es barato y sin coche es muy difícil moverse. Como en Australia.

Hay allí un sistema de transporte interesante. Se llama Baz Bus. Tienen un itinerario de Johannesburg a Cape Town y un precio fijo por semanas. Por este itinerario ellos te van dejando a la puerta de una serie de hostels y tu subes y bajas cuando quieres. Desde luego, también puedes ir a otros alojamientos solo que tendrás que ir a los hostels seleccionados para retomar el bus. También puedes utilizarlos para un solo viaje de ida y/o vuelta a las localidades por donde para si hay asientos libres. La idea es buena. Yo solo lo utilicé para un viaje de vuelta a mi hostel de Cape Town. Cómodo.

ALOJAMIENTO.- Ninguno que destacar, la verdad.

GASTRONOMÍA. – Bueno el vino sudafricano. Es lo mejor de la gastronomía sudafricana porque, en cuanto a comida, Sudáfrica es un infierno de comida basura. Hamburguesas, fish&chips y pollo frito es lo que les va. Difícil encontrar comida casera. Mantequillas, grasas, mayonesas y salsas barbacoa por todos lados. De lo màs insano.

Ocean Basket en Waterfront, Ciudad del Cabo. Un combinado de pescado completísimo 10€. Bueno, aunque también te diré que para buen pescado, el Mediterráneo. El que queda.

Argentina, en cambio, es un paraíso gastronómico. Asados, milanesas de pollo, picadas de queso y embutido, empanadas, dulce de leche, medias lunas, alfajores… Difícil recomendar.

Un grill en Buenos Aires: Parrilla del Plata. Todo bueno. Todo, todo. Decoración, servicio, carta, el pan, la entradita de porotos, el vino… Soy un fan.

En Tandil, «Benjamina» tartas y postres» on line. Si, Dolo es amiga mía pero si fuera mi peor enemigo igual le reconocería el mérito. Pasteles impresionantes de fondo y forma. Salud maestra.

TREKK. – Me gustó mucho la ascensión a la cima de Lion Head en Cape Town. Realmente divertida.

PUEBLO.- Buenos Aires, sin ninguna duda.

INTERNET.- En Instagram, el citado Benjamina_postres y dulces. Aunque nosotros, hasta que decidan exportar, nos quedamos sin.

VARIOS.- La flora sudafricana es de otro Mundo.

En Gardey, un pequeñísimo pueblo a casi 50 km de Tandil, está el Museo Malvinas, una magnífica recopilación de objetos de todo tipo en memoria de la Guerra de las Malvinas y sus caídos. Una obra extraordinaria de un llanero solitario llamado Santiago Calvo. Sorprende que ni Tandil ni Buenos Aires presionen a este hombre para aportar fondos, trasladar su museo a un lugar más céntrico y accesible y darlo a conocer como producto cultural, histórico y turístico a todo el Mundo. Es un museo realmente completo sobre una importantísima parte de la historia moderna argentina y parece mentira que no tenga resonancia pública. El contenido, con un poco de ayuda de las instituciones, se me ocurre que sería casi comparable a museos de la entidad del de Ho Chi Min sobre Vietnam, por ejemplo, museo que recauda millones al año y es una atracción turistica de primer orden. Hay cosas que no se entienden.

MENCIÓN ESPECIAL.Gustavo Margaritte y familia. Faltaría más. Muchísimas gracias. ¡Os quiero chicos!

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Entre parentesis. Cuatro meses en África. No puede ser.

Lo sabía, sabía que este viaje por África oriental sería difícil. Lo ha sido. Desde Addis Abeba y las infestas poblaciones de Etiopía, hasta las llanuras masai en la falda de monte Suswa en Kenia, pasando por la alegre pobreza de la buena gente de Gurué en Mozambique y los barrios basurero de Antananarivo en Madagascar, África es un continente de castigo con una miseria que te entra en las entrañas como una bala. Y no es el único, ni mucho menos, porque Asia y América… Pero ahora hablo de África y no quiero hablar de su magnífica Naturaleza que lo es, ni de las aventuras vividas, que las ha habido. Quiero hablar de pobreza, de injusticia y de responsabilidades.

