Fíjate, me han hecho una entrevista guay.
Cuando te entrevistan y lees, a veces parece que el periodista en cuestión se ha quedado con tópicos y frases que dan para titulares pero no te reconoces. En este caso, no te digo que me he gustado, porque ya son demasiados años conmigo mismo, el amor que sentía al principio se ha ido perdiendo y ya solo me queda por mi un sentido de compañerismo, cierto cariño, comprensión y aceptación. Pero leyendo ésta sí me da, porque no decirlo, una sensación de resumido reconocimiento y pelín de orgullo. Estoy donde estoy y no me siento mal.
Nunca he sido un tipo fácil, eso no, quizás ni siquiera muy, muy agradable, pero como dice el artículo, mi hermana me enseñó, y siempre me ha machacado, que las cosas hay que hacerlas con cariño y eso es lo “esencial de lo esencial”. Es cierto que el día que te despiertas feliz siempre encontrarás un imbécil que te quitará el gusto, y que, por más que quieras amar a todo el mundo, varios, si no muchos, se empeñarán y conseguirán quitarte las buenas intenciones, pero, como digo en la entrevista, el cariño es un arma de construcción masiva.
Hablan cariñosamente de “mi obra”, la colección de mascaras, de mi vida a rasgos, de mis sentimientos y sensaciones… Y no me caigo mal. A lo peor alguien lo lee y sí me pilla manía, pero que se le va a hacer. Para gustos los colores y quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Yo estoy en paz.
Y, además, en la foto llevo una de mis dos camisas de manga larga, bien limpito y planchadito y, no es por decirlo, pero nótese que, como decía siempre mi abuela, estoy más guapo que todas las cosas.
Aquí está:









