CHIPARUS (Ciprés)
Autor: Șerban Terțiu
Material:
Cuero y lana y pelo de oveja (145)
Madera y cuero, lana y pelo de oveja (146)
2.024, Nereju, Rumanía (EUROPA)
Estas son máscaras utilizadas en una danza fúnebre popular de la comuna de Nereju (Vrancea). Representa un elemento importante en la cultura rumana, aunque hoy día la costumbre ya no se conserva en su forma genuina de velatorio, apoyo a la familia y ayuda a la transmutación a otro Mundo.
Las máscaras más antiguas se hacían de piel de oveja con una técnica más sencilla raspando al cuero parte del pelo para sugerir una cara humana, cosiéndole una nariz, recortando los ojos y añadiendo los bigotes hechos de pelo. Posteriormente también se comenzaron a usar máscaras de madera policromada e incluyen cuernos de hueso o igualmente madera.
Este ritual funerario, único en Europa, se practicaba desde la época pre-cristiana y consistía en realizar una danza frente a la casa del difunto y una invocación. Doce hombres enmascarados y atados con una cuerda, quizás la cadena de la vida, danzaban alrededor de un fuego y saltaban sobre él para ahuyentar los espíritus malignos y como símbolo de la purificación del alma del difunto.
Los bailarines representan a los ancestros que vuelven para llevarse con ellos el alma del fallecido. Al cambiar bruscamente de dirección del baile, algunos de los bailarines perdían el equilibrio y caían divirtiendo al público. Bromas y travesuras, en este contexto, representaban una forma de alejar la muerte y evitar sufrimiento a los familiares. En la actualidad, este ritual ya no está en consonancia con la moral y el comportamiento habitual en el ámbito funerario por lo que la comunidad ya no suele practicar el baile del Chipăruș, aunque lo conserva como un valor cultural muy apreciado y se practica como práctica folclórica.
Según la tradición el Chiparus se llevaba a cabo exclusivamente en los velatorios de personas mayores cuya muerte se considera un acontecimiento natural, mientras habían otras prácticas especiales para funerales de jóvenes que requieren un dramatismo particular y un comportamiento más sobrio.
El artesano mascarero Șerban Terțiu en el 2.018 fue reconocido como ‘Tesoro Humano Vivo’ por la Comisión Nacional para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO del Ministerio de Cultura rumano. Fabrica máscaras de cuero y madera, como aprendió de su padre Pavel Terțiu, también muy reconocido en el país.