Creo que lo que Occidente ha hecho, hace y, sobre todo, no hace con África clama al cielo. Y ya no solo por lo que pasó en la época colonial con sus genocidios, esclavismo y expolio generalizado, sino porque no tiene ninguna lógica que esté Mundo este dividido en dos con unas diferencias de calidad de vida tan abismales. No puede ser, simplemente. Es obvio. Y no hay nada tan difícil de explicar como lo obvio.

Simplemente, no puede ser que en Occidente nos preocupemos de las vacas hasta el punto de ponerles música clásica para cuidar su bienestar y olvidemos a los seres humanos que malviven con un dólar al día en un país de este mismo Mundo.

Simplemente, no puede ser que en Occidente encontremos como lo más normal y lo mínimamente exigible un nivel de consumismo que, por ejemplo, lleve a nuestros hijos a tener ropa de marca, verano e invierno, a comer carne o pescado cada día y a llorar si no les compran un helado, y cualquier niño en África no tenga más que lo puesto, para el frío y para el calor, no sepa lo que es comer otra cosa que arroz, maíz y patata y tenga que trabajar duramente la tierra cuando todavía no levanta ni 4 palmos del suelo.

Simplemente, no puede ser que en Occidente proliferen como hongos las ONG y cuando viajas por estas tierras no ves, con rarísimas excepciones y salvo 4 héroes, ni una obra social de entidad con su nombre.

Simplemente, no puede ser que, por muy honesto y encomiable que sea el fin, montemos verdaderas guerras por temas políticos y no haya una entidad supranacional que obligue a los gobiernos a solucionar el tema de los refugiados y la obligatoriedad de paritaria cooperación internacional para la inmediata erradicación de la miseria y el hambre.

Simplemente, no puede ser este engaño de sistema montado para el provecho de políticos y grandes empresas sin que al ciudadano medio le suponga más que la pérdida de la vida en actividades que no sólo no aportan felicidad, sino que abocan a la ignorancia y el borreguismo. Nuestra generación perdida no ha servido para nada a nuestros jóvenes que, para ser hombres y mujeres “de provecho”, deben seguir nuestros tambaleante pasos. Lo dice la tele y lo decimos hasta nosotros. Hay que tener éxito en la vida, hay que conseguir individualmente un nivel de vida alto, hay que consumir. África no existe.

Simplemente no puede ser que existan gobiernos, reyes y religiones desde el principio de los tiempos y en nuestro Mundo no haya un mínimo, minimísimo de calidad de vida para cualquier ser humano, uno a uno y en colectivos.

Simplemente, esto no puede ser. Mirarse tanto el ombligo produce ceguera. Yo he querido ver y cuesta esfuerzo pero cualquiera puede hacerlo. Aunque solo sea ver un poquito. Abrir un resquicio de la puerta que nos acomoda en nuestra poltrona. Y es cierto que lo que he visto no me gusta nada, me angustia e incluso me avergüenza. Cuando ves lo que hay aquí y piensas que hay gente que tiene dinero como para comprarse un club de fútbol se te revuelve el estomago. Es indecente lo mires como lo mires.

Un día oí en la tele que una voz gritaba: ”La oportunidad de tu vida! “. Claro, me tensé y preste atención esperanzado. Resultó que era un coche. ¡No te jode! Esa es nuestra mentalidad. Y, simplemente, no puede ser.

En Occidente, la frase que más repetimos a los demás y a nosotros mismos es: “Qué menos que….”, siempre referido a nosotros mismos. Nuestros “pequeños” placeres son sagrados. Pero es que resulta que son muchos y no son pequeños. Ni mucho menos.

Yo no soy nadie y no tengo una solución. Tampoco creo que sea mi obligación ni creo tener la capacidad para ello. Existe mucha gente y muy sesuda cobrando para eso. Yo solo puedo informar de lo que veo y dar mi opinión. Escolarización, planificación familiar, mínimos sanitarios… Es como si a África se la diera como caso perdido. Aquí no vienen a veranear los capitostes europeos, americanos, rusos o katarís. Un safari quizás, a ver animalitos con el niño y la niña bien alimentados que van para empresarios de éxito,… A Zanzibar con la pareja, sin salir de la playa y el 4×4 no vaya a ser que les ataquen las tribus salvajes.

No sé. Mi blog es solo el testimonio de un peregrinaje por la Tierra. Lo que se ve y se cuenta puede muy bien no ser aceptado por mentes burguesas enterradas en confort por lo que las reacciones pueden salir por cualquier lado. La mente tiene su instinto de supervivencia. El modo occidental de vivir ya es imposible e indecente pero la gente se aferrará a él aún matando al mensajero.

Sea como sea, lo de África duele. Aquí Occidente robó lo que pudo a manos llenas, montó las infraestructuras para seguir desangrando lo que se pudiera y nos fuimos. España se dedicó más a otros lares, con notable “éxito”, pero franceses, ingleses, portugueses y alemanes aquí se montaron una bacanal de miedo. Y nunca jamás lo han reconocido ni han devuelto nada en forma alguna. Ni siquiera en cariño y comprensión. Eran cosas de otros tiempos. No tenemos ninguna responsabilidad.

Ahora, además, utilizamos a los africanos de mercado de tercera o cuarta mano de saldos de desecho y sostenemos a políticos corruptos con la única condición de que “se porten bien estratégicamente” con alguno de los bloques ricos. Y de venirse para Europa ni pensarlo. Que se mueran en el mar. Y ahora le toca al capital chino que se están tirando al ruedo vestido de luces con arte y poderío con cuadrilla negra muy engalanada.

Simplemente, no puede ser, pero ¿Qué voy a hacer yo? Qué vas a hacer tu? No sé. Todo está atado y bien atado por todos lados. Por mi parte, aquí ya he visto más de lo que quisiera y habrá que ir plegando velas con la cabeza gacha, la conciencia intranquila y el espíritu destemplado. Me voy… No sé qué hago aquí. En África ya no queda ni Tarzán.




Sudáfrica (1) Memorias de Sudáfrica. Kruger National Park. Monsieur Bombón y Bomboncete.

Hace casi 20 años, en el despacho me llamaban «Monsieur Bombón» . El mote venía de los niños africanos de la zona francófona, especialmente Senegal, Burkina Fasso y Malí que, cuando ven un blanco, le piden caramelos al grito de “¡Monsieur, bombòn, Monsieur, bombón! “. Y cuando viajaba con mi hijo Ramón, la broma era llamarnos Monsieur Bombón y Bomboncete. «Las Aventuras de Monsieur Bombón y Bomboncete», decían.

Supongo que me va a caer una bronca de mi hijo, ya adultísimo ahora, por explicar estas intimidades familiares.

Con Ramón, y antes de que cumpliera la primera decena de años de su vida, hemos ido a Disneyland París a saludar a Mickey Mouse, a buscar al verdadero Papa Noel a Laponia, a la boda bereber de unos amigos en Marruecos, a la Zona 0 de Nueva York a rendir homenaje a los bomberos fallecidos en los atentados del 11 de Septiembre del 2.001, a ver osos panda a China, a visitar el Tívoli y Legoland en Dinamarca…

Y creo que Bomboncete tenía 7 u 8 años cuando viajamos a Sudáfrica. Nuestro «objetivo» principal era intentar ver un rinoceronte blanco en libertad en el Parque Kruger.

La verdad es que, mirado ahora, a toro pasado, con la perspectiva que da siempre el tiempo, ir con un coche alquilado de lo más normal por el Parque Kruger, con animales salvajes en libertad por todos lados, solo con tu hijo de 8 años, es echarle narices, pero la aventura fue inconmensurable y, para un niño, algo así como vivir desde dentro una película de Tarzán. Aventura de verdad, sin trampa ni cartón.

Ahora, cuando hablamos de nuestros viajes en su niñez, me dice que le da pena no acordarse de la mitad de las cosas que vivimos. Es normal, era muy pequeño, pero seguro que aquellos viajes forjaron al hombre que es ahora, lo note él o no y, desde luego, tienen toda la culpa de nuestra relación, ahora ya más de compañeros y amigos que de padre e hijo.

Él no recuerda, por ejemplo, que nos apuntamos a una  salida nocturna en un camión 4×4, con guardias armados, para ver a los animales más complicados de localizar y así fue como, en medio de la carretera, encontramos a una pareja de leones en pleno «ejercicio» sexual. Ramón me pregunto que estaban haciendo y tuve que recurrir al tópico: “Están haciendo un leoncito”. Gracias al cielo, porque me estaba entrando un complejo de voyeur desagradable, aquello duro poco y seguimos nuestro camino. Ramón protestó amargamente porque no nos quedábamos a ver nacer al bebé león.

Tampoco recuerda el momento álgido de aquel viaje. Aquella noche habíamos dormido en un campamento de habitaciones con forma de chozas. El alucinaba de los monos ladrones que merodeaban por el campamento y que, a la que te descuidabas, te quitaban hasta la gorra. Pero sobre todo quedó impresionado, y yo también, cuando, después de desayunar, una bandada de elefantes se lanzó hacia el lodge dando berridos. «Barritando», para los màs puristas. Ni idea de lo qué debió provocar esa estampida pero, si no llegamos a estar protegidos por vallas, hubieran arrasado con todo. Pero eso fué sòlo el prólogo. 

Era ya el tercer y último día en el Kruger y, mosqueados por la experiencia, nos subimos a nuestro cochecillo y conduje por el Parque rumbo al próximo campamento cuando, por fin, a unos 200 metros, vimos un rinoceronte blanco solitario comiendo hierba tranquilamente. Yo paro el coche para no asustarlo y empiezo a hacer fotos mientras Ramón saca excitado la cabecilla por la ventana.

Y el rinoceronte se cabreó. O se pensó que le vacilaba o le retaba o me ponía chulo, qué sé yo. Empezó a dar golpes y arañar el suelo con una pata como cogiendo carrerilla, mirándonos y moviendo la cabeza de un lado a otro. Como a buen entendedor pocas palabras bastan, yo le doy a la llave para largarnos y el motor no arranca. Como si se hubiera vaciado la batería totalmente. Angustia. El rinoceronte se cabrea más y empieza a venir al trote hacia nosotros. Le grito a Ramón que cierre la ventana al mismo tiempo que recuerdo que el que llevo es un coche de construcción americana y que sólo se enciende si aprietas el embrague. Justo a tiempo. Acelero y veo por el retrovisor al rinoceronte corriendo detrás pero ya cada vez más lejos. Esta última imagen la recuerdo como si fuera ayer. Para no olvidar.

Ramón estaba excitado y divertido. No tenía conciencia del peligro que corrimos pero yo sí. Pasé mucho miedo. El rinoceronte era casi tan grande como nuestro coche y, si nos embiste, por lo menos nos deja en la carretera de cabezas para abajo hasta que vengan a rescatarnos. Y eso si no lo revienta todo.

Ahora la bronca me caerá de la madre de Ramón a la que nunca expliqué la «anécdota». Si se lo explico entonces hubiera sido capaz de no dejármelo llevar nunca de viaje más lejos de Zaragoza.

Yo no sé como estará ahora regulado el Parque pero, en aquel entonces, en cuanto salías de los campamentos, poca seguridad había. Te decían que no bajaras del coche más que en las zonas habilitadas y nada más. A tu aire.

Aquella noche en la cena y, después, en la habitación, no paramos de hablar sobreexcitados. Todo el viaje había sido una película, habíamos visto a los “5 grandes”, habíamos encontrado, y nos había atacado, “nuestro” rinoceronte blanco, una bandada de elefantes había embestido nuestro lodge, habíamos comido cocodrilo y mono… ¡Qué màs se puede pedir!

Yo no he olvidado nada de aquellos viajes y es que, en realidad, yo disfrutaba siempre mucho más que él. Experimentar y sentir tantas cosas extra ordinarias con tu hijo es un privilegio impagable y ver sus caras de alegría, emoción, miedo, sorpresa y un larguísimo etcétera de sensaciones, es, sin duda, lo mejor que he vivido.

Y, con alguna cana más, y esta vez solo, aquí estoy de nuevo: Sudáfrica.

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A MI GUSTO. Los 10 mejores destinos de África.

Los 10 mejores destinos de África

África es la Gran Desconocida. Es el continente más difícil para viajar por muchas razones y, por tanto, el menos visitado. Yo no conozco ni la mitad de África. Apenas 15 países de los más de 50 que la componen.

Dejaré el número 10 en blanco porque, desde luego, volveré. De lo que he visto hasta ahora, mis destinos preferidos son estos:

 

1.- Ouarzazate (Marruecos)

2.- País Dogon (Mali)

3.- Sharm el Seik (Egipto)

4.- Parque Kruger (Sudáfrica)

5.- Monte Kenia (Kenia)

6.- Monte Kilimanjaro (Tanzania)

7.- País Bassari. (Senegal)

8.- Gurué (Mozambique)

9.- Ambalavao (Madagascar)

10.-

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Recomendaciones del mes. Octubre 2.019. Mozambique y Madagascar.

EQUIPO. – Nuevas piezas marca NF  (“No te Fijes”). Refuerzos para la sección FRIO.

TRANSPORTE. – Dificilísimo el transporte en Mozambique. Las chapas son horribles. Atiborradas, sucias, sin mantenimiento alguno, incomodísimas, kamikazes… Lo jodido es que hay muy poca alternativa.

Las barcas chapa, para ir a las islas, son una variante… acongojante. Estas no pisan suelo firme.

En Madagascar los taxi brousse son mas de lo mismo pero aquí si hay alternativas. Varias compañías como Cotisse tienen micro-buses algo mas cómodos. Siempre hay que intentar reservar el asiento de ventanilla al lado del conductor.

ALOJAMIENTO.- Un lujazo, en Isla Mozambique, el Patio dos quintalinhos, Casa do Gabriele. La piscina, con las calores que hacen en la Isla se agradece un montón.

En Pemba, el Russell’s Place, Magic Pemba Lodge, es un chollo si se consigue una cama en el dormitorio común. Buena comida en el bar.

En Ibo me gustó el Miti Miwiri. Se puede conseguir buen precio fuera de temporada.

En la capital de Madagascar, Antananarivo, Maison Lovasoa es tranquilo, agradable y a buen precio. Restaurante flojo.

El Camp Catta es un buen campamento en el valle Tsaranoro como base para hacer caminatas sencillas.

GASTRONOMIA.- En el Pemba Magic Lodge, Russell Place, se come muy rebien. El plato de “frutos de mar”, con langosta y todo, está muy bueno y el atún a la plancha más.

En Ilha Moçambique hay que ir al chiringuito Mariamo y sacudirse entre pecho y espalda un “peixe petra” con arroz y patatas fritas.

En Ibo, preguntad por unas casas de comidas llamadas Chico’s y, sobre todo Benjamin’s. Si reserváis, entrareis en verdaderas casas del pueblo, probareis comida realmente local y ahorrareis dinero porque los lodges son careros. Además, veréis Ibo de noche, absolutamente seguro, y os llevaréis imágenes impagables.

El mestizaje de las calles de Antananarivio, la capital de Madagascar, se refleja también en su gastronomía y puedes, al mediodía, comer nems coreanos y arroz cantonés y, por la noche, cenar un festín de carnes al más puro estilo argentino o brasileño o un menú con pretensiones de nouvelle cousine en un bistro de convincente aire afrancesado. Curioso el Carnivore, una experiencia. Buffete de carnes. Un hartón de carnes. Un día es un día.

En Ambalavao, Hotel Bougainvillees. Recomendado como restaurante y como alojamiento pero las habitaciones son un poco caras. Desayuno pantagruéluco. Algo mas barato, Residence Betsileo.

Dos especialidades malagaches recomendadas: Ravitoto, una especie de pesto de acelgas con carne, y Saramasu, algo así como un potaje de judías con lo que quieras. El de salchichas está muy bueno. Siempre con prudencia la primera vez.

TREKK.- Cualquier paseo por las montañas de Gorué es una gozada. Me quedé con las ganas de subir el Monte Namuli.

En Madagascar una visita a un poblado zafimaniry es un trekk bonito, barato e interesante.

PUEBLO/CIUDAD.- Antananarivo es la única capital de África oriental con encanto. Pasead sin miedo, pero ojo con los carteristas en mercados y estaciones. 

INTERNET.- En la red hay un blog, alasyviento.es, la mar de interesante como lectura viajera. Pesa mucho menos que un libro, te hace pasar el rato y da ideas. ¡Toma autobombo! 

VARIOS.- No hay. 

MENCIÓN ESPECIAL.- Benjamín, en la isla de Ibo, es un guía local que organiza excursiones por el archipiélago a buen precio. Regatead. Es una buena alternativa, más sencilla y básica, a los tours que organizan los lodges. Auténtico. 

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Madagascar (y 5) Tulear. Playas de Ifaty. El otro lado.

Ahora… playa.

Ifaty no me impresiona porque yo vivo, o vivía, en la playa que es, o era, la más bonita del Mundo. Vale, si no la más, una de las mas bonitas del Mundo, una pequeña cala en el noreste de Catalunya, en la Costa Brava, que era un auténtico vergel. Allí nos soltaban al acabar el colegio hasta que volvíamos a empezar, 3 meses después. Vivíamos en la Naturaleza como salvajillos jugando, pescando, nadando, haciendo excursiones por el bosque… He tenido una infancia maravillosa.

Me da pena cuando ahora veo a los niños en bicicleta con más protecciones que un gladiador romano, seguidos a pocos pasos de su mamá angustiada por el peligro que está corriendo el principito. A la mía yo la veía para comer y cenar… a veces. Y mira que hacíamos animaladas. No acababa un verano con el cuerpo entero. Pero eso es otra historia.

Hoy esa playa, Sa Riera, Begur, sigue siendo bonita, pero ya no es un paraíso. En el mar ya hay muy poca vida y el bosque ha sido diezmado por una voracidad urbanística descerebradamente avariciosa. Y no es una excepción porque veo que pasa en todo el Mundo. Tenemos el dudosísimo honor de ser la primera generación en la Historia que lega a sus hijos un Mundo peor que el que recibimos de nuestros padres.

¿Culpables? Desde luego algunos políticos y empresarios deberían ser crucificados en las plazas de los pueblos y ciudades por ladrones a mano armada y bolsillo lleno, pero culpables somos todos. Unos más y otros menos, unos por acción y otros por omisión, unos por negligencia y otros por mala fé, pero todos somos culpables y, en el fondo o en la superficie, todos lo sabemos.

¿Qué vamos a hacer al respecto?

Se supone que el microbus, que sale de Antananarivo hacia Tulear, nos recogerá en el hotel de Ambositra a las 8 de la tarde. Aparece a las 11.45. Normal. Nos quedan por delante mas de 500 km de carretera africana. El conductor nos ameniza la velada con una radionovela malgache que me taladra el cerebro, pero la noche pasa. Por la mañana ya me cabreo y le digo al conductor que ponga música. ¡Y lo hace! Es curioso pero, si el blanco no tiene miedo y se pone serio, aquí todavía hacen caso. Por lo menos si no va vestido de turista bwana, no va haciendo ostentaciones de riqueza, no calza Adidas con calcetines blancos y no se pone tonto fotografiando todo lo que se menea y lo que no se menea. 

Con la música cambia el ambiente y, aunque el viaje es pesado como una losa, disfrutamos de las vistas de montañas, estepas, llanuras, baobabs… Paradas en típicos míseros pueblos de carretera para desayunar, comer e ir dejando pasajeros y a las 17.30 llegamos a Tulear. De ahí un coche hasta el hotel de Ifaty mientras se pone el sol.

Tulear lo pisamos unicamente para ver que está abarrotado de pousse pousse, pero estos con pedales, supongo que la versión «humanizada» de los vistos hasta ahora.

En el alojamiento de Ifaty me he gastado las pelas. Ninguna barbaridad, pero me apetecía darnos un lujo. Han sido casi 18 horas de viaje por el África mas real y ahora nos regalamos un par de días del África que, convenientemente limpita, potabilizada y empaquetada, con cajita y lacito, se compra relativamente barata como objeto de consumo occidental para conocer la Naturaleza africana sin agobios. Es meterme en «El otro lado» de lo que he vivido hasta ahora. Nada espectacular, solo un resort sin agresividad con el medio, una habitación chula, piscinita, primera linea de mar, restaurante con los pies en la arena…

Ifati es, por lo que veo, lo ya visto: poblados de chozas enclavados en la arena, cerca de la carretera, y resorts mas o menos lujosillos a pie de playa para el turismo. 

Nuestro día empieza con una delicatessen de desayuno con mermelada, miel de baobab, polvo de chocolate, creps, zumo y ensalada de frutas, y nos vamos a hacer snorkeling al Massif des Roses, una zona marítima protegida.

El snorkeling resulta agradable, con una bonita masa coralina aunque poca vida. Me explican que los chinos ponen con grandes barcos redes tupidas de 15 km de largo en el Canal de Mozambique y están acabando con todo. Lo dicho:  «En todos lados cuecen habas y, en algunos, a calderadas»

Sea como sea, encontramos un pescador local que se ha montado una cocina detrás de unas chozas y… ¡Bingo! Langosta y pescado a la barbacoa. Un dia es un dia, Éste se acaba con sesiòn de piscina y remoloneo general.

Y para rematar la faena, al día siguiente una visita a la Reserva Natural de Reinala para ver baobabs, tortugas y lemures y un avión de vuelta a Tana.

A pesar de que, para mi gusto, hay un poco demasiado de sobrepeso de carne rusa y de francés más que madurito, incluso un poco podridito, con jovencita negra enamorada del amor, desde luego he disfrutado mucho de nuestro regalo en «El otro lado». La vida es una caminata de cuatro pasos y, por suerte, un montòn de suerte, nos podemos permitir quitarnos las botas apretadas de vez en cuando, con prudencia y agradecimiento. Por si alguien lo creía, mi conciencia social y ecológica no significa que sea partidario del autoflagelamiento. Vivo sencillo porque así soy feliz, no porque mis convicciones me obliguen al cilicio vital para hacerme perdonar mi condición de privilegio en el Mundo. Y mucho más si estos momentos los puedo compartir con personas a las que quiero, como es el caso.

Estos días con mi hijo han resultado un viaje completo a pesar de que solo teniamos 10 días, 8 en realidad si quitamos la ida y vuelta en avión. Hemos visto ciudad, la capital, montaña y playa, hemos hecho trekking y snorkling, hemos viajado por tierra, mar y aire, hemos visto lemures, tortugas y camaleones, hemos probado gastronomía local e internacional, hemos vivido algo mas que un poco del África descarnada que horroriza al blanco y algo del África maquillada que le seduce…

Me he convertido, de tanto viajar, en una Agencia de Viajes con patas. Este “tour” que he inventado para los dos podría llamarse “Madagascar express”. Hemos tenido además tiempo para conversar y ponernos al día de nuestras vidas, circunstancias, proyectos y pensamientos,…

Desde luego ha sido muy corto, muy, muy cortito. Ramón ahora vuelve a casa y yo sigo hacia mi última etapa en el continente negro: Sudáfrica.

No voy a ponerme triste, no voy a pensar ni escribir nada mas… Hasta la próxima hijo. Se feliz. Es una orden. 

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